Quienes predijeron que el triunfo en Bolivia correspondería a la derecha, no se equivocaron: las encuestas así lo presagiaban y cualquiera mínimamente enterado del curso de la política local, lo sabían. Tampoco se equivocaron con el cochabambino Jorge Quiroga; acertaron en que sería segundo para el balotaje. Lo que causó sorpresa fue que Samuel Doria Medina, a quien ubicaban en primer lugar para conseguir el voto popular se quedara estancado en un guarismo parecido al que dio la compulsa de la semana pasada: 20%. Su lugar lo ocupó Rodrigo Paz Pereira, el candidato del Partido Demócrata Cristiano. Vaticinios de todo mundo acerca de un binomio Doria- Quiroga en octubre, fallaron, y me incluyo por dejarme guiar por la opinión general, un cierto desconocimiento del terreno político boliviano (o el shock por el autodisparo en el pie del MAS que causó la demolición del principal partido-movimiento) y por seguir a las encuestas que suelen equivocarse a menudo y les huyo. Escuché más de una hora los desquicios televisados de un panel de derecha que se dedicó aespecular sobre quién ganará en segunda vuelta. Ante el dato que se ofrecía de que la conjunción voto nulo, en blanco y de los indecisos llegaba al 30%, un joven (al lado de un gran conjunto de vejestorios) atildado, de buen vestir y gracia para hablar orientó la discusión a que ello significaba la posibilidad de un “voto oculto”, advirtiendo a los presentes y a los televidentes, que el 17 de agosto ese desliz fortalecería la postulación del izquierdista Andrónico Rodríguez. Luego de tan sesudo subjetivismo manejado como posibilidad, se regresó al aquelarre agregando el nuevo elemento.
Pues en el caso boliviano, sí hubo “voto oculto” y en la práctica casi nadie hablo de él; sin embargo, un colega al que no conozco, Gustavo Veiga (de Página 12, Argentina) en una nota desde La Paz, el pasado día 17, señaló: “En la amplia oferta de candidaturas derechistas parece moderado el senador Paz, tan moderado que tuvo que endurecer su fórmula con la compañía de un expolicía, Edman ‘El Capitán’ Lara. De perfil confrontador y autodenominado ‘candidato viral’, lo echaron de la fuerza por denunciar corrupción, lo procesaron en más de una causa y completa el binomio del Partido Demócrata Cristiano.
Hacia esta fórmula también podrían ir “votos ocultos” o indecisos”. Más adelante Veiga afirma: “gana la derecha como indican las encuestas, su revanchismo y la conflictividad social irán en aumento con la promesa de Evo para volver con sus militantes a las rutas y las calles”.
Este inesperado candidato al balotaje alcanzó el 31,3% (de acuerdo con el escrutinio oficial de 90% de los sufragios emitidos) cuando la compulsa de la última semana no le daba chances de aspirar a competir en octubre a partir de solo contar con algo más del 8% de la intención de voto. Quien competirá con él, Quiroga, se ubicó como predijeron las encuestas a poco menos del 5% del virtual triunfador de primera vuelta.
Paz Pereira recuerda que en 2017, manifestó no estar afiliado a ningún partido y tampoco se inclinaba por alguno. Poco tiempo después registró la declaración del entonces vicepresidente García Linera. En ella se señalaba con claridad una invitación: “Las puertas del MAS está abiertas”. Ese mismo García Linera, que escribe casi todas las semanas en Página 12, envió una nota en la que intenta darle una explicación, un por qué pierden los progresismos y las izquierdas las elecciones. Sobre el caso de su país, expone: “En Bolivia, el instrumento político de los sindicatos y organizaciones comunales campesinas (MAS) ha de perder las elecciones por la desastrosa gestión económica de Luis Arce.
Con una inflación de alimentos básicos que bordea el 100%, la falta de combustible que obliga a realizar filas de días para obtenerla y un dólar real que ha duplicado su precio frente a la moneda boliviana, no es extraño que el proceso de transformación democrática más profundo del continente pierda dos tercios de su votación popular a manos de vetustos vendepatrias que ofrecen botar a patadas a los indígenas del poder, regalar empresas públicas a extranjeros y enquistar, con la biblia en la mano, a las cipayas oligarquías
de la Tierra en la dirección del Estado. Si a todo ello sumamos el resentimiento de clases medias tradicionales desplazadas de sus privilegios por el ascenso social y empoderamiento político de las mayorías indígenas, está clara la arenga abiertamente revanchista y racializada que envuelve los discursos de las derechas bolivianas.
En todos los casos, también hay otros componentes políticos que apuntalan estos errores centrales que conducen a la derrota”.
Con el ánimo de que los lectores se formen una idea lo más amplia posible sobre esta instancia en que se
renuevan las autoridades de un país de la región; recordando que el voto en ambas vueltas es obligatorio (la no concurrencia acarrea sanciones de diferente índole) para 8 millones de ciudadanos del interior de la nación y los registrados en los consulados, le falta a la autoridad comicial dar el dato sobre la concurrencia a sufragar.
Asimismo, llegamos al punto en que hay que indicar que el ganador de esta primera parte, Paz Pereira, es un exalcalde de la sureña ciudad de Tarija, capital de la provincia homónima, y actual representante como senador electo por ese departamento. Nació hace más de 57 años en Santiago de Compostela, Galicia, en virtud de que Paz Zamora, exvicepresidente y presidente de Bolivia escogió el sitio al exiliarse. En su gestión en Tarija, fue acusado de peculado en la construcción de un puente, que popularmente fue nombrado como “puente millonario”, obra que no culminó en su mandato y debió ser finalizada por la siguiente administración.
Durante el tiempo de dos meses que media para el balotaje iré comentándoles qué acciones son previsibles que se ejecuten por el nuevo régimen hasta 2030 en que acaba el mandato. En el caso de Paz Pareira, reúne contactos personales
con mandatarios y líderes extranjeros y cosecha los tenidos por su padre con la socialdemocracia, en especial la europea.
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