Analía Matyszczyk, periodista: Me han destrozado en las redes sociales

Todas las mañanas nos despierta con sus entrevistas en Desayunos Informales junto a otros colegas y se hace notar por su forma incisiva de preguntar.  A pesar de su cara de mala, es muy divertida y rápida para responder o evitar preguntas incomodas. Tuvimos un ping pong de casi dos horas con esta integrante de la renovación periodística en nuestro país.

Por Nicolás Martínez y Alfredo García / Fotos: Rodrigo López

PERFIL:

Nació hace 36 años. Vivió dos años en Malvín y luego se mudó a Carrasco con su familia. Su padre es ingeniero químico y su madre psiquiatra. Tiene dos hermanos mayores, Florencia de 38 años e Ignacio que murió en un accidente de auto en 2004. Fue a la escuela y al liceo en el Crandon. Hizo Comunicación en la Universidad en Buenos Aires. Al año volvió e hizo la Licenciatura en Comunicación en la Universidad de Montevideo.  Su hijo Simón tiene seis años.

¿Qué profesor te marcó en Comunicación?

Ramiro Podetti me despertó mucho la inquietud por el estudio de lo cultural y la teoría de la comunicación. También Belén Amadeo, que es una politóloga argentina, me marcó mucho.

Terminás la carrera y te vas a Barcelona.

Terminó la carrera y trabajo dos años.

¿Dónde?

Empecé a trabajar antes de terminar la carrera en la revista Paula. Yo fui muy rebelde en la universidad, más de lo que soy ahora. Pero en la universidad confrontaba mucho, sobre todo con las ideas vinculadas a la religión.

¿Sos católica?

Sí. Yo soy católica. En ese momento de mi vida estaba como cuestionando todo. Me amigo con la religión más de grande. Ahí estaba muy anti todo, contra todos los dogmas. Fui muy peleadora en la facultad.

¿Y empezás en Paula?

Empiezo en la revista Paula, donde maté toda mi rebeldía. Y termino renunciando unos años después. Estuvo muy bueno igual, fue mi primer trabajo formal. Y después renuncié para ir al semanario Crónicas, donde estuve un año, hasta que me voy a hacer un máster a Barcelona. Allí me quedé tres años.

¿Por qué?

El máster fue un año y medio, y después me quedé trabajando en El País.

Eso es una escuela importante, ¿no?

Sí, muy lindo, y aparte con una singularidad distinta que era ser extranjera en ese universo. Hay un ojo crítico distinto que te curte, te va formando de una manera diferente. Traés una cultura distinta, más allá de las semejanzas que existen. Aterrizo ahí en el momento donde ya estaba toda la ebullición independentista.

¿En qué sección estabas?

Estaba en lo que ellos llaman “Sociedad”, yo estaba en la delegación de Barcelona del diario El País.

¿Eran muchos?

Sí, era una delegación grande, la verdad, y empezó a ganar más jerarquía. De hecho, en esos años inauguran lo que era El País Cat, una versión en catalán. Me gustó mucho, fue una linda experiencia. Ahí también me surgió la disyuntiva de decidir qué plan de vida quería finalmente construir, porque ya hacía tres años que me había ido. Mis compañeros que estaban trabajando ya estaban mucho más consolidados en sus puestos en el circuito mediático de nuestro país. Y ahí frené y dije: “¿Qué quiero hacer?”.

¿Querías volver?

Quería volver porque tenía como un sentimiento de soledad, extrañaba mi familia, mi entorno, mis amigos. Me cuesta mantenerlos a distancia. Quería la cercanía, estar acá.

¿En qué año volviste?

Fines del año 2016. Uno se va a hacer un máster, pero no es algo que esté capitalizado en nuestra profesión, nadie le da bola. El máster tiene una jerarquía, pero no tiene un efecto rebote sobre permitirte encontrar un mejor trabajo. Hice contacto con Alejandro Amaral, Carina Novarese y Martín Aguirre, para empezar a tantear. Ahí se da la salida de César Bianchi de Santo y Seña y entendí que iba a haber algún movimiento. Mandé currículum, hicimos algunas pruebas y quedé. Y empecé a trabajar en Santo en la temporada 2017 con Nacho Álvarez, pero renuncio después de una temporada.

¿También trabajaste en El Espectador?

Cuando me voy del programa de Nacho Álvarez empiezo a trabajar para El Observador y surge también la oportunidad de hacer la producción de la mañana de El Espectador. Aquel programa con Walter Pernas, Darío Klein y Leo Haberkorn en el que no iba al estudio, pero lo hacía por teléfono. También estaba Fabián Werner. Iba muy temprano, entraba a las cinco de la mañana y después al diario. Y ahí estaba hasta las once de la noche. Estaba en “Actualidad”, con Paula Scorza, Martín Natalevich y Natalia Roba, que eran los editores. Y ahí quedo embarazada y no podía estar de la cinco hasta las once de la noche. Dejo la radio y me quedo con el diario y termino teniendo un parto prematuro. Así que se complicó y renuncio.

¿Qué pasó entonces?

A los diez días me llama Sebastián Auyanet que, con Ana Laura Pérez, junto a los compañeros de la diaria estaban iniciando el proyecto “Verificado”.

¿Agarraste ahí?

