No hace mucho, visitó una exposición dedicada a Rafael Barradas. En el texto de presentación, la curadora María Eugenia Grau sostenía que las acuarelas allí exhibidas habían sido pintadas por el artista “en clave de vibración de la ciudad, sus gentes y objetos”.
Por alguna misteriosa razón, lo que había visto en la sala del Museo Nacional de Artes Visuales le “contaminó” la mirada. Desde ese momento, sin darse cuenta, percibía la urbe con otros ojos. En eso anduvo, durante un tiempo, hasta que, una tarde afortunada, entendió lo que le estaba ocurriendo. Cual una epifanía, en la parada del ómnibus, se le presentó la imagen. Entonces, pensó: “Ahora tengo que ponerle un título”. Y de inmediato le vino uno a la mente.
(Ubicación: Buenos Aires 444)




