Bombazos en el mar, por Ignacio Martínez.

La carrera desenfrenada para hallar gas y petróleo, continúa en el planeta. Uruguay no se escapa. Desde la época de Daniel Martínez al frente de ANCAP, marzo 2005 a febrero de 2008, año en que asumió como Ministro de Industria y Energía, se intentó hurgar por el territorio y la plataforma marina en procura de los ansiados hidrocarburos.

Hubo investigaciones en Cerro Padilla, Paysandú, porque se hallaron vestigios de petróleo en un tipo de piedra porosa, aunque no se tuvo nunca idea de cuánto hay ni el costo de su extracción. Lo mismo sucedió en Durazno, donde el llamado “petróleo libre” se encontró también en esas piedras porosas. En ambos casos no se detectaron cantidades relevantes que justificaran la inversión.

Raúl Sendic continuó, esta vez con intentos de hacer perforaciones en La Paloma, aunque también confirmó las pequeñas cantidades. Los intentos de los gobiernos del Frente Amplio en la gestión de Martínez y de Sendic no aportaron datos interesantes, aunque todos coincidían en que en cualquier caso se trataría de trabajos que llevarían por lo menos una década. A Brasil le llevó más de 20 años y todavía están en eso.

¿Qué son las explotaciones sísmicas en el mar que llamamos bombazos?

Se trata de echar a navegar barcos que usan cañones de aire comprimido que no disparan munición, sino ondas sonoras de gran intensidad contra el suelo marino, para luego estudiar los ecos que generan y detectar petróleo o gas. De este modo se pueden encontrar yacimientos y conocerlos antes de emprender perforaciones. Esos bombazos provocan un efecto acústico de tal magnitud que puede dañar o eliminar fauna marina de gran porte como ballenas, delfines y otras especies. Los efectos pueden ser catastróficos para esos ecosistemas y para la vida humana, nuestra alimentación y sociedades costeras instaladas en grandes ciudades que dependen del mar.

Esos bombazos describen la topografía de los fondos oceánicos y dibujan formaciones geológicas que podrían identificar yacimiento de petróleo y gas. El agua es un transmisor diferente al aire para la propagación del sonido, por eso estos estallidos tienen que ser parecidos al ruido de un cohete espacial o dinamita submarina para que surtan efecto. Se pueden oír a cientos de quilómetros lo que indica que tendrá otros efectos, no sólo contra la fauna oceánica. ¡Hasta se matarían grandes cantidades de zooplancton, alimento esencial para la vida en el mar!

¿Cuál es la estrategia? Si decimos que el calentamiento global tiene uno de sus orígenes en el uso arrollador de la energía de hidrocarburos, ¿vamos a seguir procurando sacar petróleo y gas para generar más energía con esos combustibles? 

Se puede investigar sin bombazos en el mar. ¿Se ha probado con estudios satelitales o magnetometría o gravimetría o métodos geoquímicos?

¿No tendríamos que profundizar en fuentes energéticas como la eólica, las mareas, la solar, la hidráulica, la biomasa, nosotros que hemos estado al frente del cambio de la matriz energética reduciendo el petróleo? ¿Cuáles son los costos-beneficios de estos bombazos submarinos? ¿Quién gana, quién pierde? Queremos oír opiniones entendidas de la UdelaR. 

En fin. Trump quiere invadir Venezuela por el petróleo. ¿Nosotros necesitamos realmente invadir nuestros mares por el mismo propósito? Alguien dirá ¡che, no podés comparar! ¿No?

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