Me enganché desde principios del año 2019. Ya perfilando lo que iba a ser la campaña, se hicieron unos cursos de formación financiados por Google y Facebook. Toda esta experiencia con nuevas conexiones internacionales superinteresantes. Y fue una experiencia muy linda, porque si bien esta cosa de juntar medios de comunicación ya había sido hecha en otros países del mundo, la experiencia uruguaya tuvo la singularidad de ir un poco más allá. Además de los periodistas de distintos medios y la sociedad civil, tuvo a la academia. Participaron cuatro universidades. Y eso le dio una riqueza bastante distinta.

¿Y luego?

Y después entro a la UNESCO y me llaman de TV Ciudad para la primera temporada de La Letra Chica.

Duraste poco ahí. ¿Te aburriste?

Nosotros estábamos en La Letra Chica cuando sale electa Carolina, era la administración de Federico Dalmaud, y estaba Alejandra Casablanca como productora de La Letra Chica y Pablo Arriola, que es un tipazo. Me voy porque salía muy tarde y tenía un hijo de un año y medio. Además tenía el trabajo en la UNESCO. Para mí fue volver a la tele después de Santo y Seña, que tenía una impronta muy fuerte. A veces yo tenía ciertas diferencias sobre cómo encarar el programa con Nacho Álvarez, pero quedás como enganchada en ese perfil. Había cosas que me incomodaban de esa manera de trabajar. Es la realidad.

¿No es el periodismo que te gusta hacer?

Yo tuve diferencias con él, en cómo encararlo. El periodismo de investigación que él hace tiene ciertos énfasis en algún estilo que yo no comparto. Entonces salir de ahí fue un poco costoso. Estuve dos años fuera de la pantalla y eso me había alejado un poco del circuito de los medios. La Letra Chica significaba volver y el desafío de trabajar en un canal público de televisión también me hacía mucha ilusión.

Así que tu ida no fue por conflictos internos en el canal.

Terminamos en muy buenos términos, es la verdad. Estoy muy agradecida de haber podido tener la oportunidad de trabajar en un medio público. Era algo que quería hacer en algún momento de la trayectoria. No sé si yo les gusté a todos. Hablábamos sobre cómo perfilar el programa. Recuerdo alguna entrevista con Carolina Cosse que fue un poco dura. Justamente la primera que dio después de haber sido electa. Claro, ella venía al canal de la Intendencia y fue una entrevista con ciertas tensiones y no sé si gustó mucho. Pero fue una linda experiencia que yo guardo con mucho afecto.

¿Y después de ahí, qué hiciste?

Me quedé sin trabajo y entré al Canal 12 enseguida. Integré el plantel de Telemundo Sábados. Se había ido Lucía Brocal. Tuve un pasaje rápido y después se resolvió que Ignacio Martirené dejara Desayunos y que Nicolás Batalla tomara la conducción y yo fuera a la mesa de periodistas. Y ahí estoy.

Desde hace tres años.

Pues sí, desde el 2021 o 2022. Yo soy medio disléxica, me entrevero con los números.

¿Y cómo hacías para escribir siendo disléxica?

No es que tenga una dislexia formalmente diagnosticada. Yo encuentro elementos disléxicos desde que soy chica. Y lo mismo pasaba con mi mamá. Creo que hay algo hereditario ahí. Y cada año me parece que se acentúa un poco más.

¿No extrañás escribir?

Sí, a veces sí. Lo que pasa es que no podría volver al esquema de un diario. Capaz que con un régimen distinto o de colaboraciones esporádicas por ahí que sí. Dejé de escribir hace mucho. Me gustaba escribir. Yo entro al periodismo por las ganas de escribir. También tenía algo con la pantalla. En el liceo tenía una profesora de Idioma Español en primero, que se llamaba Margot Fernández, que fue la primera que me dijo: “Si no vas a ser periodista, tenés que ser escritora”. Tenía faltas de ortografía de chica, pero escribía muy bien.

¿Leías mucho?

Bueno, mitad de tabla. Pero ahora leo.

¿Qué fue lo último que leíste?

Patria. No sé si lo ubican, el de la ETA, de Fernando Aramburu. Muy lindo libro.

¿Te sentís cómoda en Desayunos?

¿Cómo me ves vos?

Con cara de mala.

¿Ahora me ves con cara de mala?

No, ahora no, porque no decís nada y te estás  cuidando.

¿Por qué tendría que cuidarme? Cuando estoy entrevistando es legítimo, capaz haya gente que no lo entienda, me concentro. ¿Viste los bajistas cuando están tocando el bajo y están concentrados? Son personas que suelen poner caras particulares. Yo tengo una cosa: que cuando me concentro y pongo el foco y estoy en esa tensión de la pregunta, escuchar y la repregunta y asociar con lo que había preparado, eso me exige un esfuerzo que se representa en mi cara. Lamento que sea así. Aparte, porque también vengo de un bagaje de ser mina y empezar desde chica…

No te victimices.

Vos sabés lo que era con 20 años ir al Palacio Legislativo con todos los periodistas de fuste veteranos. No era fácil. Era: “Acá viene la chiquilina esta”. Si no ponía mi cara de mala, era bravo.

¿Te acosaron?

No me acosó nadie. Pero enseguida naturalmente te surgía como una coraza. “No quiero que me camine este porque me ve como una pendeja”. Es un mecanismo de defensa. O empezó siendo un mecanismo de defensa y ahora lo tengo completamente incorporado. Y mirá que mi cara ha sido un tema de discusión. Nosotros tenemos después del programa un espacio donde existe una autocrítica, qué salió mal, qué salió bien.

¿Se juntan los cuatro?

