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Violencia inexplicable ¿o no? por Ignacio De Posadas

Violencia inexplicable ¿o no? por  Ignacio De Posadas
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Al momento de escribir estas líneas, el turno le tocó a Chile: una semana de destrozos, saqueos y enfrentamientos violentos, con miles de presos y decenas de muertos. Pero antes fue Ecuador y antes de Ecuador, Hong Kong y antes de Hong Kong, los chalecos amarillos franceses y antes…

Prima facie, todos los casos parecen diferentes, lo que, de cierta forma, podría dejarnos tranquilos. Pero es igualmente cierto que todos tienen similitudes. Suficientes como para generar enorme preocupación. Máxime que, en éste, nuestro mundo globalizado, el contagio o la imitación son una característica constante.

¿Qué tienen de parecido estos fenómenos de erupción volcánica social?

1.,- Lo sorpresivo. Probablemente no en la sustancia: es difícil creer que de la nada y por motivos tan poco graves como la suba de tarifas, miles de personas salgan a prenderle fuego a una ciudad. Algo había allí, latente. Pero si lo había, no era conocido, visible. En todos los casos las manifestaciones tomaron por sorpresa a los gobiernos, (incluyendo sus servicios de inteligencia), a los cuadros políticos, a la prensa y a las propias sociedades.

2.- La violencia: no sólo el hecho en sí, si no su virulencia en todos los casos, es otro punto de similitud.

3.- La desproporción entre lo que gatilla el fenómeno y el fenómeno en sí: muy emparentado a lo anterior.

4.- La ausencia de liderazgo y organizaciones estructuradas en los manifestantes. Las asonadas no aparecen en sus comienzos como organizadas y dirigidas al estilo “tradicional”, (partidos anarcos, sindicatos, movimientos de liberación…).

5.- Pero también el alto grado de coordinación que adquieren rápidamente. Las primeras pedreas e incendios pueden ser totalmente espontáneos, pero cuando se suceden noche a noche, en lugares predeterminados, o cuando se organizan saqueos a comercios elegidos, hay algo más que espontaneidad casual.

6.-. Aquí aparece otro elemento común: el uso de las redes sociales, que pueda explicar lo anterior, pero que no es en sí mismo una explicación causal del fenómeno.

7.- Son fenómenos disruptivos generalizados: no es un grupo concreto contra otro grupo o sector. Tampoco es que los revoltosos estén sólo contra el gobierno de turno: están contra todo y contra todos. Pasan por encima de gobiernos y oposiciones, por igual.

8.- Otro fenómeno compartido que llama la atención es la falta de objetivos o reivindicaciones concretas. Sí, es cierto, que explotan por un motivo particular, subas de tarifas, cambio del estatus jurídico…, pero no esgrimen sólo esas banderas, ni las bajan cuando el asunto concreto cesa, (Piñera pidió perdón y reculó, pero la cosa no aflojó)

¿Entonces? El asunto genera muchas interrogantes:

  • ¿Por qué son fenómenos tan espontáneos?
  • ¿Por qué tan violentos?
  • ¿Por qué aparecen en seguida mecanismos de coordinación de los actos violentos?
  •  ¿Qué buscan, realmente? ¿Reclamar o vengarse?
  •   ¿A dónde va a parar todo esto?

Sobre todo, ¿qué lo explica? No puede descartarse como una mera aberración, inexplicable y pasajera.

