7 Y 3 ¡FUI! por Jorge Alastra

A finales de 1985 la música popular uruguaya, a través de la murga-canción, vivía un boom inesperado. Por primera vez en la historia, la voz de un murguista lograba acaparar la atención del gran público con una canción original escrita por un cantautor. “Brindis por Pierrot” de Jaime Roos, irrumpió en la sensibilidad del uruguayo medio como una tromba, demostrando que aunque se tratara de una obra referida a un universo marginal, también involucraba –cultural y espiritualmente– a buena parte de los compatriotas. Con “Brindis”, Roos lograba el clímax en cuanto a repercusión y aceptación masiva. En medio del furor mediático,  solo quedaba proyectar un álbum con la canción como pretexto para una publicación más ambiciosa. El trabajo fue “Todo a Momo” (1986) que agregaba otra pieza original en coautoría con Raúl Castro titulada “Que el letrista no se olvide”.  Una vez pasado este período intenso, Jaime empezó a trabajar en un nuevo disco ya en otra etapa creativa, tan novedosa como impensada, porque dejaría de lado –por única vez– el género de murga-canción.

Interesado en las sonoridades que proveía la tecnología de punta, es que diseña las percusiones de sus nuevas canciones con una máquina de ritmos  Roland (utilizada entonces en el mundo del pop internacional). El artefacto era propiedad de Jorge Nasser y estaba programado para las actuaciones del grupo “Níquel”. El incipiente álbum se concretaría entonces con la colaboración de los integrantes de esta banda (en ese entonces un trío con máquina) Jorge Nasser y Pablo Faragó. Las baterías fueron programas por JR (con asesoría de Nasser) como si un baterista real las ejecutara. Las partes de bajo (escritas por Jaime) quedaron en manos de Nasser y las guitarras eléctricas de Faragó.

“7 y 3” (1986) abre con “El tambor”, un candombe tecno-jazz, con algunas pistas interesantes para anotar. Como la ecuación de Roos de colocar juntos elementos que a priori poco tienen que ver entre sí (O que nos parece que no tienen que ver). El inicio es críptico, con un diseño de hi-hat que sugiere un tambor repique, unos golpes de toms y bombo que con un break marcan la entrada de la voz solista. Pero antes de eso, un personaje del barrio (“Fierrito”) aparece graznando “con fuerza che”. Este inicio, de cuatro compases –extraño y singular– marca un poco la estética de toda la obra de JR. Su interés por remarcar elementos culturales despreciados por la burguesía o los intelectuales (Está claro que esto ha cambiado bastante, pero este álbum data de casi 40 años atrás). “Fierrito” Fierro era la estampa del barrio, de la cultura del candombe de comparsa y fue una decisión casi política colocarlo en la apertura. Aunque la actuación que se roba todo es la de Hugo Fattoruso, quien toma el rol de guitarrista disfrazado de tecladista (es al revés, pero en el caso de Hugo todo es posible), logrando tal nivel que eleva el swing de la canción.  Los tambores finales son una aplanadora: “Palo Bombo” Oviedo (chico y repicado), Gustavo Oviedo (piano y solo de cacerola), “Hurón” Silva (tambor repique). El texto parece más una crónica periodística: “Vienen bien de bien/ Lonjas de Ansina/ Llegando a Cuareim/ Y los yacumenza/ Cruzados de brazos/ Oyendo el repique/ Quieren salir también/ (…)// “Fiesta del tambor/ Hoy va Morenada/ Al Parque Rodó/ La Rosa nerviosa/ Se pinta los ojos/ Los diarios la anuncian/ Dicen que es la mejor”.  (Sobre “La hermana de la Coneja” de Raúl Castro y  J. Roos,  ya hemos escrito en la edición del 26 de noviembre de 2024, así que pasemos de track…)

“Estaré/ Cubriendo la espera/ En el jergón/ Duro/ Llegarás/ Cruzada de veras/ Los ojos de/Búho”. De esta enigmática forma empieza “Mío”, candombe tuquero clásico (pero con un arreglo más sofisticado, cercano al jazz-rock) que aborda un tema familiar y de pareja. No en vano aparece la voz de su hijo Yamandú (aquí un bebé) desde una grabación casera. Una catarsis poética sobre su relación con Franca Aerts, que por momentos se torna angustiante. El final libre –con un breve y magnífico solo de HF (en “toma 0”) y la guitarra de Faragó (que pareciera emular el estado espiritual del compositor a la hora de escribirla) – es de las cosas más misteriosas y oscuras que JR haya registrado alguna vez.

“Esta noche” es un candombe beat por más que esté vestido de tecno-funk.  Con una ambientación “disco” y con un somero texto que no parece ser lo central. Una base armónico-rítmica que sirve para que HF despliegue su imaginación sobre un teclado, compartiendo la escena con otro grande como Alberto Magnone. Pero el color está en las apariciones inesperadas de HF, que hace gemir y rezongar a los teclados. En “Lo que no te di” el disco se vuelca decididamente al pop anglosajón. “Los faros encandilan en la curva/ Los muros, fríos como tumbas/ Esta noche no entiendo lo que pasa en mí”. Una canción de amor (o desamor) y de viaje. Una pequeña road movie musical. La guitarra solista tocada por el propio Jaime está entre sus mejores apariciones como instrumentista. Y uno no puede dejar de asociarla con el estilo “knopfler”, que sin dudas estuvo presente a la hora de grabarla. El estribo es hipnótico y pareciera no tener final: “Cuántas veces/ Tan tarde/ El viento, el viento/ El viento, el viento se levanta/ Tantas veces/ Tarde/ Lamento, lamento/ Lamento, lamento lo que no te di”. En “Te hizo vivir”, la estética del álbum cambia 180°. Curiosamente, el álbum de carácter tecno termina con una obra tocada por un percusionista de carne y hueso. Eduardo Mateo se hizo cargo de la percusión junto a la (magnífica) guitarra tocada por Jaime. Es un samba- candombe con el fantasma de Chico Buarque detrás y la influencia de “Mateo solo” delante. O un regreso fugaz a “Para espantar el sueño”. De las más hermosas y viscerales canciones de JR; oda a la libertad sexual y sensorial. “Y te hizo cantar una vieja canción/ Y te hizo dormir en un viejo colchón/ Y te hizo sentir como en un chaparrón/ El susurro del pasto festeja por vos”.

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