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Un siglo de legado

Un siglo de legado
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Este viernes 6 de octubre Melaní Luraschi presenta un homenaje musical a Violeta Parra a 100 años de su nacimiento. Será a las 21 horas en la Sala Camacuá y lleva como nombre “Después de vivir un siglo”. La cantante contó a Voces cómo surgió este homenaje y qué mostrará sobre el escenario.

Violeta Parra, nacida el 4 de octubre de 1917 en Chile, ha dejado un gran legado artístico. Melaní Luraschi interpretará parte de su repertorio musical en lo que será un homenaje y un reencuentro con la poesía y la esencia de la artista chilena. Luraschi es cantante y compositora uruguaya y ha realizado numerosas giras a Chile vinculándose, a través de la música, a la cultura trasandina en general y a Violeta Parra en particular.

Empezó su camino en el arte a través del teatro y luego siguió con la música. A los 23 años publicó un libro de poesías, “Día para pescar un sueño” (2014), y un disco llamado “Canto ancestral” (2015). Ha presentado ambos trabajos en varios países como Chile, Argentina, Brasil, Perú, Ecuador, España y Francia. Participó en distintos festivales, centros culturales, bares y espacios de arte, siempre a través de la autogestión. Ha compartido escenario con distintos artistas. Coordina y es docente del Espacio de Arte y Creación “Camino de las aguas” desde hace cinco años en Maldonado. Actualmente se encuentra trabajando en el nuevo disco que se presentará muy pronto.

En este homenaje a Violeta Parra a acompañarán ​Juan Manuel Silva (guitarra) y Mauro Clavijo (percusión). La puesta en escena es de la directora chilena Javiera Torres.

 ¿Cómo fue el proceso de grabar “Canto ancestral”?

En principio fue un deseo de tener un material físico después de cinco años de cantar y crear. Siempre creí que para el artista es importante crear y materializar como dos actividades que van al unísono. Sino la creación se pierde en el aire. El disco lo trabajé en conjunto con Nahuel Bentancour, un amigo músico de Maldonado, quien logró un trabajo con mucha calidad, para la edad que teníamos nosotros, apenas unos 20 años.

Hay en tu caso una apuesta a la autogestión, ¿por qué elegiste llevar adelante tu arte desde ese lugar?

Si, quizás me pasó de ver muchos artistas mayores o personas diciendo que es “muy difícil” ser artista, y más “en este país”. Así que decidí que ese no iba a ser mi lema. Que si quería hacer música, arte, tenía que crearlo yo misma y disfrutarlo en cada paso y aprendizaje. No iba a esperar por nadie; si me quería ir a Chile a tocar, simplemente me iba. Eso fue lo que sucedió. Hoy en día voy a Chile y ya no tengo un amigo, tengo muchos, que me dan una mano desde Arica hasta Punta Arenas. Y esto también en otros países que visite. Imagínate que por haber conocido a un brasilero y una polaca en San Pedro de Atacama (Chile) terminé haciendo el videoclip de “Piel de miel” en los bosques de Polonia.

¿Cómo es intentar hacer arte en el interior?

Maldonado es un lugar muy especial. Cada vez se está poniendo más interesante, antes no era lo mismo. La gente no entendía mucho el trabajo de autor, pero hoy en día hay más ofertas para los dos lados y más gente generando profesionalmente. Cada vez me gusta más, siento que ya tengo un público que no solo me va a ver cuando toco allí si no que se organiza para ir a Montevideo. Tal vez toco menos que antes, pero cada vez que toco sé que va mucha gente y con un respeto que me hace feliz.

A la hora de componer, ¿qué cosas te inspiran?

Todo lo que me rodea, las personas, la capacidad de crear que tenemos. Además de crear canciones siempre escribí poemas, y eso me hace buscar más en lo poético, en no ponerle palabras a lo que ya existe, sino crear una realidad nueva. Por eso a veces a mis letras hay que prestarles atención. Siempre tienen algún mensaje oculto que no se ve al principio, tal vez un poco más metafórico. Además de historias, hay canciones que fui creando que tienen historias alucinantes. Momentos que viví viajando que no podía guardar en la memoria mejor que en una canción.

¿Cómo vivís la experiencia de subir a un escenario?

No sé si fueron mis inicios en el teatro, pero siempre sentí que los profesores que me enseñaban me mostraban el escenario como un espacio sagrado, un lugar donde expresar las cosas realmente importantes. Por eso para mí todos los trabajos que presento no pueden ser un poquito de música y ta. Tienen que tener peso, profundidad, concepto. Al menos eso es lo que busco.

¿Qué momentos de tu camino artístico recordás especialmente?

Los viajes que me hicieron conocer gente de todas partes del mundo y realmente vivir cosas indescriptibles. Sentir por momentos que realmente todo es perfecto. Gente que me volvía a encontrar en los lugares más recónditos, y ver que todo eso lo generaba la música. Y también creer en que todo iba a ser como tenía que ser. Por ejemplo, ahora me acuerdo de hace dos años que me fui a Europa y en París me encontré con un amigo músico de Senegal que había conocido en Salvador de Bahía años anteriores. Nuestro encuentro en Bahía había sido tan maravilloso que en ese momento él vivía en Dubai y se tomó un avión a París para no desaprovechar la oportunidad de volvernos a encontrar. Se llama Birane. Esos momentos me enseñaron mucho de cómo quiero ir por este camino, y olvidarme del famoso “es difícil” y cambiarlo por “es perfecto”.

Respecto a este homenaje a Violeta Parra, ¿cómo surge la idea de realizarle este homenaje?

Ya van tres veces consecutivas que vuelvo a Chile, para mí ya es como mi segunda casa. Me ha abrazado mucho. Y también tengo innumerables amigos que cada uno de ellos me ha mostrado el respeto a la obra de Violeta. Y esto en mi generación, como si te dijera que a Zitarrosa lo adoraran los jóvenes y lo cantaran siempre en sus canciones, desde una banda de folclore hasta una de cumbia, la respetan. Violeta era mujer y eso hace que nosotras las mujeres trovadoras le demos un lugar de gran importancia, ya sabemos todo lo que significa e implica en estas épocas donde se busca la igualdad de género en sus múltiples formas. Y ni que hablar de que su obra poética perdura en el tiempo, por lo que dice y por la forma.

¿Qué lugar le das a su obra en tu arte?

En respeto sobre todo. También en inspiración, en comprender cómo fueron y cómo son las cosas. En ver qué es lo que me gustaba y qué es lo que no, qué hubiera hecho y qué no hubiera hecho. Además, ella hablaba de las injusticias sociales, de una forma muy clara. Me recuerda que no hay que tener miedo, y ser valiente.  Violeta me recuerda a mi abuelo que son prácticamente de la misma época, y que por sus ideales fue preso y torturado muchos años en dictadura.

¿Cuál será la propuesta que mostrarás en la Sala Camacuá?

Cantaré únicamente obras suyas, de sus canciones las que consideré más representativas y al mismo tiempo bellas. Canciones que no las elegí porque si nomás, sino porque también me llegaron o las cante en Chile con amigos. Habrá momentos visuales, escenografía, un cuidado estético de la mano de la directora y actriz Javiera Torres junto a Gustavo Petkoff. Músicos que han tenido la capacidad de interpretar y buscar nuevas versiones, entre ellos Juan Manuel Silva, Mauro Clavijo, Guillermo da Rosa y Piero Vittori. Va a ser un momento muy especial.