4 claves de las elecciones departamentales por Alejandro Guedes

El nuevo mapa político departamental confirma una vez más la regla de hierro de las elecciones subnacionales uruguayas: la estabilidad. Dieciséis de las diecinueve intendencias quedaron en manos de los mismos partidos, una cifra que no sorprende, pero que dice mucho. Aun así, detrás de esa estabilidad aparente se esconden movimientos que conviene mirar de cerca: el leve pero significativo avance del Frente Amplio, la consolidación blanca en el interior, las señales que emite la Coalición Republicana (CR), y la persistente impunidad política ante escándalos que dañan la gestión pública. Aquí, cuatro claves para entender la elección.

1. Un Frente Amplio que crece tímidamente en nuevos territorios

El Frente Amplio no logró alcanzar su escenario de máxima —siete intendencias—, pero consolidó lo que tenía y sumó un avance territorial modesto pero simbólico. Retuvo Montevideo y Canelones con respaldo similar a 2020, reconquistó Río Negro y, de confirmarse, podría tener  un histórico triunfo en Lavalleja[1]. Aunque perdió Salto, el saldo es positivo: gana en Río Negro, disputa voto a voto un departamento históricamente blanco como Lavalleja y ratifica su desempeño en los departamentos de mayor población.

También es relevante que tiene la oportunidad de renovar gestores en dos departamentos que controla desde 1990 y que, por su proyección, han sido trampolín de figuras presidenciables — Vázquez, Cosse y Orsi— a lo que se suma la expansión hacia nuevos liderazgos en el interior. Si el FA sabe capitalizar estos liderazgos, puede estar sembrando base política más allá del eje Montevideo-Canelones.

2. El peso del continuismo y la reelección

Cuando hablamos de elecciones sub nacionales la regla general viene siendo el continuismo. En términos más técnico hablaríamos de partidos predominantes y estabilidad electoral. En ese continuismo, además de los casos de Montevideo y Canelones, entran las 13 intendencias que se mantienen bajo dominio del Partido Nacional, que lo hacen muy fuerte en el interior del país, con la excepcionalidad ya conocida de Rivera que es el bastión colorado.

Dentro de esta lectura de la continuidad de las intendencias que se mantienen bajo el control del partido gobernante, también están los casos de reelección como: San José (Ana Bentaberri), Rocha (Alejo Umpiérrez), Soriano (Guillermo Besozzi), Treinta y Tres (Mario Silvera), Paysandú (Nicolás olivera), Tacuarembó (Wilson Ezquerra) y Rivera (Richard Sander).

Dentro de este análisis también destacan tres departamentos, donde si bien hay una reelección del partido de gobierno, se produce un cambio en virtud de la competencia interna de los candidatos. En este sentido cabe destacar el triunfo de Diego Irazábal en Flores que competía con el ex intendente Armando Castaingdebat,  el triunfo de Christian Morel en Cerro Largo que competía con el actual intendente José Yurramendi del sector político de Sergio Botana y Felipe Algorta del sector Alianza País en Durazno.

3. Corrupción sin castigo: la ética ausente del voto sub nacional

Hay una disonancia inquietante entre escándalos éticos y resultados electorales. En Soriano, la imputación por siete delitos de corrupción pública que tiene Guillermo Besozzi, no fueron impedimento para que obtuviera un buen resultado electoral, aunque con un nivel de votación considerablemente inferior al de 2020. En el norte del país, en Artigas, el Partido Nacional tuvo un marcado descenso en el nivel de votación. Igualmente el candidato Emiliano Soravilla patrocinado por el sector de Pablo Caram y Valentina dos Santos ganó las elecciones. En Salto el candidato nacionalista Carlos Albisu, envuelto en las designaciones directas de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande, logró imponerse al FA dentro del paraguas de la CR donde sumó votos con el colorado Marcelo Malaquina. Mucho menos repercusión e impacto tuvo aún la polémica más reciente por las horas extras que se denunció por parte de la intendencia de Montevideo.

El mensaje es claro: a nivel departamental, la corrupción y el clientelismo no se castiga. Tal vez porque la lógica clientelar y de patronazgo está tan naturalizada que deja de escandalizar. O porque, simplemente, la conexión emocional del votante con su partido/candidato supera cualquier cuestionamiento moral.

4. La Coalición Republicana: de experimento a necesidad

La Coalición Republicana empieza a demostrar que no es solo un invento electoral para la capital, sino un instrumento con potencial real en el interior. Su triunfo en Salto no solo salvó a Albisu, sino que mostró que sin cooperación, los socios pueden pagar costos altos: basta ver lo ocurrido en Río Negro o la reñida elección en Lavalleja donde blancos y colorados divididos facilitan las chances del FA.

En virtud del resultado en Montevideo y Canelones se podría incluso relativizar la efectividad del instrumento de la CR. Pero hay dos cosas a tener en cuenta allí. La primera es que los incentivos institucionales no son los mismos a nivel nacional (segunda vuelta) que a nivel departamental (mayoría simple y candidatura múltiple). A ello se suma el hecho de que no se puede competir desde dos lemas distintos, lo cual genera otra limitante importante. El segundo argumento no tan analizado es el municipal. En Montevideo la coalición ganó fuerza en municipios claves (CH y E), y en Canelones le arrebató al FA  municipios como Atlántida, Toledo y 18 de Mayo. El experimento ya no es solo una hipótesis: empieza a volverse necesidad táctica para el oficialismo.

En resumen, el Frente Amplio gana algo de terreno. El Partido Nacional muestra su fuerza en el interior pese al revés electoral de noviembre. Y la Coalición Republicana, si aprende a coordinarse mejor, podría cambiar algunos equilibrios departamentales y locales. Como siempre, la superficie parece calma. Pero debajo, hay movimiento.


[1] El resultado definitivo podría conocerse el jueves, cuando esta nota fue escrita el lunes 12.

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