  1. ¿Es el Foro de San Pablo y la genial perfidia de Maduro, o el más viejo oficio del régimen cubano? No tengo elementos, ni para asentir, ni para discrepar. Por un lado, parece ser que la voladura de trenes y estaciones de metro de Santiago no se produjo por estudiantes avanzados de química que compraron los productos en la farmacia, pero, en todo caso, eso hay que probarlo y si se probara, además hay que probar que los supuestos grupos estaban en la gestación del fenómeno y no sólo en sus manifestaciones.
  2. ¿Se explica todo por el fenómeno contemporáneo de las famosas redes sociales? Sin duda explica algunas cosas, como la capacidad para coordinar rápidamente a personas que ni siquiera se conocen. Pero no son las redes lo que puede explicar las motivaciones humanas atrás de estas reacciones, frontales, violentas y como universales.
  3. Una tentativa recurrente de explicación es la que ve atrás de todo esto a un fenómeno atribuible a la globalización y al mercado: el aumento de las diferencias económicas en muchas sociedades. Podría ser. Pero a la explicación le falta rigor: sí hay más desigualdad en muchos países (aunque también menos pobreza), pero eso sólo no justifica el caer en la vieja falacia del post hoc, ergo propter hoc. Que una cosa siga a otra no significa que necesariamente sea su consecuencia.
  4. Estrechamente vinculado a lo anterior está el fenómeno de incertidumbre y hasta angustia generado en ciertas capas sociales y etarias por los cambios (los ocurridos y los anunciados o temidos), en materia de trabajo.
  5. Claramente hay un fenómeno de incremento de la violencia en muchas sociedades.
  6. Es también plausible sostener que al menos una parte de la explicación radica en el alejamiento que la gente está experimentando con relación a los engranajes de la Democracia, (gobierno, partidos políticos…) y la consecuente mezcla de indiferencia, hastío y animadversión que siente hacia aquélla.

Al mismo tiempo, las disputas políticas en algunos países, (Italia, España, Gran Bretaña, Ecuador, Bolivia, Perú…), se han agriado y tornado más confrontativas.

  1. Todo parece indicar que los mecanismos clásicos de los gobiernos para ir al encuentro de situaciones sociales extremas no dan resultados positivos y más bien contribuyen a la alienación.
  2. Por último, (hasta donde yo percibo), la corrupción política, (real o percibida), en muchas democracias, fogonea las actitudes antidemocráticas.

Entonces, ¿qué se puede hacer? Porque algo hay que tratar de hacer.

Como siempre, llegado a este punto la bola de cristal se empieza a nublar. Pero no es excusa. Van sugerencias:

1.- Hay que volver a acercar a la gente a los gobiernos y a todas las instituciones de la democracia: mecanismos de información, más aún, de escucha, transparencia, proximidad física de gobernantes y políticos, explicaciones sencillas de lo que se pretende hacer y, sobretodo, la fórmula mágica: humildad y honestidad.

2.- Recuperar valores en las sociedades. Esto es lo más difícil. No se pueden instaurar políticas públicas de inculcación de valores, (sobre todo cuando los aparatos estatales están vacíos de esos contenidos).  Aquí me parece que se debe recurrir mucho más a la sociedad civil y a aquellas instituciones privadas, filantrópicas, que la sustentan.

3.- Queda la discusión sobre las políticas económicas. ¿Hay que cambiarlas? Es lo que nos dice la izquierda todo el tiempo. Pero a ella no le ha ido mucho mejor, (lo de Chile no es atribuible sólo a Piñera: en los últimos 25 años, la derecha gobernó apenas 5).

Si es necesario introducir cambios, entonces, ¿cuáles? Los reclamos por más igualdad son ciertos, concretos y desde Aristóteles se viene diciendo que la Democracia no funciona si las sociedades tienen grandes diferencias económicas y sociales. Pero ojo con las políticas igualadoras. Es posible que el Uruguay no sufra motines, pero la chatura sin esperanza ni ambición tampoco es una cura.

4.-. Hay otro elemento a considerar, que quizás muchos no hayan percibido y que quienes sí lo hicieron temen comentar públicamente porque es veneno puro: el crecimiento de la población acogida a regímenes de pasividad (unido al hecho de que todos ellos votan), ha contribuido a que muchas sociedades destinen crecientes porcentajes de su riqueza a esos rubros. No es que esté mal, pero implica menos recursos para los jóvenes y para invertir de cara al futuro., No está mal, pero debe asumirse en forma explícita y expresa. Para no culpar a los gobiernos cuando, por ese motivo, les escasean los fondos.

5.- Por último, aunque no es una solución de fondo, hay que poner a trabajar a los servicios de seguridad. No sé para qué sirven si no pueden prevenir tamañas disrupciones sociales.

En definitiva: barbas a remojar. ¡Ya!

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