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Veinte años es mucho por Gabriel Barandiaran

Veinte años es mucho por Gabriel Barandiaran
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La necesidad de aggiornar la Ley de Defensa del Consumidor

La ley de defensa del consumidor es mayor de edad.  Nació en agosto del año 2000 y pocos saben que lo tuvo que hacer dos veces, ya que había intentado salir a luz en el año 1999.  Pero  este segundo nacimiento terminó siendo afortunado porque podemos decir que fue una de las primeras leyes del siglo XXI y esto suena mejor que ser de las últimas del siglo anterior.

Pero que tengamos que festejar sus 19 años a fin de este mes, no implica que sea una ley joven.  Es más, las condiciones económicas y sociales han cambiado tanto en los últimos años que ya empieza a notar su obsolescencia.  Y muchos ya empezamos a considerar que antes de que cumpla 20 será necesario darle una renovación que le permita afrontar las vicisitudes de la era en la que nos estamos metiendo como sociedad, la era de la información, la automatización y la inteligencia artificial.

Hasta su aprobación, Uruguay no disponía de una ley de defensa del consumidor y el trámite de redacción fue muy trabajoso.  Algunos sectores económicos consideraban  que una ley que diera derechos a usuarios y consumidores  no podía traer nada salvo problemas, y nuestros países vecinos entendían que un marco que regulara la oferta de productos o servicios podría significar restricciones al comercio, lo que era muy injusto ya que Argentina y Brasil ya tenían códigos especializados en la materia por entonces.  Pero lo más difícil era proceder al cambio de paradigma por el cual una economía prácticamente nacionalizada y controlada fuertemente desde el gobierno tenía que dar paso a un comercio más abierto.   Recuerdo que cuando era pequeño, existía un órgano que se llamaba Subsistencias cuya triple función – “Abarata, abastece, atestigua” – definía claramente el marco en el que se desarrollaba el comercio en nuestro país por entonces.

Tal vez por estas mismas razones y por la reacción de los responsables de la oferta de bienes y servicios, los consumidores uruguayos no se vieron demasiados beneficiados por la aprobación de la ley del consumidor.   Si bien se crearon rápidamente los organismos de contralor y mediación que se definieron en ella, como es el caso del Área de Defensa del Consumidor creado en la órbita del Ministerio de Economía y Finanzas, estos tuvieron un rol secundario y auxiliar.  Por ejemplo, a casi veinte años de su aprobación, este órgano sigue siendo un Área a cargo de un Encargado de Despacho, y sujeto a la Dirección de Comercio.  El hecho de que el instituto especializado en la defensa de los consumidores dependa jerárquicamente de un director que recibe los intereses del comercio muestra claramente qué intereses se privilegian cuando hablamos de relaciones de consumo.

Por otro lado, a otros órganos, como el Banco Central, les costó bastante tiempo darse por aludidos en cuanto al rol de la tutela de los derechos de los más débiles y requirió de nuevas leyes que aclararan la situación.

De todos modos, la ley de Defensa del Consumidor es una  buena ley.  Establece los derechos básicos de los consumidores que siguen vigentes, a los que debería darse mayor difusión, establece prácticas de la oferta que denomina abusivas y que las prohíbe, aunque hasta nuestras empresas públicas han caído en ellas, establece cláusulas que no deben figurar en los contratos, y un largo etcétera que vale la pena tener en cuenta, además de algunos principios que todavía no han hecho carne en nuestros jueces, pero que son muy importantes tenerlos en nuestro derecho positivo.

Pero hay que actualizarla.  Cuando se promulgó no habían smartphones, internet recién comenzaba y las redes sociales eran un mero proyecto.  En los tiempos que corren, el comercio electrónico es una realidad global y los productos tecnológicos y los servicios relacionados son un desafío constante.

Por tanto, analizar estos años de vigencia, evaluar su aplicación y los resultados y beneficios que obtuvieron aquellos que buscaba proteger y aggiornarla frente a los desafíos de las nuevas prácticas comerciales son razones más que valederas para darle una nueva redacción.  Transcurrieron menos de veinte años y el tango dice que “no son nada”.  Pero, en los tiempos que corren, eso es casi una eternidad.

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