Entre los rasgos típicos de la cultura uruguaya o modos de ser de los uruguayos se encuentra la ingenuidad o credulidad. El paisano dice: hablando se entiende la gente. En política ha sido frecuente escuchar la invitación al diálogo o a un gran acuerdo nacional. Siempre tiene que ser gran. En esa gramática, se encuentran, por un lado, los cándidos y por el otro los tahúres.
Los cándidos interpretan que las diferencias políticas son caprichos. A veces sí lo son: la mayoría no. Lo que sucede es que las sociedades humanas no son algo homogéneo: son heterogéneas, complejas, abrigan diferencias de opinión, de intereses y de backgruond.
El gran acuerdo -el acuerdo que vale -no el infantil y candoroso- es el acuerdo sobre el modo de resolver los desacuerdos; de resolverlos pacíficamente, civilizadamente. Y ese modo o método para resolver los desacuerdos en las democracias es el voto. El acuerdo fundamental en las sociedades maduras es el voto, el respeto al voto y al resultado de la votación.
No bien instalado este nuevo gobierno se hicieron oír voces tirando arriba de la mesa la propuesta de un diálogo nacional sobre la seguridad social, su reciente reforma y el posterior plebiscito convocado para anularla. En realidad no es un diálogo sobre la seguridad social sino sobre el resultado del reciente plebiscito.
La historia de este asunto discurre de la siguiente manera: el Partido Comunista junto a otros actores periféricos plantea en el seno del PIT-CNT una estrategia –convocatoria a consulta popular- para derrumbar la reforma de la seguridad social que había sido aprobada en el Parlamento después de haberse discutido en una comisión abierta a todos. No consigue que la central obrera apoye esa idea.
A continuación, plantea lo mismo al Frente Amplio y tampoco lo acompañan No obstante este segundo fracaso insistieron con el plebiscito: movilizaron, fueron puerta a puerta, echaron el resto…y perdieron por tercera vez: el resultado del plebiscito fue negativo. Por si faltaba algo, un grupo importante de economistas del propio Frente Amplio les dijo, por escrito y bajo firma, que era un disparate y perjudicial borrar la reforma de la seguridad social. Ahora insisten de nuevo, bajo el señuelo de diálogo nacional.
El Partido Comunista suele abrumarnos con admoniciones sobre la necesidad de escuchar al pueblo y el respeto por la gente. Pero cuando la gente dice algo que a ellos no les gusta retrucan que esa no es la verdadera voz del pueblo. Escuchan lo que quieren oír y si no es de su agrado le buscan la vuelta para no hacer caso.
La convocatoria a este diálogo anunciado es un intento –uno más- de ganar en la liga lo que perdieron en la cancha tres veces seguidas. Esta convocatoria al diálogo no es una invitación honesta para analizar la seguridad social: es para encontrar una forma de tirar abajo la reforma vigente…
¡Y que no me vengan a querer engrupir!
Escribiendo esto me vino espontáneamente a la memoria aquello que canta maravillosamente el mago Carlos Gardel
Bailaba engrupida
Con el flaco Abrojo
Y le vi en los ojos
Le hablaba de amor…
El Partido Nacional, que está abierto al diálogo serio y sin trampas con este gobierno, no va a prestarse a figurar en esta convocatoria para retocar algo que la ciudadanía ya zanjó.






