Birds, el arte y los universos posibles

La actriz española Ana Mirtha Sariego llega a nuestro país para presentar Birds, un espectáculo que parte una experiencia personal dolorosa pero que la trasciende para convertirla en una historia universal

Sariego tiene formación en diversas formas escénicas que privilegian al cuerpo como medio expresivo, consultada sobre esto la actriz señala: “En España el teatro suele estar muy basado en el texto, yo estudiaba teatro antes de entrar a la Universidad y veía que los actores declamaban y hablaban muy bien pero no había mucha conexión con el cuerpo. A partir de que vi una obra por una compañía de (Jacques) Lecoq se generó un cambio muy fuerte para mí. Empecé a investigar sobre este tipo de trabajo y me recomendaron que fuera a Londres donde estaba Thomas Prattki, un maestro a nivel internacional, y me fui allí a estudiar teatro físico. Para mí el teatro es teatro, el cuerpo es un medio de expresión, por lo cual la diferencia entre lo físico-gestual y lo verbal-textual me parece absurda, porque realmente nosotros somos todo. Pero lo que me interesó fue el cuerpo como medio de expresión primario, como la base. Porque cuando no hay un alineamiento y el cuerpo está desconectado de la palabra la emoción no llega, la verdad no llega.

A la vez te has interesado por la obra de, por ejemplo, Samuel Beckett, un dramaturgo para el que la palabra tiene un rol relevante ¿Cómo conjugas estas dos áreas en tu trabajo?

Esto se vincula a lo anterior, efectivamente la palabra para mí tiene que estar directamente conectada con el cuerpo. Cuando el cuerpo tiene un alineamiento entre, digamos, la parte emocional, la parte mental y la parte física del actor, surge la autenticidad, la verdadera voz creativa del artista. En Birds interpreto a 22 personajes que obviamente cambian su corporalidad, su tono y su expresión vocal. Y esta plasticidad para el actor es posible porque el instrumento se conoce.

Yo he hecho muchas obras en donde no había texto, y contamos historias a través del cuerpo, a través de los títeres, a través del trabajo con la máscara, pero Birds que es una obra sobre una historia personal, tiene mucho texto y mucho movimiento y mucho cuerpo. Todos los diálogos entre los personajes son diálogos reales, de personajes que existen, que forman parte de mi vida y de mi historia, y era muy importante la palabra. No es que hago obras principalmente sin texto sino que en mi trayectoria combino ambas. Sí es cierto que la base siempre está en el movimiento y en la expresión corporal más allá de que la palabra después se añada cuando es necesaria.

Birds trata sobre una historia de abuso ¿Cómo surge y cómo lo fuiste construyendo?

El espectáculo surge en un momento personal de muchísimo dolor, un dolor muy profundo, porque yo revelé a mi madre y al resto de mi familia un abuso que sufrí durante nueve años. Desde los 11 hasta los 20 años de edad fui abusada por mi padrastro, el marido de mi madre. Y cuando yo, ya con 33 años,  encuentro la fuerza y el valor para hablar la reacción fue terrible. Mi madre no me creía y, lo más duro, me acusaba de estar inventándome esto para destruir a la familia. En ese momento de dolor profundo un compañero de teatro me dice “¿por qué no cuentas tu historia?”. Y yo le dije que no quería hablar de mí, que no tenía ningún interés en llevar mi ego al escenario. Y él me dice “pero Ana, esto no es para ti, esto es para otras personas”. Y yo me negaba, porque muchas personas que me conocían no sabían esa historia, pero él me insistió, me dijo que probáramos un día de trabajarlo y me di cuenta, ese día, que mis herramientas de actriz me permitían entrar en la profundidad y en la verdad de una emoción que estaba totalmente latente, presente, y que era muy intensa. Y podía jugar y llegar a escenarios donde dar rienda suelta a algo que en la vida no iba a hacer. Por ejemplo la obra empezaba con una escena en la que yo mataba a mi padre, ni siquiera a esta persona que fue mi abusador sino a mi padre, que se fue cuando yo tenía tres años. Para mí era el culpable porque él se fue y esta persona entró en mi vida y yo fui abusada. Entonces el juego artístico me permitió hacer un trabajo profundo tanto de transmutación del dolor como de expresión con otro propósito de aquello que estaba viviendo. Después compartí el trabajo con una persona que no sabía nada y me confesó que ella también había sido abusada y que nadie lo sabía. Y me di cuenta de que efectivamente hacer la obra no era solo para Ana Mirtha, el ego del actor es algo que a mi siempre me ha dado mucho miedo, y que tenía otro propósito, que al final yo creo que los seres humanos vivimos circunstancias que son oportunidades, para aprender, para llegar a algo más.

Empecé la creación en 2020, en plena pandemia que fue cuando saqué a la luz el tema, y ahí salió el primer vómito de dolor digamos, la capa más cruda, más violenta y más oscura de la obra. Yo sabía que iba a ser demasiado denso, que no estaba filtrado y continué mi proceso de sanación dejando la obra de lado. Estuve tres años en Latinoamerica, hice mi proceso personal y cuando sentí que ya había sanado realmente, que había perdonado a mi madre, que había perdonado al abusador, independientemente de que ellos no cambiaron nada, regresé a España y acabé la obra dándole otra capa. La capa de la alegría, la capa de la esperanza, la capa cómica, para que la obra pudiera tener esa verdad del ser humano, que tiene todas las contradicciones y la luz y la sombra conviviendo. Y en el 2024 concluí el texto tal cual es ahora, si bien hubo pequeños cambios y versionas el texto se mantiene.

Llegás a Uruguay desde Buenos Aires, pero la obra ha recorrido muchos kilómetros

Las distintas versiones de la obra las fui probando con el público en varios lugares, en Brasil, en Bolivia, en Colombia. También la traduje y la llevé a la India hasta que estrené en Madrid su última versión. He estado en Buenos Aires, ahora vengo a Uruguay, luego voy para Colombia y después a Chile. Hay posibilidades de hacerla en Inglaterra, con lo cual la obra continúa su proceso, espero que siga volando porque todavía es una obra muy joven. Y es una obra que que plantea que se puede hablar. Yo estuve más de 28 años en silencio, pero se puede hablar, es necesario hablar. El sacar a la luz cualquier tipo de violencia o de abuso de poder es lo único que ayuda a que se corten de raíz esos ciclos de violencia. El arte está ahí como una herramienta para que podamos crear universos posibles más allá de lo que la mente cree que puede suceder, y esos universos posibles nos permiten sanar y llegar a otro estado personal en todos los aspectos.

Las funciones serán el viernes 22 en el Teatro Babilonia de El Pinar a las 21:000 y el miércoles 27 en el Teatro Victoria a las 20:00. El 23 y 24 de mayo la actriz también dará talleres de máscara en el Espacio Cultural Ibukun.



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