AL, observada desde el imperio estadunidense por Ruben Montedonico

De las ideas que me dejó prendidas mi querido amigo Robinson Salazar Pérez, docente colombiano radicado en México, me adueño ahora como guía para esta nota.

El alboroto que notamos en las tendencias internacionales donde se asientan la economía, la política, las decisiones de los barones del dinero con los grandes monopolios que controlan las redes del poder y los organismos internacionales -con fuerte incidencia en las repercusiones y comportamientos de la sociedad- son derivados de los engranajes y ajustes que devienen de las entrañas más profundas de sus autopotestades, como respuesta a las circunstancias y sobresaltos emergentes de las crisis y los fracasos del modelo neoliberal, con resultados que provocaron graves desigualdades, enorme pobreza, desgaste de los instrumentos políticos de la gestión estatal e insuficiencias para detener la catapulta de problemas que generaron sus inconvenientes decisiones.

En la carpeta gerencial están incluidos dos proyectos con pocas diferencias entre sí: uno -del interés de una élite global-, que tiene como principio “el mercado remplaza al Estado”, y otra más local, que sostiene: “Nosotros venimos a solucionar los problemas del país y a cambiar la vida a toda la población”, bajo el paraguas de la individualidad inteligente e impoluta. El ‘Estado Profundo’ -mediante sus redes de influencias y presiones- atribuyó la compleja trama de rearmado para imponer una realidad de lo posible que posibilitara al neoliberalismo instalar el modelo de sociedad con su respectivo reglamento jurídico que destruyera los cimientos del antiguo Estado Nacional, desembarazándolo de los bienes estatales, la venta de sus activos, otorgó permisos para privatizar los recursos estratégicos, adecuar las normas en áreas laborales, educativas, telecomunicaciones, a fin de dejar el libre acceso a IP, de grandes consorcios económicos, y, en particular, sujetar a los países a las decisiones internacionales o ligadas a intereses de EEUU. En Ecuador parece que tenemos el ejemplo más evidente: el presidente Diego Noboa ve cuestionada su autoridad desde la revista Raya que informó que un envío de plátanos a Europa fue interceptado por trasladar cocaína: contenía documentación de la empresa comercial dirigida por el mandatario.

Las complicidades y la corrupción posibilitaron la construcción de un Estado putrefacto y falso, contrario a la ciudadanía indefensa, carente de soportes institucionales que le brindaran garantías a esta. De igual forma se adecuaron los espacios para delinquir impunemente con trasiegos de armas, drogas, trata de blancas, incentivación de corrientes migratorias cuando fueron necesarias, adquisición de herramientas de espionaje, deserciones del sistema judicial y de seguridad pública, que le dieron formas de acción a sociedades sin protección, sujetas a los vaivenes de la violencia y la desconsideración de los humanos que vivimos en países de América Latina.

El asunto toral no es la existencia de células terroristas, sino el tema del tráfico de drogas, fenómeno que tiene vínculos enraizados con el tráfico de armas, trata de blanca, de órganos, contrabando de mercancías lícitas e ilícitas, servicios de agentes de combate, como justificación para intervenir a través de agencias gubernamentales con supuestas ‘colaboraciones’ para coadyuvar en el combate al narcotráfico que, en esencia, son enclaves de sojuzgamiento y ejecutoras de políticas en favor de EEUU. El 18 de junio de 1971 Richard Nixon sancionó el inicio de la guerra contra las drogas, seguida luego por los gobiernos regionales ‘amigos’, y algunos hasta hoy. Según dice mi computadora la declaración beligerante se sustenta en que “La guerra contra las drogas es una política impulsada por el gobierno de EEUU, orientada a la persecución de la producción, comercio y consumo de ciertas sustancias psicoactivas, a las que se atribuye el estatus legal de drogas prohibidas, drogas consideradas no medicinales”.

En EEUU también existen organizaciones de narcotraficantes con similares finalidades que las bandas de América Latina, sólo que allá las “denominan pandillas o clubes de motociclistas”, pero su labor es recibir las toneladas de drogas, distribuirlas desde la frontera -operando bajo las redes que tienen clasificadas por demanda, niveles de consumo, tipos de droga con mayor consumo, número de otros “clubes de motociclistas y pandillas”-. Hells Angels Motorcycle Club, Outlaws Motorcycle Club, Bandidos Motorcycle Club, Mongols Motorcycle Club, Sons of Silence Motorcycle Club; bandas denominadas Gangs, Aryan Brotherhood, Crips y Bloods, entre muchas más, se extienden como distribuidores por todo el país.

La estrategia actual de EEUU en AL es ligar narcotráfico con terrorismo, lo cual consiste en recuperar la tesis instrumental intervencionista de Nixon en 1971: la guerra contra las drogas fue puesta en operación en 1973 con la creación de la DEA. Los enormes flujos de argumentos sobre la construcción de los cárteles están en la narrativa seductora y atrayente de subjetividades colectivas difundidas masivamente a través de los medios desinformativos, novelas, cine, música, libros, relatos, series televisivas de Netflix y hasta cátedras universitarias especializadas en narcotráfico, narcocultura, cárteles regionales, narcoinfluencers, etcétera.

“Trump es un demagogo, oportunista, un súper poderoso empresario que asumió el poder y sabe lo que quiere. No es ningún desquiciado. Es el hombre indicado para llevar adelante la estrategia de recuperación del poder imperial” señalaba el paisano colega Carlos Pérez Pereira (fdo.).

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