Los cuatro y los productores también, y hablamos. Y aparte de hacer autocrítica y pegarnos un poco, chusmeamos muchas cosas del mundillo. Y mis caras han sido un tema de conversación. Traté de atenuarlo. No sé si se notó.

Es uno de los programas periodísticos que hay en la televisión.

No sé quién era que no lo reconocía la otra vez como tal, pero creo que es un lindo espacio periodístico.

Creo que sí, es de los pocos, no hay muchos parecidos.

Te agradezco el cumplido.

No es por vos, estaba pensando en Haberkorn y Nicolás Batalla (risas).

¿Solo ellos? ¡Qué machirulos resultaron!

¿Estás conforme con lo que están haciendo ahí?

Sí. Hay espacio para mejorar, porque toda actividad humana es perfectible. Esperamos estar mejor programa a programa. Ahora, si tenemos que valorar el producto que sale, me parece que tiene una calidad informativa relevante para la ciudadanía, que en definitiva trabajás para eso, para que la audiencia que te está mirando se pueda llevar información procesada.

¿Tienen buen rating?

No miro mucho eso. A veces llegan planillas y hasta me cuesta decodificar la gráfica. Marca bien. Si me decís cuál es el rating, lo desconozco, soy franca. Pero sé que hay veces que nos ganan. Sin embargo, generalmente creo que nos va bien.

¿El periodismo en Uruguay está absolutamente en decadencia?

Creo que se han ido perdiendo espacios de relevancia dentro del periodismo. Por cierre de radios.

¿Hablás de El Espectador?

Estoy pensando en El Espectador. Y no quiero decir con esto que la nueva propuesta sea mala porque, de hecho, la consumo.

A vos te gusta el deporte.

Me gusta el deporte y lo consumo, y me parece que está genial. Ahora, no deja de dolerte el hecho de que a una radio periodística no hayan encontrado la manera de reformularla de alguna forma para que pudiera sobrevivir. No lo sé. Eso hace que se pierdan espacios de relevancia periodística, de entrevistas que para mí son muy valiosas. Sí, está un poco en decadencia. Y también hay una apuesta muy pobre en periodismo en los canales de televisión. Hay poca apuesta y gana mucho más el entretenimiento. Y bueno, habrá que ir encontrándole la vuelta.

¿La verdad sigue siendo el centro del oficio?

Yo creo que más que llegar a la verdad se trata de que la información sea de calidad. La verdad la terminan componiendo cuarenta perspectivas distintas. En la medida que se pueda acceder a ellas, me parece que es lo más valioso. Desde mi perspectiva, hay que tratar de aportar con información de calidad en los temas que te toquen. Tampoco vas a dominar todos los temas que hoy están en agenda. Por eso me parece que la pluralidad del equipo de Desayunos permite eso de alguna manera. Hay temas donde cada uno se sabe mover o se desenvuelve con una cintura distinta y eso puede ayudar a generar información de calidad.

¿Qué sería información de calidad?

Ayudar a comprender, a destrabar temas. Acercar la información a la gente y ayudarles a las personas de alguna manera a creer. El periodismo debería de ayudar a crear el presente social de las personas. Las personas crean un presente social en donde viven, ni que hablar por su familia y su entorno más cercano, pero también por lo que consumen de lo que está pasando. Y eso es una responsabilidad del periodista. Ser los historiadores del presente. Y para eso tenés que tener una rigurosidad, un profesionalismo que va de la mano con trabajar la información y hacérsela llegar a la audiencia con esa responsabilidad. Entonces sí les estoy entregando muchísimo valor.

Se apuesta más que nada a entretener.

Puede existir también el infotainment como un producto complementario.

¿Aporta a crear el presente social de las personas?

Creo que es un producto más de la grilla que se puede consumir. Vos podés consumir Desayunos Informales y vos mismo en un momento del día capaz que ves La culpa es de Colón. La mirás un rato y apagás la tele. Yo qué sé. ¿Es un producto más que mide más que los otros? Sí. ¿Que da más plata que los otros? Sí. Creo que está la responsabilidad de todos los medios de comunicación de entender que trabajamos con información que es un bien público. Por más que haya fines de lucro en todas las empresas que naturalmente existen y quieren vender más, creo que tiene que haber esa conciencia y esa responsabilidad por un bien público que es la información para la ciudadanía.

¿Ves al periodismo como elemento transformador?

Sí es un elemento transformador, es lo que ayuda a desgranar. Por eso son tan importantes las entrevistas. Y creo que perdimos un gran espacio de relevancia, hablando de Desayunos Informales, al no poder entrevistar a Yamandú Orsi.  Solo lo entrevistamos en el periodo de las  internas, cuando competía con Carolina. Creo que después, ya compitiendo de cara a octubre y de cara al balotaje, se prestaba para un espacio de relevancia donde el periodismo iba a analizar una cantidad de entramados alrededor de un candidato a la presidencia, que no se pudo hacer.

No se crean tan importantes (risas).

Claro que es legítimo que el candidato no quiera asistir a un programa, tiene todo su derecho. Ahora, también es legítimo hacer la crítica de qué pena me da haber perdido un espacio de relevancia periodística para la ciudadanía.

Se lo dio a Petinatti, ya está.

Petinatti no es un periodista.

Pero fue una mejor entrevista que muchas de periodistas profesionales. ¿No hay mucho vedetismo en el periodismo uruguayo?

Ojalá que no. Supongo que sí, que hay alguna expresión aislada.

¿Quiénes son?

No voy a señalar con el dedo a un colega.

¿Tenés miedo?

No, no creo que corresponda.

¿Nacho Álvarez no es una vedete?

