Home Música “Con total honestidad, toco lo que me da la gana” por Mauricio Rodríguez
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“Con total honestidad, toco lo que me da la gana” por Mauricio Rodríguez

“Con total honestidad, toco lo que me da la gana” por Mauricio Rodríguez
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Este sábado 21 de octubre Popo Romano festeja sus 45 años de carrera (y 60 de edad). Dará un único show en la Sala Hugo Balzo del Auditorio del Sodre en un espectáculo titulado ¨Esencia”. El músico, que fuera declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo en 2015, contó a Voces cómo fue su camino en la música y cómo lo encuentra esta celebración.

Resultaría imposible detallar en una nota la trayectoria de Popo Romano. Pero puestos ante ese desafío, debería decirse que comenzó en 1975 su actividad profesional en el grupo “Los Campos”, donde tocó en todo Uruguay y grabó cinco discos simples y dos L.P.  En 1977 fundó los legendarios “Quo Vadis” y grabó con ellos dos L.P. Estudió orquestación con el maestro uruguayo Federico García Vigil y a partir de 1982 su trabajo se diversificó. Actuó y grabó en Uruguay y en el extranjero con destacados músicos y grupos como Eduardo Mateo, Alfredo Zitarrosa, Leo Maslíah, Hugo Fattoruso, Jorge Drexler, José Pedro Beledo, Alberto Magnone, Rubén Rada y Malena Muyala. Integró Repique, la legendaria banda que acompañó a Jaime Roos durante varios años. Recibió varias distinciones como bajista y en 1995 estuvo de gira por Suecia y actuó en Brasil y Argentina con Rada, Osvaldo Fattoruso y Mariana Ingold, entre otros. Como contrabajista integró la Orquesta del Sodre, la Banda Sinfónica y la Orquesta Filarmónica de Montevideo. En 2000 comenzó su carrera solista. Ha editado varios discos, es docente a nivel público y privado y se ha vinculado la secretaría general de la Sociedad Uruguaya de Intérpretes, la presidencia del Fondo Nacional de Música y la coordinación del Área de Música de la Dirección Nacional de Cultura.

Después de tantos años en el trillo, ¿qué ves, si mirás para atrás, en este mojón de tu carrera artística?

Bueno, las imágenes pasan rapidísimo, y al mismo tiempo parece que fue ayer nomás. Pero el recuerdo que tengo es de un niño empezando con todo esto, el entusiasmo, el nervio, la alegría que me daba al estudiar y al empezar a ensayar. Hoy sigo sintiendo lo mismo.

¿Cómo surge la inclinación por el bajo? Porque generalmente cuando uno comenzaba música, quizás lo clásico era la guitarra…

Es un instrumento más sociable la guitarra. Vos pensá que yo cumplí 60 años, era otro país, otra forma de pensar, y mandar a tu hijo o hija a estudiar guitarra o piano era de las cosas relativamente frecuentes de la clase media trabajadora del país. Empecé, como todos, estudiando guitarra con una profesora de barrio Y llego al bajo medio de casualidad. Habíamos formado un grupo donde eran tres guitarras, con mi hermano Miguel en batería. Yo vendría a ser el primer guitarrista porque tenía un poco más de conocimiento que los otros dos. Empezamos a tocar en cumpleaños de 15 y ahí consigo un bajo prestado, que yo no tenía mucha idea cómo era, y desde entonces dediqué mi vida al instrumento.

En ese largo camino, ¿recordás algún consejo, en esa primera etapa, que mirado desde el hoy fue importante para desarrollarte?

