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Si te olvidara, oh! Jerusalem.. por Ernesto Kreimerman

Si te olvidara, oh! Jerusalem.. por Ernesto Kreimerman
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El anuncio del presidente Donald Trump de trasladar la sede de la embajada de su país a Jerusalem ha provocado innúmeras reacciones a lo largo del planeta, algunos significativos silencios y bastante ruido. No obstante ello, no es menos cierto que la dimensión de esas reacciones fueron de menor dimensión a las imaginadas.

 

 

Decir que Trump sorprendió al mundo con el anuncio no se corresponde con la realidad; formaba parte de su discurso electoral. Basta leerse los discursos de campaña, las decenas de falsas entrevistas y los centenares de twitters que el candidato publicó. Y, también, tomárselos enserio. Irresponsables todos los que se mofaron del candidato que lo tomaron por tonto y bocón. Trump es muchas cosas (básico, prepotente, errático) pero tonto, no. Sobre todo, es un individuo de metas. Su convicción está en las metas. No es un personaje sofisticado de la academia. Nada de eso. Se trata de un hombre de negocios, del marketing, de la presión, y de la venta, al que hay que aprender a decodificar y tomarlo enserio.

Hay una advertencia primera al lector: para asuntos de esta larga y compleja historia, hay que rescatar la continuidad histórica de los temas de análisis, en particular, la de estos asuntos tan complejos, tan llenos de episodios de negociación, de tan larga historia y de profundo y amplio sentido espiritual, con lo que ello lleva implícito.

La decisión de Estados Unidos de trasladar la sede de su embajada a Jerusalem data del año 1995. Fue una decisión del Congreso. Pero desde entonces hasta ahora, los sucesivos presidentes fueron semestralmente aplazando el traslado de la sede. Clinton, Bush y Obama fueron postergando la mudanza de la embajada, argumentando razones de seguridad nacional. El propio Trump, por otras razones, lo hizo a poco de asumir. Según Trump la tardanza fue porque les “faltó valentía”. Y brevemente, como es su estilo, argumentó: “tras más de dos décadas no estamos cerca de ningún acuerdo de paz duradero. Sería falso admitir que repetir esa fórmula sería mejor”.

Otros componentes de la realidad

A comienzos de año, Trump logró resultados comerciales importantes en Medio Oriente. Por ejemplo, la publicitada venta de armas a Arabia Saudita por unos US$ 110.000 millones que incluye tanques, aviones de combate, barcos de guerra y misiles de última generación. Una venta estratégica: Arabia Saudita ha sido, detrás de India, el segundo mayor importador de armas del mundo entre los años 2012/2016, con un alza del 212% respecto al período 2007-11. Y EE.UU. fue el mayor exportador de armas en ese período pese a que durante la presidencia de Obama el propio Barak impuso restricciones, las que no renovó Trump.

Parecido pasa con Qatar, un importante importador de armamentos: sus compras se incrementaron 245%. En la misma gira, Trump logró un acuerdo por US$ 12.000 millones, por la venta de 36 aviones de combate F-15.

Y en eso llegó Putin…

Trump no sólo no innovó, sino que cumplió “valiente” una promesa electoral, algo muy loable. El anuncio tiene un componente de oportunidad: Putin, Irak y Siria anunciaban el “fin y triunfo de la guerra” con los jihadistas del Estado Islámico. Irak informó que sus militares controlan completamente la frontera iraquí-siria. Desde 2014, y durante tres años y medio, con apoyo de una coalición internacional, se libró una guerra muy dura, con miles de muertos, 3 millones de desplazados y la pérdida de cientos de millones de dólares, además de parte de sitios declarados patrimonio de la humanidad.

Pero hay otro conflicto en la región que habría finalizado: la victoria de Bachar el Asad sobre “los terroristas”. Por tal motivo, el día 10 de diciembre Putin se instaló en la región para marcar presencia. De camino a Egipto y Turquía, hizo una “improvisada” escala en la base aérea de Hamimim donde se reunió con el presidente sirio, y se advirtió que “si los terroristas vuelven a levantar cabeza, serán golpeados con una fuerza sin precedentes”.  Anunció el retiro de una parte significativa de formaciones rusas. Rusia opera, tanto en esa base aérea como en el puerto de Tartus.