 Eso pregúntaselo a él.

¿Gabriel Pereyra no es una vedete?

No, no creo que Gabriel sea una vedete.

¿O sea que Nacho sí? (Risas).

Creo que Ignacio Álvarez es un tipo que se desenvuelve en una forma de hacer periodismo con mucho show. Se envolvió con diarios desnudo en el poste de la esquina de Radio Sarandí por una apuesta y subió fotos. Cuando conducía Las Cosas en su Sitio y se empapeló.

Con VOCES no fue, ¿no?

No sé cuál era el papel de diario, pero hizo eso. Y fue un show que yo creo que no suma. Él está en esa cosa entre la broma y lo que lo convierte en una vedete o en un show. Ya dije que para mí es un loco muy talentoso. Pero tiene esta singularidad a la hora de ejercer la profesión. Creo que tiene talento y es un tipo inteligente.

Da la impresión de que los periodistas necesitan ser reconocidos.

Hay un tema de vanidad.

“La primicia es mía”. “Yo lo dije primero”. Leo tiene ese defecto, lo hizo varias veces.

A veces entiendo que detrás de ese “Yo primero” hay mucho tiempo de trabajo.

¿Pero, en el mundo actual importa tanto quién fue primero? ¿Cuánto te dura? Tres segundos.

Y depende de la jerarquía de lo que estás comunicando. A veces no es fácil conseguir ese dato y podés estar muchos meses. Es lógico que quieras el crédito de algo que venís laburando. Si hacés que renuncie la cúpula ministerial por alguna noticia que implicó tu trabajo periodístico, creo que vale el reconocimiento.

¿Cuánto joroban las redes sociales a la tarea periodística? Porque ahora todo el mundo se cree periodista.

Las redes sociales son cada vez más bravas. Tengo Twitter. Antes, en la época de La Letra Chica, que parecía que la comunidad me aceptaba más, tuiteaba mucho, mucho. Contaba cosas que hacía en mi casa y cosas así.

¿Maduraste?

Maduré. Me han destrozado en las redes sociales. Me insultan porque hacés una entrevista a alguien que no les gusta. Entran los descalificativos. Y es difícil a veces enfrentarte porque abrís la aplicación y tenés ciento ochenta notificaciones de insultos. Y eso te va desestimulando. Prácticamente que tengo un uso muy pasivo en donde sigo a las personas que me interesa leer.

¿Te afecta que te insulten?

Bueno, no es inocuo, pero hay que aprender a lidiar con eso, ¿no? O sea, al insulto constante y permanente podés hacer oídos sordos, pero la realidad es que está ahí. A veces es interesante igual recorrer, más allá de los insultos y la ordinariez, para ver qué te están criticando. Si es meramente un camisetero que no tiene ningún argumento o hay algunas críticas que las podés tener en cuenta.

Te dan para adelante también.

Sí, pero Twitter se volvió una red social del odio, mucho palo, mucha agresividad. Estoy en una etapa tranquila ahora, creo.

¿Cómo juega la urgencia del clic en el periodismo, en la información?

Bueno, es inquietante. Hay una carrera por esa lógica, no la comparto. Prefiero salir más tarde con una calidad informativa más trabajada que salir rápido y correr el riesgo de cometer errores. Es un aprendizaje. Eso nos ha pasado, Me ha pasado. Esa ansiedad que está instalada y que te empuja puede hacerte cometer errores o descuidar cosas elementales del proceso periodístico. Y termina siendo desfavorable, me parece.

¿Hay falta de responsabilidad ética ahí?

Sí, ética profesional. Es el apuro que te hace descuidar. Deontología, que es la ética aplicada a la profesión.

Nunca estudié eso.

Bueno. ¿Sabés lo que decía Jorge Lanata?: que los buenos periodistas tienen que estudiar cualquier cosa menos periodismo. Era un anti Licenciatura de Comunicación.

A mí me parece bárbara la licenciatura. Creo que da un montón de instrumentos pero a las nuevas generaciones les falta lectura de cultura general.

No leen. Hay como un desfasaje generacional que existe. El gran diferencial entre un periodista y otro es el bagaje de lectura que tiene. No en las grandes obras literarias. Cualquier cosa que leíste te da un input siempre para encarar. Por eso hay que leer los diarios. Hacer medianamente un seguimiento de las columnas de opinión.

¿Cómo te parás frente a esa tendencia de algunos periodistas a mostrarse como neutros?

Yo creo que un periodista es una persona subjetiva. Cualquier ser humano es el resultado de las vivencias que ha ido atravesando a lo largo de toda su vida. Y de eso no te vas a despojar nunca.

Hay una escuela de los que dicen: “Yo hago periodismo objetivo”.

No, yo no creo que el periodismo sea objetivo, es profesional. Yo creo que la objetividad en sí misma no existe. O sea, estamos parados acá y hay un accidente de tránsito. Vos vas a contar desde esa esquina lo que viste y yo voy a contar desde atrás lo que vi y podemos relatar de un mismo hecho dos cosas distintas. ¿Qué termina siendo la objetividad, si la terminan construyendo personas subjetivas? Legítimamente subjetivas. Ahora, en la construcción de generar contenidos de calidad no te vas a valer únicamente de tu impresión. Tu impresión va a existir en todos los temas. Es algo como irrefutable. Pero me parece que la rigurosidad y el hecho de volverte un profesional del periodismo en sí te implica  el fuenteo, el llamado, el contraste y ahí salir a la cancha con todos esos elementos que, más allá de que estén atravesados por una singularidad, los puedas volcar con rigurosidad.

