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Un cine que mira al fenómeno literario

Un cine que mira al fenómeno literario
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Coinciden en cartelera dos films que abordan el universo literario, aunque lo hacen en forma diferente: uno adopta un tono realista, mientras que el otro utiliza los caminos de la fábula. Conviene reparar en ellos, porque parecen un oasis dentro de una cartelera comercial invadida por superhéroes descerebrados y otras tonterías.

 

CERTERA REALIDAD.

 

El atelier (L’Atelier), Francia 2017. Dirección: Laurent Cantet. Libreto: el mismo y Robin Campillo. Fotografía: Pierre Milon. Música: Edouard Pons y Bedis Tir. Con: Marina Fois, Matthieu Lucci, Florian Beaujean, Mamadou Doumbia. Estreno: 17 de mayo. Calificación: Buena.

 

Parece fácil vincular El atelier con una película anterior de Laurent Cantet, Entre los muros (que está en Youtube con el título La clase), porque ambas comparten un marco similar de discusión entre un docente y sus alumnos, jóvenes multiétnicos procedentes de capas sociales y creencias religiosas diversas. Pero ahora Cantet no combina ficción y documental como en aquel film, sino que se embarca en un relato de factura clásica. Para que su mensaje de urgencia y universalidad sea entendido a la perfección se atiene a la regla básica de las tres unidades: todo ocurre en un taller de escritura de novelas policiales impartido en verano por una famosa novelista en La Ciotat, bello lugar del sur de Francia donde en 1895 nació el cine, cuando el tren llegó a la estación.

El curso lo reciben jóvenes muy diferentes entre sí, y por razones disímiles. A partir de esa premisa, Cantet y su colibretista Robin Campillo (de quien en breve se estrenará 120 pulsaciones por minuto, ganadora en Cannes 2017) desarrollan varias cuestiones de suma importancia, como son la posición moral del autor ante su obra, la ambigua relación existente entre realidad y ficción, y la importancia del espíritu crítico, ya que cuando se pierde (como en la actualidad, donde no todo lo que parece certeza lo es), afecta rudamente al mundo en que vivimos. Por eso a medida que avanza la historia entendemos que el hipotético asesinato que los jóvenes deberán desarrollar y resolver en el cuento de fin de curso no es más que una proyección simbólica pero muy exacta del asesinato del espíritu crítico. Y también por eso, a medida que avanza la narración, surgen divisiones y oposiciones serias en el grupo. Mediante ellas en forma simbólica Cantet y Campillo señalan al espectador que por más aspiraciones nobles que tengamos, en la actualidad parecemos incapacitados para entendernos mutuamente, porque no sabemos hallar un terreno común que nos permita analizar el pasado, corregir los errores y comunicarnos por encima de nuestras humanas diferencias.

En ese esquema, desde el inicio nos percatamos que las voces de los jóvenes serán fundamentales para que Cantet y Campillo señalen los prejuicios raciales y sociales que parecen enfermar a la sociedad francesa actual, con el rebrote de xenofobia surgido a partir de los atentados en París. Pero hay una enorme diferencia entre Cantet y cineastas como Ken Loach o Costa-Gavras, que también analizan la política y la sociedad. Tanto el británico como el griego declaran sus posiciones sin matices, mientras que el francés realiza su cine desde la ambigüedad, sin enfocar al héroe, sino apuntando directamente al antihéroe en lucha contra sus dudas ideológicas. El personaje fundamental del film es un alumno que al principio parece dócil, aunque luego resulte altamente perturbador, llegando a enfrentarse con los compañeros e incluso con la docente, y revelando una personalidad aislada, negativa y egoísta. A su vez, en una suerte de pirueta macabra, Cantet dedica varias escenas a mostrar que ese chico parece ser el único verdaderamente talentoso del grupo. El director no empatiza con él, por supuesto, pero lanza al cinéfilo una hipótesis que podría explicar su desequilibrio emocional y, por elevación, el de toda la juventud de hoy: la influencia de Youtube, los videogames violentos y la propaganda política de los grupos de ultraderecha estarían impactando severamente a los jóvenes, provocándoles un vacío existencial que los torna muy peligrosos ante la sociedad, pero altamente manejables para los sectores que aspiran al nuevo poder.