Toda mi vida fue de aprendizaje, he aprendido de todos los individuos con los que tuve la fortuna y el agradecimiento de compartir escenario. Nosotros estamos rindiendo examen cada vez que nos subimos a un escenario, entonces la búsqueda de la mejora, el estudiar, el dedicarle tiempo y horas, es una cosa natural en nosotros. Pero si tengo que hacer memoria tengo el recuerdo de (Eduardo) Mateo en los ensayos cuando yo siendo tan rockero, súper prolijo, tenía las cuerdas nuevas y el bajo última generación de cinco cuerdas. Era muy estudioso también y preocupado por la digitación y la técnica. Estaba ensayando con Mateo y no le convencía al tipo, y yo me quemaba la cabeza tratando de descubrir qué era lo que pasaba. Y después de pasar varias veces los temas entrábamos en esa cosa como de meditación, como “apagar el cerebro” y conectarnos mucho más con los sonidos. Y ahí el loco percibía que sí estábamos todos en esa frecuencia y ahí si se sentía satisfecho con el resultado de la interpretación. Y fue confirmar que más allá de la cuerda, el bajo que uses, el dinero invertido y las corcheas, la negra con punto; lo más importante es tocar con el corazón. Y eso era a donde te llevaba laburar con Mateo.

Decías recién que eras un tipo estudioso, ¿cómo ha sido ese camino, el camino propio?

Me gusta investigar, no me quedo ni conforme ni satisfecho ni con mi interpretación ni con las cosas que tengo. Es una característica bastante frecuente en el ser humano, ¿no? Y eso me lleva a estar investigando siempre. Es muy divertido porque por ejemplo yo me encuentro con Francisco Fattoruso y estamos hablando de cuerdas y no tanto de música. Hay como una fascinación con ese lado material de la profesión nuestra. Lo nuestro implica sacrificio en dedicación de horas pero es muy disfrutable aprender más, mejorar y no estar conforme con uno mismo. Si bien hoy hay más información, tiene la misma dificultad que para cualquier individuo, es muy difícil y más en este país chiquitito. Entonces tener el reconocimiento por lo que hago y que de repente no siendo tan popular como pueden ser otros colegas, por la música que hago y el instrumento que ejecuto, es muy halagador. Que se me identifique por el sonido y por la forma de tocar.

Decías que Uruguay es un país difícil para hacer música, pero igualmente se hace. ¿En qué ha cambiado en general hacer música?

Ha cambiado muchísimo, se ha profesionalizado muchísimo. Lamentablemente no por el reconocimiento de nosotros, porque es muy difícil para nosotros darle jerarquía y valor a algo que lo tenemos al lado o a un tipo que se toma el ómnibus para ir a laburar en la misma parada que vos. Estamos mucho más acostumbrados a que la gente exitosa o los que triunfan tienen isla en Grecia o andan en Ferrari y son inaccesibles para la gente. Entonces es difícil para vos que hiciste el liceo con él y te lo encontrás en La Pasiva o en el Estadio, que lo consideres como un tipo talentoso o calificarlo alto. Es una característica nuestra. Pero ha cambiado mucho el país: los éxitos de Drexler con el Oscar, la salida de No Te Va a Gustar, los éxitos del Cuarteto de Nos; el reconocimiento exterior. El artista nacional hace que digamos: “bueno, pero entonces deben tocar bien, tiene que ser bueno lo que hacen” Y ha cambiado políticamente el país. La política cultural ha tenido un vuelco grandísimo hoy. Nos retiramos con derechos y hay cosas para mejorar pero hay una cantidad de lugares donde uno puede ir a golpear o fondos donde hay un apoyo que antes no existían. Y los medios han cambiado también, la apertura ha sido muy grande. No por un descubrimiento de los medios, sino por el reconocimiento que esos artistas han adquirido afuera. Entonces los medios acompañan, comparten eso.

¿Qué es lo que vas a mostrar de tu largo camino en la música en este festejo en la Sala Hugo Balzo?

La gente que ha ido a mis conciertos ya tiene una idea de cuál es mi perfil y qué es lo que yo hago, que es compartir el viaje en que me he metido, ya hace 45 años de mi vida. Obviamente que yo toco para mí, hago las cosas que a mí me gustan y puede sonar un poco irrespetuoso pero yo toco lo que me da la gana, dicho así con total honestidad. No tengo que estar rindiéndole culto a nadie más que a mí mismo y además tengo esa suerte y la gente acompaña, va, me siento un afortunado. Van a haber temas nuevos, temas de mis cuatro discos e invitados. Es esa sensación de decirles si me acompañan a ser parte del viaje que me ha llevado a ser un bajista y en Uruguay.