Putin ha logrado, además de la victoria militar, y por tanto adueñarse del discurso antiterrorista, que la oposición más radical se agrupase con sectores apadrinados por Rusia. También Putin acordó la venta de aviones de combates y helicópteros con Egipto. También le vendió misiles antiaéreos a Turquía. Con estos acuerdos, Putin refuerza la alianza e intenta  superar el mal trago que significó la autorización turca para la instalación del radar de Kürecik desde donde la Otan observa parte de Irán… algo estratégico. Ya Turquía ha amenazado con desactivarlo cuando pretendió Estados Unidos marcarle agenda. Para Israel, perder la información que proporciona este radar afectaría, según expertos de la Otan, buena parte del sistema de alerta temprana.

La(s) reacción(es)

Actitudes cómo éstas se deben a que Trump se ha aprovechado de la pacatería del universo diplomático. Trump no ignora esos códigos, simplemente no los considera. No valora las artes de la diplomacia prudente, sino las tácticas sorpresivas de quien busca desacomodar a su contraparte para obligarlo a salir de zona de confort, sin especular en las consecuencias. Cuidando los detalles, antes del anuncio Trump hizo cinco llamadas: al primer ministro, Benjamin Netanyahu; al presidente de la ANP, Mahmud Abás; al rey Abdalá II de Jordania; al presidente de Egipto, Abdelfatah Al Sisi; y al rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdelaziz. Todos se enteraron antes por él del asunto de la mudanza.

El anuncio ha desacomodado e irritado a muchos. Pero devolvió a Estados Unidos al centro del protagonismo. Europa sintió el cimbronazo y quedó dos veces a la defensiva: con este anuncio, y con el “anuncio del anuncio” de un plan inmediato de paz que, dijo Trump, presentará en breve. Y las Naciones Unidas reaccionó con previsibilidad. Aunque no nos guste, recordemos que esta es otra muestra de lo poco que le importa a Trump ese escenario.

Trump es muchas cosas, pero tonto precisamente no. Sabe muy bien que esto no resuelve nada pero uno podría asumir que él piensa que tampoco la empeora sino que causa revuelo y le reposiciona por el simple hecho de haber realizado una movida que, aunque anunciada, la mayoría creía que no se concretaría. Desde entonces, ya no es lo mismo: varios pasaron a la defensiva, entre ellos Europa. Trump no es Obama, y Europa sabe que será frontal. El próximo paso, si lo da, pondría a Estados Unidos en un rol relevante para definir, dándole, desde su óptica, equilibrio a las partes.

Tengamos claro que Jerusalém es la centralidad del universo judío. Más allá de lo religioso, Jerusalem es especial. Desde niño, todo judío ató su corazón a Jerusalem, cuando una y otra vez repitió el salmo 137…. “Si te olvidare, Jerusalem…. si no he de traer a la mente a Jerusalén durante mi mayor alegría!”.

Esta movida unilateral de Trump no hace al tema de fondo pero hace a la sensibilidad judía. La hace por sí pero antes se la confió a cinco líderes a los que, posiblemente, habrá de involucrar en su siguiente movida que será, seguramente, de nuevo, unilateral y directa. Fiel a su estilo.

Aquí hay una larga historia, diversidad de sensibilidades, gentes que se desvive por la paz y gentes que son sencillamente un escollo. Hay ciertos consensos en la comunidad internacional pero que tampoco han prosperado. Hay dudas de unos, hay resistencias de otros. Las buenas intenciones, la hostilidad y los fracasos. El terrorismo, el magnicidio. Todo esto es parte de esta historia. No es menos cierto que hay cierto agotamiento, una cuota grande de decepción acumulada.

No hay solución posible si no se involucra a la sociedad civil. Y no habrá garantías de paz y distensión si no se suma a la comunidad internacional. La reacción internacional, incluída la del mundo árabe, no parece haber desanimado a Trump. Posiblemente en unos días, volverá vía twitter a sorprender con una fórmula para la cual, fiel a su estilo, reclamará una respuesta binaria.

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