Lamentablemente el enorme potencial de ese tema, que el film maneja con claridad narrativa y hondura conceptual, deriva en media hora final jugada en tono de thriller, lo cual facilita su comercialización pero fuerza y afea episodios que debieron ser resueltos con más detenimiento y elegancia. El atelier es una gran mejoría respecto a dos labores anteriores de Cantet no vistas en Uruguay (Foxfire, Regreso a Ithaca), pero se ubica un escalón debajo de Recursos humanos, El empleo del tiempo y Entre los muros, que siguen siendo sus obras mayores.

 

DELICADA FÁBULA.

 

La librería (The Bookshop), Gran Bretaña/España/Alemania 2017. Dirección y libreto: Isabel Coixet basada en novela de Penelope Fitzgerald. Fotografía: Jean-Claude Larrieu. Música: Alfonso de Vilallonga. Con: Emily Mortimer, Bill Nighy, Patricia Clarkson, Honor Kneafsey. Estreno: 17 de mayo. Calificación: Buena.

 

Clásica y delicada, la fábula que cuenta La librería no es para todos porque lanza un fuerte mensaje sobre el poder del libro y el pánico mezquino que se acuna y ataca desde la ignorancia. En los años 50 Florence (Emily Mortimer) se instala en un pequeño pueblo costero británico, donde todos se saludan amablemente para a continuación hablar mal unos de otros. El sueño de Florence es abrir una librería en una abandonada casona del centro del lugar. Lo que no tiene en cuenta es que eso va a irritar mucho a Violet Gamar (Patricia Clarkson), la mujer más rica del pueblo y, debido a ello, dueña del destino final de sus habitantes. Esa arpía hará todo lo posible por destruir el sueño de la protagonista. Con ese material, el mensaje de La librería parece claro. Por un lado señala el abuso de poder de los ricos, y su terror y barbarie frente a todo lo diferente. Por otra parte sostiene una idea muy compartible: la sociedad biempensante se encarga de frenar la fuerza cultural y evolutiva del libro, que puede resultar demasiado poderosa como para dejar que se desarrolle.

Si algo caracteriza a los mejores films de Isabel Coixet (La elegida, La vida secreta de las palabras) es su exquisita sensibilidad. El satinado nivel interpretativo de sus dos mujeres (pero también de Bill Nighy y la niña Honor Kneafsey), la melancólica banda sonora, la voz en off aterciopelada, la gélida fotografía de paisajes aislados y nubosos, el leve humor inglés que súbitamente desemboca en el sarcasmo o el cinismo, todo eso desarrolla una atmósfera nostálgica pero muy lúcida, como si la vieja Comedia Ealing se reciclara y aterrizara en el siglo 21. Aquí nada ni nadie se evade de una compostura perfecta, acorde al carácter de Florence, que al inicio parece torpe pero que de a poco va revelando dulzura, comprensión y enorme determinación. Florence simboliza el cambio mediante el conocimiento, frente al poder implacable del dinero y el estatus social.

El cinéfilo que además sea lector de libros y ratón de biblioteca tendrá en el film un plus, que tiene que ver con el gusto de Coixet por su atención al detalle, en la forma en que Florence gira las páginas de las novelas o les quita el polvo de encima. La librería devuelve a la lectura sus ritos ancestrales, mientras retrata un pequeño acto de heroísmo en un tiempo y lugar en que el chismerío es un arma de doble filo. Algo que, después de todo, reina como nunca en los Facebook y Twitter de hoy.

Amilcar Nochetti Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro "Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria" (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, "Seis rostros para matar: una historia de James Bond".