¿Hay honestidad intelectual en mostrar las cartas de lo que uno piensa?

No creo que uno tenga que decir qué vota. Yo no soy de la escuela de que el periodismo no tiene que votar y toda esa cosa que se dice que está un poco de moda.

No te metas con mi amiga Patricia.

No es la única que no vota.  A mí no se me ocurre suspender mi expresión soberana del voto por ser periodista. Todo lo contrario, manejo muchísima información.

¿A quién votás?

No corresponde que te lo diga.

Pero el cuadro de fútbol lo decís.

Claro, porque no me dedico al deporte.

¿Perdés credibilidad por decir a quién votás?

No sé. Yo no critico decir a quién votar. Elijo no hacerlo porque creo que puede complicar a la hora de hacer una entrevista. Pero obvio que voto. Me encanta ir a votar. Voto todo lo que pueda votar. Levanto la mano y voy.

¿Hay operadores políticos en el periodismo?

Creo que si son operadores, no son periodistas, son militantes, son políticos. Para mí el término “periodista militante” u “operador” no existe. Esos periodistas no son tales. Sí, puede haber gente que tenga intención de operar políticamente.

¿No te consta? Son todos asépticos y buena gente.

Alguno puede tener algo de eso. De ahí a que lo consiga. ¿En quién estás pensando vos?

Preve.

Es incómodo ponerse a valorar el trabajo de otros colegas. Es una posición incómoda. ¿Vos sos radical en lo que pensás de Preve?

Yo creo que no hace periodismo objetivo.

Vos no creés en el periodismo objetivo.

Creo en la práctica del periodismo serio. Hay gente que no es honesta y busca protagonismo a cualquier precio.

Sí, es verdad. Creo que hay algunos exponentes.

Tenemos varios. ¿Cuáles son?

No me gusta hablar de los colegas. Cada uno sabe el trabajo que hace.

Resultaste blandita.

No creo haber sido blanda, creo haber contestado lo que preguntaron. Soy genuina. No me gusta levantarle el dedo a un colega.

Hablamos de Ignacio Álvarez y dijiste que no te gusta su estilo. ¿Te gusta el estilo de Preve?

No, no lo elegiría tampoco. Son estilos que están en la vuelta. ¿Vos me ves haciendo un trabajo parecido al de Álvarez o al de Preve?

A veces, sí (risas).

¿En serio, en qué? Mirá, se pudre todo.

Se están usando muchas veces los canales periodísticos para hacer política encubierta.

Es un riesgo caer ahí.

Y creo que eso afecta a la profesión. Es un laburo que implica…

Ser el contrapoder. Claramente hay que ser el contrapoder. Entonces, como dicen los manuales de periodismo en las primeras páginas: el watchdog, como dicen los yanquis.

¿Está bien la concentración de medios?

Sería favorable que no existiera tal concentración, ¿no? Pero bueno, está dado así el mapa. Lo que pasa es que sabés lo que cuesta abrir un medio de comunicación y es desalentador. Es una industria que está en crisis, hace décadas que está en crisis. Mirá lo que es la precarización laboral, es tremenda. El multiempleo. El esquema de facturación.

¿Vos tenés una empresa unipersonal?

Sí, claro, yo facturo.

¿El multiempleo diversifica o diluye la profesión?

Creo que es valioso porque te permite estar en distintos formatos y eso te enriquece como profesional. Pero la verdad es que la mayoría de la gente accede al multiempleo porque se paga muy mal. Tenés una responsabilidad tremenda, una exposición muy grande muchas veces y te pagan dos pesos, esa es la realidad. También está el tema de la inestabilidad. Con mucha suerte podés tener como la proyección de un año en el caso más afortunado. Después cambia la temporada y cambian las personas.

Por eso se van a cargos de gobierno, porque les dan estabilidad por cinco años.

Este pasaje se da y cada vez más, y para mí lo vamos a seguir viendo todavía más.

Se dio también en el gobierno de Lacalle Pou.

Pero creo que hay un matiz con el gobierno de Lacalle Pou y creo que capaz que antes, también. Hay una diferencia con este. Primero en lo numérico, creo que fueron menos y fueron desconocidos. No eran tan de primera línea como Martín Lees, Blanca Rodríguez o Iliana da Silva.

Una cosa es lo que hacen Blanca Rodríguez o Mónica Bottero, que son candidatas. Otra cosa es una persona que va a un cargo técnico de comunicación. ¿Es un viaje sin retorno?

Sí, porque si el cargo técnico es aparecer como jefe de comunicación de un ministerio, ponele, no hay retorno. Ahí dejaste de ser periodista. Para mí sí. Entiendo que es opinable. Y bueno, también es una cuestión laboral, si no tenés laburo, algunos volverán. Yo creo que es legítimo el cambio, porque en un momento de tu vida querés dejar de ser periodista para empezar a dedicarte otra tarea profesional. Adelante. Pero dejás de ser periodista.

¿No hay segundas oportunidades?

Creo que volver a ejercer el periodismo después que estuviste al lado del poder te compromete.

Depende del cargo que ocupaste.

No importa, sos gobierno. Bueno, creo que habría que ver caso a caso. En términos generales, si estuviste trabajando en la comunicación de un gobierno, fuiste parte de un gobierno, contribuiste a la estrategia de comunicación para mitigar lo que le sale mal y exaltar lo que le sale bien al gobierno.

¿Perdés credibilidad?

