Bolivia elige en tiempos inciertos por Joaquín Andrade

Bolivia va camino hacia unas elecciones generales marcadas por una fuerte polarización a nivel político y una de las crisis económicas más severas en las últimas cuatro décadas. Se trata de un escenario sin precedentes desde el retorno a la democracia en 1982.

El mayor cambio es la falta del expresidente Evo Morales, una figura central en la política boliviana desde principios del siglo. Por decisión del Tribunal Constitucional, se le impidió su candidatura por tercera vez consecutiva.

Durante más de una década, bajo el liderazgo del MAS, Bolivia vivió un ciclo de crecimiento económico y relativa estabilidad política. Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente.

La crisis económica golpea con fuerza a amplios sectores sociales, especialmente a trabajadores, campesinos y comunidades indígenas, que sufren la inflación, la escasez de productos básicos y la falta de empleo.

Un escenario sin precedentes en este siglo

En el horizonte inmediato, por un lado, una crisis económica, y por el otro, una creciente polarización política y social. El país, que durante más de una década vivió un ciclo de estabilidad con crecimiento sostenido, bajo el MAS, atraviesa hoy una situación crítica

El MAS llega fracturado en al menos tres corrientes internas. Por un lado, el actual presidente, Luis Arce, ha elegido no postularse para la reelección luego de una considerable caída de la aprobación pública.

Por otro lado, el evismo tradicional, liderado por Evo Morales, mantiene influencia en sectores cocacoleros y rurales.

También existe un grupo renovado encabezado por jóvenes dirigentes como Eduardo del Castillo, respaldado por Arce, pero sin base propia en el partido.

Esta división ha debilitado su capacidad electoral y ha provocado el distanciamiento de sectores históricamente aliados como los cocaleros del trópico de Cochabamba.

A 3 meses de los comicios un total de nueve candidatos habilitados disputan la presidencia. Los rivales parecen divididos en dos grandes bloques: Por un lado, figuras cercanas al MAS

como Andrónico Rodríguez – presidente del Senado y cercano a Morales-; por el otro, líderes como Tuto Quiroga o dueños de negocios como Samuel Doria Medina apuntan a beneficiarse del declive de la MAS, ofreciendo un cambio hacia una economía más abierta.

A pesar del desgaste del oficialismo, la oposición no logra articular un proyecto nacional sólido, fragmentada entre figuras del viejo orden neoliberal, empresarios emergentes y plataformas ciudadanas sin estructura territorial, su principal capital es el rechazo al MAS.

Sin embargo, esa unidad negativa no garantiza la gobernabilidad. La falta de propuestas económicas claras y la dependencia de liderazgos personalistas dificultan la construcción de una alternativa convincente para los votantes indecisos.

Incertidumbre política y riesgos como telón de fondo

Se presenta una inflación de 9,97% en 2024, con proyecciones del FMI que la elevan a 15,8% en 2025.Además, se registra una fuga de divisas y escasez de dólares, lo que paraliza importaciones claves como el combustible. Colapso en el suministro de gasolina y diésel, generando protestas y filas de hasta 30 horas. Caída de las exportaciones de gas natural, principal fuente de divisas del país.

Estos factores han detonado una serie de protestas sociales y bloqueos, y han agravado el malestar ciudadano hacia la dirigencia política. Las encuestas muestran una alta desconfianza en el Tribunal Supremo Electoral y un aumento del abstencionismo.

Esta división aumenta la posibilidad de una segunda vuelta y dificulta que se formen mayorías sólidas en el Congreso. La falta de liderazgos claros y el descrédito de los partidos tradicionales abren la puerta a que el próximo Gobierno no logre una mayoría firme, generando riesgos de ingobernabilidad. Expertos advierten sobre un posible estancamiento institucional que impediría implementar las reformas económicas urgentes.

En el plano internacional, la OEA y la ONU anunciaron el envío de observadores electorales ante la posibilidad de conflictos poselectorales.

Bolivia está en una encrucijada. La ausencia de su líder histórico fuera del tablero y la fragmentación política coinciden con una crisis económica y social profunda. No hay señales claras de una salida rápida ni de un liderazgo capaz de unir al país.

Mientras tanto, movimientos sociales como la Confederación sindical Única de trabajadores campesinos, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) y la Central Obrera Boliviana (COB), mantienen posturas expectantes, evaluando alianzas y condiciones. Algunos de estos actores han sido aliados históricos del más, pero otros han tomado distancia tras los conflictos internos. Su participación o neutralidad pueden definir el

desenlace electoral, sobre todo en zonas rurales y periurbanas, donde su participación podría ser clave en una elección cerrada.

Más allá de la elección, está en juegos la estabilidad social y la posibilidad de cambios estructurales que mejoren la vida de millones. El proceso electoral puede ser el punto de inflexión, pero también el inicio de una etapa prolongada de inestabilidad y enfrentamientos.

El futuro de Bolivia dependerá de la capacidad de sus actores políticos y sociales. Para encontrar acuerdos mínimos que permitan gobernar y atender las urgencias del pueblo, la mirada está puesta no solo en quien gana, sino en cómo se gestiona el desafío de reconstruir un país profundamente dividido y golpeado por la crisis.

En un contexto donde América Latina atraviesa tensiones sociales, disputas por el rumbo económico y debate sobre la representación política, el caso boliviano será observado de cerca su historia reciente, enmarcada por conquistas sociales, conflictos internos y demandas de renovación reflejan dilemas comunes a muchos países del continente.

Agregar un comentario

Deja una respuesta