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Un cuerpo desobediente, una vida revolucionaria

Un cuerpo desobediente, una vida revolucionaria
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Si bien se puede pensar que “Rosa Luxemburgo, un cuerpo junto al río Spree” forma un díptico con “Simone, mujer partida”, el trabajo escénico de María Dodera sobre la figura de la mujer comienza antes del estreno, en 2017, de la obra sobre Simone de Beauvoir. En el 2015 con “Las mujeres de Shakespeare” la directora comenzó una investigación que continuó en el 2016 con “Burlesque, las mujeres de Cervantes” en el que, según sus palabras: “quería mostrar la potencia de una Lady Macbeth, de una Desdémona, sacadas de los libros, y cómo esas mujeres también se revelaban contra la historia, y en definitiva había en el hoy una identificación con esa presencia fuerte”. De alguna forma las mujeres de Shakespeare y Cervantes eran evocadas para hablar de las mujeres de hoy, pero ese camino empezó a acotar las posibilidades creativas de Dodera, quien agregaba a comienzos de 2017: “Hoy en día quiero cerrar el tríptico porque esas mujeres son producto de poetas de esa época, son producto de mentes andróginas diría yo, pero eran mujeres que estaban totalmente golpeadas, aplastadas. Por eso quiero hacer esto otro de Simone de Beauvoir, darle vida también a esa mujer que abrió las puertas, o que dio el puntapié inicial para una lucha de la reivindicación de lo femenino”.

Pero lo que con Simone pensaba ser el cierre de un tríptico terminó siendo el comienzo de otra serie de dos espectáculos basados en dos figuras claves del siglo XX: Simone de Beauvoir y Rosa Luxemburgo. Es probable que una de las razones de esa deriva creativa tenga que ver con el encuentro entre Dodera y Gabriela Iribarren, la actriz que en este 2019 encarna a Rosa y hace dos años le pusiera el cuerpo a Simone. Gabriela Iribarren no es una actriz más de nuestro medio. Más allá de ser una creadora potente, que magnetiza al espectador con su presencia, también es una mujer que le ha puesto el cuerpo de forma solidaria a actividades por DD.HH. y se ha comprometido con la militancia política. Parece natural entonces que luego del enorme espectáculo que fue “Simone, mujer partida” las dos creadoras siguieran trabajando juntas con la intención de traer al presente ideas y prácticas revolucionarias de una mujer como Rosa Luxemburgo.

El comienzo del espectáculo no podría estar más vinculado a nuestra coyuntura política. Rosa Luxemburgo aparece como un cuerpo que ha sido tirado a un río. Desde esa imagen es que la obra irá rescatando aspectos de la vida de Rosa. Y el vínculo con nuestro pasado se explicitará luego, cuando uno de los actores nos cuente: “La conducen por las escaleras. Tiene 48 años. Mientras la arrastran por la escalera pierde un zapato ¿Les suena?” El secuestro de Rosa se superpone al de Elena Quinteros (a quien también interpretó Iribarren), la militante revolucionaria que fue sustraída en 1976 de la embajada de Venezuela en nuestro país, permaneciendo hasta hoy desaparecida.

Lejos estamos entonces de un trabajo meramente arqueológico, el equipo que trabajó en Rosa Luxemburgo, tres actores y cuatro dramaturgistas además de los diseñadores, rescata la historia de Rosa para hacerla dialogar con nuestro presente. Y en su momento Rosa Luxemburgo, junto a Leo Jogiches y Karl Liebknecht, son de los pocos militantes del Partido Socialdemócrata alemán que se oponen a la Primera Guerra Mundial. Liebknecht de hecho es el único diputado que se niega a votar los créditos de guerra, pero será Rosa quien lidere las disputas que clarificarán el carácter imperialista de la guerra, donde nada tenía que hacer un partido de la “clase obrera”. Cada espectador hará su lectura respecto a esa traición histórica, y sacará también sus conclusiones respecto a otras claudicaciones de muchos partidos de “izquierda”.

Rosa fue una intelectual brillante, y como tal aparece en este espectáculo, pero también como alguien que le puso el cuerpo a esas ideas, que las pregonaba y llamaba a romper con un orden social y económico para construir otro, algo que parece inimaginable hoy en nuestra sociedad. Y eso, más allá de lo que se piense de sus ideas, es otro elemento que debería tensionar al espectador. Hace un siglo Rosa era asesinada por su intención de terminar con la sociedad capitalista, esa sociedad que hoy permanece en pié agotando las posibilidades del planeta.

Como mujer Rosa es atravesada por otras contradicciones, formar una familia es un horizonte lejano, en particular el vínculo con Leo es puesto en el escenario a partir de algunas cartas que son elocuentes. Pero el “feminismo” de Rosa es implícito. Ocupa los lugares que generalmente ocupaban hombres y sencillamente no cumple con algunos parámetros establecidos para su género en la sociedad en que vivió. Rosa fue, sin duda, un cuerpo desobediente, un cuerpo que ocupó espacios que no estaban pensados para ella, y seguramente también tuvo esto que ver con la saña con que fue asesinada.

El diseño escenográfico de Gerardo Egea permite recortar el espacio, sugerir encierro o dar profundidad con gran plasticidad según las necesidades del espectáculo. La selección musical de Rafael Massa parece ser un guión paralelo a la trama, en donde no faltan lo experimental contemporáneo de Schönberg o Stockhausen, el llamado a Alemania de Haydn, y referencias a la revolución rusa de Parte de Pet Shoppe Bois o a Berlín de Lough Reed. En ese contexto sonoro el trabajo del elenco trae fragmentos articulados de la vida de Rosa, pero el destaque, sin dudas, es para Iribarren, la gran actriz que tiene nuestra ciudad en este momento.

Desde el cuerpo es que se rescata en este espectáculo la vida y la lucha de Rosa Luxemburgo, porque si fue arrojada al mar fue por que quiso cambiar su realidad. Eso también vale recordarlo hoy. Detrás de la lucha porque aparezcan los restos de los desaparecidos debería tenerse presente el porqué están desaparecidos, sus luchas políticas, sus ideas, sus intenciones de cambiar la realidad. No rescatar esas historias sería una traición, y de eso también parece hablar Rosa en tanto cuerpo junto a río Spree.

Rosa Luxemburgo, un cuerpo junto al río Spree. Dramaturgia: María Dodera, Rafael Massa, Gabriela Iribarren y Marcel García. Dirección: María Dodera. Elenco: Gabriela Iribarren, Gustavo Sabores y Gustavo Alonso.

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Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.