Sí. Te enfrentás a tu público, a quien le debés la credibilidad y la confianza, un poco sesgado. Un poco no, sesgado. No digo que esté mal hacerlo, sobre todo porque se paga mal. Y también en algún momento de la vida puede haber alguien que diga: “Tengo la convicción de que acá voy a estar contribuyendo a este presente social de las personas desde la política pública”, y me parece súper válido, ¿entendés? Ahora, dejás de ser periodista.

Da una impresión del periodismo inmaculado parado en un pedestal, que no se puede manchar con nada.

Ojalá lo fuera, porque ahí empezarían a pagar mejor.

Estamos en el barro, somos el chancho en el chiquero. ¿Qué inmaculado?

Sí, somos eso. Pero somos una actividad importante, y deberíamos ser algo más cuidado.

¿Hay una ética del silencio en el periodismo? Cosas o noticias que no se cuentan. Por ejemplo, pienso en el empresario de Magnolio.

Es un tema de una gran sensibilidad.  Hablemos. Yo no formo parte del Encuentro de Periodistas. No me invitaron a tomar vino al garaje de Darío Klein. Empezó así en su momento. Ya no es más. Parece que ahora se abrió la invitación a todos aquellos que quisieran ir en una primera instancia. Yo pensé que iba a ser una instancia más íntima para evaluar lo que había sido la primera salida.

¿Vos sabés quiénes son?

Sé de algunos, no sé de todos, son como cuarenta.

¿Es público o tienen un pacto de omertá? ¿Son como los masones?

No creo que esté la vocación del anonimato, pero no sé tampoco si en algún lugar podés consultar formalmente quiénes lo integran. Me parece que ahora están en una etapa de construcción. Creo que es un espacio interesante para los periodistas, yo comparto el espíritu. Pero me parece que la primera salida tal vez debería haber sido más cuidadosa. Se podría haber revisado alguna cosa con un poco más de precisión antes de publicarlo. Pero bueno, es parte del aprendizaje, como todo.

¿Y el silencio con respecto a Magnolio? Porque muchos medios se callaron la boca.

Mirá, por ejemplo, nosotros no dimos la noticia en Desayunos. Antes de salir al aire hablamos de que le prendieron fuego el auto a de de Posadas. Teníamos armado todo y dijimos: no lo vamos a dar. Porque no entendíamos que calzara con lo que iba a ser la agenda. No lo quisimos dar pero no fue por presión. Porque, en definitiva, a las ocho y media de la mañana a un tipo le prenden fuego la camioneta en la puerta de la casa… Vamos a ver cómo avanza.

No es cualquier tipo.

Pero no teníamos tanto elemento más que decir: “Se prendió fuego el auto”. Me parece que estaba muy incipiente la noticia y a nivel de equipo se resolvió que íbamos a esperar. Ni llamada ni nada, por lo menos en el caso de Desayunos.

Si no dijeron nada, ¡qué van a llamar!

Porque está la suspicacia de los medios que no lo dieron porque llamaron. En el caso nuestro, no. Entiendo que en algunas otras situaciones se dieron llamados.

Les falló el olfato periodístico. Fue una noticia importantísima por lo que representa el hecho y quién era.

No, la verdad que no fue así. ¿Qué sabemos? Y estamos esperando. ¿Qué avanzó la fiscalía? Estamos más preocupados por los medios y no tenemos algún dato concreto de la investigación de por qué se le prendió fuego el auto. Eso sería lo relevante ahora.

Y los medios que lo dan y lo bajan, como actitud, ¿te parece correcta?

No estoy de acuerdo con nada que limite la libertad de expresión. La siguiente pregunta debería ser: ¿es todo publicable? No, hay cosas que se tienen que trabajar, que se tiene que consultar antes. Tiene que ver con la inmediatez de la que hablamos.

No hablamos de la profundidad de la información, hablamos de si hay temas tabú.

No, no creo.

Entonces, ¿todo es publicable?

No son sinónimos. No es análogo el razonamiento. Te voy a poner un ejemplo. Vos recibís una información. Darla va a perjudicar la vida de una persona. ¿La das o vas a esperar a que avance para darla? Esto es un dilema que ha pasado en varias redacciones. Unos eligen darla igual, poniendo en riesgo la vida de personas. Vos preferís publicar porque todo es publicable o achicar y pensar. Vamos a ver cómo avanza. Tenemos la información. No es que me quedo sin hacer nada, me sigo moviendo, voy ampliando y salgo más adelante. Hace poco, Patricia Madrid había contado que se había recibido la información de un acoso en Torre Ejecutiva en el último gobierno de Vázquez y que, teniendo la información, habló con la víctima y le preguntó: “¿La damos?”. Y la víctima dijo: “No la des”. ¿Qué tenía que hacer? ¿Darla o no darla? ¿Es todo publicable? No sé.

O el famoso ejemplo de la corrida bancaria.

Hay que tener sentido de la responsabilidad de la información.

El debate que se plantea es si los medios están controlados o no en el Uruguay. ¿Hay presiones permanentes que condicionan a los periodistas?

No, yo creo que no, por lo menos en donde yo trabajo. Si hay llamadas arriba, a Cardoso o a alguien, las debe haber porque siempre hay alguien incómodo por una entrevista. A nosotros los mensajes en el piso no nos llegan, ni uno. Todos sabemos que alguien llama: “Mirá que me pelearon, mirá que me agitaron”. Lidiás con eso. Ahora, que haya una bajada de línea diciendo: no vamos a entrevistar a esa persona, vamos a pedir perdón por lo que hicimos. Eso no.

