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Variaciones restuccianas

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“Todos esos hijos de una gran puta se niegan a dar una pastilla o una inyección que me libre de este agotamiento. Me despierto ya completamente agotado y lo que hago el resto de cada maldito, maldito, maldito día es agotarme más y más, hasta que me desmayo en el retrete o en el banco de una plaza o en el suelo. Ya no puedo dar un solo paso, un solo pasito, mis pasitos. Odio mis pasitos de momia, más lentos que los pasitos de las momias de las películas de terror de mis tiempos. Porque estos no son mis tiempos, todo lo que amé, e incluso todo lo que odié fue demolido para colocar en su lugar alguna mierda de plástico con lucecitas de colores. El mundo desapareció a mi alrededor, todo lo que veo es nuevo y huele a plástico quemado o a mierda de viejo. Mis dos esposas ya están reducidas y no puedo soportar a ninguno de mis hijos, ni a ninguno de mis nietos, ni bisnietos. Mis viejos amigos están muertos, o sufren enfermedades espantosas además de estar ciegos y sordos y mudos. Y se cagan encima como yo, pero además se babean, ya no reconocen a sus engendros cuando los visitan en la así llamada casa de salud.”

El anterior es un fragmento de uno de los textos de La vida familiar, de Felipe Polleri, que Alberto Restuccia selecciona para incorporarlo en “Uruguay es un virus con 3 millones de portadores (Escenas de la vida familiar)”. La interpretación en realidad está cargo del dúo Alberto Restuccia-Beti Faria, y el humor negro, negrísimo, de Polleri, es atravesado por la presencia física del legendario actor, director y dramaturgo, que interviene el texto con digresiones que parecen enredarse con el original en una nueva obra que vive de forma distinta cada sábado por la noche en El Coruñés. Restuccia te ametralla con esas frases casi sincopadas del texto de Polleri, pero su memoria trae escenas de su propia trayectoria vital que se incorporan a los textos originales en variaciones imprevistas y provocadoras, a modo de esas improvisaciones tan características del bebop que cortinaban las poesías de los viejos poetas beatniks, poetas que nutren el segundo bloque del espectáculo de Restuccia.

Escritores como Ginsberg, Burroughs o Kerouac, entre los más conocidos, buscaban la liquidación del orden establecido, pero no promoviendo acciones colectivas “revolucionarias”, como el mismo Restuccia lo recuerda, sino estableciendo pautas de comportamiento independientes, elaborando códigos morales propios y optando, en algunos casos, por marginarse de la sociedad en que se hallaban insertos. Ese ámbito poético permite que naturalmente aparezcan textos no solo de los beatniks históricos, sino de escritores cercanos, como Bukowski, pero también de Baudelaire, Calderón de la Barca, o Dalmiro Sáenz.

 

Un árbol de voluntad

¿Cual es la clave para seleccionar a los autores? Restuccia nos decía hace poco, citando a D.H. Lawrence: “Estoy enfermo de las gentes atractivas, de alguna manera son falsas”. La “belleza” no es la clave entonces, en particular no se celebra la belleza física aquí, y esto nos recuerda otros espectáculos de Restuccia, nos recuerda su voz en Espacio Guambia recitando a Antonin Artaud: “El tiempo donde el hombre era un árbol/ sin órganos ni función/ Pero de voluntad/ Y árbol de voluntad que avanza/ Volverá/ Ha sido y volverá/ Pues la gran mentira ha sido hacer del hombre un organismo/ Ingestión, asimilación/ Incubación, excreción/ (…) ¿Qué fue Baudelaire?/ ¿Qué fueron Edgar Poe, Nietzsche, Gérard de Nerval?/ Cuerpos/ Que comieron/  Digirieron/ Durmieron/ Roncaron una vez por noche/ Cagaron/ Entre 25 y 30.000 veces/ Y frente a 30 o 40.000 comidas/ 40 mil sueños/ 40 mil ronquidos/ 40 (mil) bocas amargas y agrias al despertar/ Tienen que presentar unos 50 poemas/ Verdaderamente no basta/ Y el equilibrio entre la producción mágica y la producción automática está muy lejos de ser mantenido/ Está absolutamente roto”

No es exagerado plantear que el espectáculo de Restuccia está pautado por la búsqueda de reequilibrar la relación entre la producción automática y la producción mágica. El cuerpo viejo, arrugado, “antiestético” de Restuccia es tan protagonista de su espectáculo como esos poemas que selecciona, poniendo de hecho esa antítesis entre un organismo y la voluntad creadora en primer plano. Ya habíamos visto esto en El gimnasio, la obra de la dupla Peveroni-Dodera que se centraba en la vida de Restuccia y que recordaba como su Casa del teatro fue convertida en un gimnasio, transmutando un templo de la voluntad creadora en un templo del músculo. La propia Beti Faría es un ejemplo de esa antítesis, si pensamos en que es la voluntad lo que define lo que se es en el orden de la producción mágica, que es el orden específicamente humano, no en el orden biológico, animal, automático. El cuerpo de alguien nacido como Alberto Restuccia está allí, en primer plano, para que seamos capaces de penetrar en la voluntad del artista, más allá de su biología, y descubrir su producción mágica, Betti Faría entre ellas.

Debemos puntualizar también que el espectáculo tiene un aspecto casi didáctico. Restuccia no olvida poner en contexto a los autores, hablar de su época, de cómo fueron percibidos en su tiempo, de cómo su obra se relaciona con su época. Claro, como decíamos antes, su propia vida también atraviesa las lecturas de Polleri o los beatniks, y también sus avatares tienen un contexto que lo llevan a recordar momentos de sobrevivir en dictadura o a evocar al Bebe Cerminara.

Restuccia ofrece un espectáculo en que la voluntad busca el equilibrio entre la producción mágica y la producción automática, un espectáculo potente, con momentos de ráfagas poéticas y momentos de pausas poéticas, con momentos escatológicos y humorísticos, y momentos de fuerza elemental. Como él mismo nos decía: “El poeta tiene que ser elemental, como la tierra, como el fuego. El fuego, si lo tocás, te quema. Así tiene que ser el artista”.

 

Uruguay es un virus con 3 millones de portadores (Escenas de La vida familiar) y Generación Beatnik. Performance de Alberto Restuccia sobre textos de Felipe Polleri y poetas beatniks.

Funciones: sábados 21:00. Bar & Pub Coruñés (Maldonado esq. Ferreira Aldunate, ex Rio Branco). Reservas: 094-384012 

Leonardo Flamia

Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga.
Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.