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Sueño Conmovedor

Sueño Conmovedor
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Por Antonio Pippo  

La otra noche tuve un sueño conmovedor, probablemente sugerido por la profunda impresión que me han causado actitudes y declaraciones recientes del protagonista principal de lo soñado.

Marcelo Abdala, camisa importada arremangada, lentes negros Calvin Klein (falsos, comprados en Caracas), impulsa con un solo remo -boga que te boga a un lado y otro- una pequeña y vieja embarcación de madera que luce, en un costado, la inscripción “Botebolche”. Al rayo del ardiente sol transpira como el pizzero del “Manchester” a las dos de la tarde, tapando su calva testa con un sombrero rojo que también lleva una leyenda, “A la búsqueda de la utopía perdida”, y que tiene una curiosa forma de urinario portátil (léase pelela, dejémonos de joder), lo que revela su practicidad para múltiples menesteres.

Ni le está reventando la vejiga de ganas de mear, ni siente que se defeca encima. Pero la terrible ansiedad que lo carcome tiene que ver con el cansancio, con la posibilidad de hallar una islita con vegetación para descansar. No lo atemoriza lo que encuentre, y menos si son animales salvajes; ¡de qué se va a asustar si leyó “El capital” y es amigo del gaucho payador y de Maduro!

De pronto, ya exhausto, divisa un grupo de islas muy pequeñas, separadas por unos cientos de metros. En la primera a la que se aproxima, llena de plátanos, advierte a alguien haciéndole señas: se pone la mano sobre la frente, como visera para ver mejor, y el terror se refleja en su rostro. Es Fabiana Goyeneche, en trapos menores y los restos de una fogata.

Se arrima, pero no demasiado; piensa que una cosa son pirañas, cocodrilos o gorilas y otra esta mina: -¿Qué hacés ahí?

-¡Que suerte que llegaste! Mirá, iba a la búsqueda de la utopía y me trajeron engañada unos colibríes… ¡Esos guachos son tan pícaros! Ay… ¡no sabés las que pasé! Decí que se fueron, nadando como locos, cuando llegó ésta, arriba de un tronco…

Señala hacia atrás. Marcelito presta atención y ve ¡a Constanza Moreira, mojada y sólo tapada por unas hojas de plátanos! Creyó que sufriría un accidente vascular.

La princesa de los colibríes insistió: -Menos mal que llegaste a llevarnos…

-¿Llevarlas…? Hummm… Che… ¿quedan bananas?

-No… Me las comí todas yo… A la flaca la tengo a yuyos… ¿Quién le iba a tirar una?

-Bué… Espérenme a la vuelta. Primero veré si llego a destino. ¿Hay alguien en las otras islas?

-Mirá… En una está Alvarito García, con murga y todo; a Carolina no la vi: tendría turno en el canal. Los tiraron del avión del Taba, el multipropósito. De algunas otras nos llegaron botellas lanzadas al mar por el Pacha, por el Oso Andrade y… bueno, esta no sé bien… El mensaje dice “Del Gordo y de Blanquita, con amor”…

Marcelito ni se despide. Entra a darle al remo como loco, renovadas milagrosamente sus energías: no había contado con tanta competencia y tan ecléctica.

Cuando pasa por la última isla, escucha unos gritos roncos y amenazadores: -Así que estás buscando la utopía, eh… ¡Vení, gestor del plan de viviendas, embajador uruguayo en Venezuela, comunista perfumado! ¡Vení, que yo te muestro la utopía que buscás! ¡¡¡Ésta, la utopía!!!

Marcelito, mientras mete remo a lo bobo, estilo Lorier, alcanza a divisar la voluminosa figura de Richard Read lanzándose al agua y nadando como Jhonny Weissmuller hacia él. Se le erizan hasta los pelos que rodean su ano (puede decirse culo, pero, yo qué sé, me da pudor), que se frunce en un movimiento instintivo; una cosa son animales salvajes y otra un extraterrestre. Y mientras el tiburón galáctico avanza y se le aproxima, observa que al “Botebolche” se le ha abierto una grieta y comienza a llenarse de agua demasiado rápido.

-¡Ah, no, no puedo tener tan mala liga! ¡Ni que fuera hincha de Sud América! Pará, Richard, pará, yo te puedo explicar, yo… (glug, glug, glug…)

¿Y sabe qué, lector? ¡La puta que lo parió!

¡Justo ahí me desperté!

Antonio Pippo

Tiene 58 años de trabajo en el periodismo. Ha trabajado en todos los canales de TV del país, abiertos y por cable, menos VTV; ha trabajado en casi todos los diarios, semanarios y revistas (los que se han editado y los que aún se editan en el país); ha trabajado como columnista en varias radios. Ha sido docente de comunicación en la Universidad  ORT. Ha publicado seis libros. Ha dictado charlas y conferencias en la capital y diversas ciudades del interior sobre temas de periodismo. Fue productor general y co protagonista de un espectáculo de tango que se presentó en el país durante diez años, cerrando ese extenso ciclo el año pasado.