¿Hay presiones de los anunciantes?

Yo no he recibido. Está el tema de la PNT (Publicidad No Tradicional), que no debería existir. Es cuestionable.

¿Ese Encuentro de Periodistas es un movimiento de periodistas no sindicalizados?

No, está Pilar Tejeiro y otras personas que son de la Asociación de la Prensa (APU). Algunos están sindicalizados.

¿Por qué nunca te afiliaste a la APU?

Por convicción. Es un sindicato de la prensa que creo que no logra representar y defender categóricamente problemas laborales que tienen los periodistas. Me costó mucho, incluso cuando recién empecé la actividad laboral, encontrar periodistas, por esta lógica que tenías que llevar dos firmas para afiliarte. Y creo que hay problemas como el de la precarización laboral del periodista que no son banderas que levante la APU, por ejemplo, y que está consolidándose con mucha fuerza año tras año y no veo que ellos estén haciendo un trabajo en este caso.

A mí me da la impresión de que muchas veces somos estrellitas que no nos llama eso de la solidaridad de clase.

No es un sindicato estrictamente de periodistas. Es de todos los funcionarios de la prensa. Bueno, en esta lógica no encuentro la representación de los problemas que son importantes para la vida laboral de los periodistas. Y además, me parece que existe un sesgo dentro del sindicato. No lo veo muy plural. Igual me parece valioso que exista. Creo que está un poco devaluada la actividad de defender y representar las condiciones laborales de los periodistas, veo que están en un debe. No quiero ser tajante. Me obligás a ser tajante.

En definitiva, la prensa es un desastre y los periodistas no se…

Se perdieron espacios de relevancia. Ojalá se puedan recuperar o por lo menos potenciar los que hoy están.

¿Qué te gustaría hacer en el periodismo que no has hecho?

Me gustaría tener un ciclo de entrevistas.

¡Pah! Viviana Ruggiero dos.

¿Por qué? ¿Lo decís por los encuentros en El País? No, no me gustaría tener una entrevista, porque viste que yo te dije que soy una psicóloga frustrada. Te voy a dar esta idea, y estén atentos a ver si hay alguien que me la roba. Me gustaría tener algo como en el diván.

Lo hizo Moria Casán con una cama.

Me gustaría poder jugar con eso y con todo el respeto a quienes usan el diván como un recurso terapéutico. Jugar un poco con el diván, pero generar esa intimidad para poder acercarse a la persona. Mezclar el lado conocido con el lado no conocido.

Lo que hizo Facundo Ponce de León con Vidas.

Yo creo que lo podría hacer distinto. Me parece muy valioso el ciclo de Vidas. Pero yo quiero hacer algo que no se haya hecho.

Cambiás la escenografía. Entrevistas a fondo se hacen todos los días.

No, es el concepto también. O también algo como minidocumentales en la tele.

¿Te picó el bichito de la tele?

No sé si la tele de aire propiamente dicha, pero siempre audiovisual.

Hacé streaming.

Esa lógica de salir a buscar los anunciantes me resulta difícil. No soy comercial.

¿Qué entrevista tenés pensada que nunca hiciste?

Me gustaría entrevistar a todos los expresidentes.

Más trillado, imposible.

No te sirve nada de lo que digo. Me gustaría entrevistarlos. Y después también, en esta lógica, ya de escribir, aunque también se podría pasar a un formato audiovisual. Me gustaría como reconstruir el relato de la vivencia singular de los hijos de los desaparecidos o de presos políticos incluso. Porque dado que la otra voz ya ha sido ampliamente explotada, digamos, me parece que hay una voz nueva, de nuevas generaciones, que reconstruye el episodio desde una vivencia distinta. La ausencia de padres militantes o presos, ¿cómo se vive en esa lógica? Hay un reclamo muy grande de hijos a padres en ese sentido. Lo interesante es llegar al carozo de las personas, no a lo que está superficial.

¿Cómo se lleva el periodismo con la inteligencia artificial?

Uso inteligencia artificial sobre todo para consultas menores. No la domino y no la uso con el potencial que creo que tiene para usar. Todavía no sé si la sé usar bien. Pero es verdad que me estoy familiarizando.

¿Pensás que puede sustituir el trabajo de los periodistas?

Espero que no, creo que puede tener una gota de interpretación. Dice Martín Buscaglia que no le gusta la inteligencia artificial, y propone la inteligencia natural. Creo que todavía hay un gran campo para explorar dentro de la inteligencia natural. Que lo estamos dejando a un lado.

¿A quién admirás periodísticamente o tenés como un referente?

Oriana Fallaci, una gran entrevistadora y por supuesto: Entrevista con la historia, un librazo. Bueno, también, a nivel internacional, Tomás Eloy Martínez. Y en el ámbito nacional, Leo Haberkorn es un tipo clave. Pasa que yo crecí con Leo, como el periodista y escritor, y trabajar con él ahora realmente como que es un orgullo. Aparte que es un tipazo. Gabriel Pereyra me parece un referente del periodismo actual, sin lugar a dudas.

¿Cuál fue la peor experiencia que tuviste?

Muchas. En el ciclo de Desayunos a veces nos vamos de hacer una entrevista y decimos: “¡Qué flojo que estuvo todo esto!”. Sin ir más lejos, la semana pasada entrevistamos a una médica en Gaza de Médicos sin Fronteras y sentí que no preparé la entrevista. Que hice agua en la entrevista y me quedé incómoda.

¿Cómo ves el gobierno actual?

Lo veo a Orsi parecido a lo que vi en campaña. Un tipo que tiene una voluntad de hacer y lo acompaña un buen equipo de gobierno. Pero que parece que tiene dificultades a la hora de enfrentarse a preguntas y transmitir propuestas. Creo que se comió algunos garrones, sobre todo por el caso de la ministra Cairo. Y es muy poco tiempo, tres meses y poco. Estamos expectantes todavía, ¿no?

¿Y el gobierno anterior?

Y el gobierno anterior tuvo el episodio de la pandemia que lo favoreció. Paradójicamente, si lo mirás comparado con otros lugares del mundo. Creo que tuvo un mérito grande. Tuvo otros problemas de comunicación grandes vinculados a todo el episodio del Caso Marset. Tuvo actuaciones, como la de Bustillo, que fueron muy decepcionantes para lo que uno espera de un ministro de Estado. Pero bueno, creo que se animó a meterse con la reforma del sistema de jubilaciones, que era algo que ya no se podía patear más. Y alguien tenía que agarrar el fierro caliente. Eso creo que fue un mérito, a pesar de que era poco electoral, ¿no? Y me pareció que no supieron capitalizar las cosas que hicieron bien durante la campaña.

¿A vos te pegaron pila por tu viejo?

Me pegaron duro, sí.

Eras poco menos que una operadora de las AFAP por tener una fuente de primera mano.

No solo esa fuente, tengo mil fuentes. Sí, la usé como usé otras. No es que usaba la fuente de mi padre, yo crecí hablando de jubilaciones. Con mi padre tenemos las charlas de comentar la agenda de actualidad. Desde que era muy chiquita, yo siempre fui inquieta por los diarios y la verdad que el único que me seguía esas conversaciones era mi viejo. Entonces para mí era un tema cercano. No sentí que faltase a la credibilidad en ningún momento. Fue una de las críticas que me hicieron.

Durante el gobierno de Lacalle, Uruguay bajó en el ranking de libertad de prensa según Reporteros Sin Fronteras. ¿Vos lo viviste eso?

No, no lo viví. Ni tampoco lo viví en los gobiernos del Frente Amplio.

¿Los comentarios de políticos con respecto a periodistas son un atentado a la libertad?

Que digan lo que quieran, de hecho nos dicen lo que quieren. Creo que es la única profesión donde viene una persona a decirte que el periodismo se hace así. ¿Vos le decís a un médico cómo se hace una operación?

Automáticamente se ve como un ataque a la libertad de expresión.

Yo eso no lo viví. Si hay evidencia de que eso sucedió, habría que analizarlo.

¿Seguís yendo al fútbol?

Sí. Soy muy futbolera. Y mi hijo tiene butaca. Hincha, socio y butaquista, por supuesto.

De manera que adoctrinás al chiquilín.

Y mirá que no me gusta el pensamiento hegemónico.

Vos sos medio esotérica. ¡Dejate de embromar con los Registros Akáshicos!  ¡Madurá! (Risas).

Para hablar con tanta categoría del tema me imagino que tenés dominio de la información. Tarot, sí; Registros Akáshicos, sí; mover energías. Pero Nacional es una pasión familiar y es intransferible.

¿Qué reflexiones tenés sobre Pepe Mujica?

Las vidas de Mujica, como dijo Haberkorn en su columna. Me parece que es un presidente memorable. Histórico, que terminó su carrera política en un muy buen lugar. Creo que para llegar ahí, y quiero ser cuidadosa con cómo lo digo, tuvo que transitar oscuridades y termina con sus luces, pero también tuvo su perfil de oscuridad. Un hombre con luces y con sombras. Marcó la historia del país; en el escenario político del país, tuvo mucha influencia. Muy inteligente, dejó armado su grupo. Tuvo sus problemas y no estoy hablando solo del pasado guerrillero. En su gobierno pasaron muchas cosas. Él, como gestor, no escapa a la crítica, pero me parece que lo más valioso es que al final de este trayecto histórico político terminó en una actitud conciliadora, madura, evolucionando. Y creo que eso es lo mejor que podemos rescatar del final de la vida.

¿Pensás que supone un problema su ausencia para el Frente Amplio?

Ya lo es. Creo que Mujica fue un eslabón clave para que el Frente Amplio ganara esta elección. Él dejó todo como muy encaminado, muy prolijo, muy planificado para el futuro, pero es un pilar fuertísimo que pierde el Frente Amplio. Y hay una seguidilla de líderes que han ido desapareciendo.

¿No hay nadie de su altura o con potencial?

De lo que era Mujica, y no, ahora no. Creo que ahora hay como un pool de liderazgos notoriamente más modestos que conforman como una fuerza dentro del Frente Amplio. Pero no de la categoría ni de Mujica ni de Tabaré ni de Astori. Hay esfuerzos y está bien, se empiezan a construir. De hecho, cuando un partido pierde, quizá a esos liderazgos tan marcados tiene la dificultad de volverlos a construir.

¿Vuelve Lacalle Pou?

A competir, seguro. A ganar, no sé. Dependerá de cómo le va a este gobierno y al Pacha y a Blanca, que creo que va a ser la dupla. Creo que ese era el plan de Mujica.

¿Puede ser Blanca la primera presidenta de Uruguay?

Creo que la van a poner de vice. Que el titular va a ser el Pacha. Ya debe de estar conversado, debe haber sido uno de los últimos diálogos con el Pacha: “Alejandro, preparate”, le dijo.

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