Los viernes de setiembre continúa desarrollándose la última barahúnda de las tres nornas cansadas de tejer el destino humano
Las nornas son unas criaturas mitológicas nórdicas que, al modo de las moiras griegas o las parcas latinas, tienen el destino de la humanidad en sus manos. Carga inmensa, el tejido de las nornas contiene y desarrolla los avatares de cada vida humana ya desde su nacimiento. Parece lógico, si lo pensamos en términos humanos, el pretender escapar de tamaña actividad, y esa es una de las premisas del espectáculo Nornas: la última barahúnda, que agota entradas en la Sala del Museo Torres García. “¿Qué sucede cuando las tejedoras del destino deciden bajarse del telar?”, se pregunta el equipo de Nornas, que responde con un espectáculo de bufones “que se instala en los márgenes de lo divino y lo ridículo”. Ya entraremos en el aspecto “bufonesco” de Nornas, pero es interesante señalar que el espectáculo bordea los márgenes, al punto de que cuando estos personajes mitológicos deciden “jubilarse” buscan un lugar tan alejado del “centro” que terminan aterrizando en un pequeño lugar al oriente del río Uruguay, un país que parece ideal porque la gente “no cree en nada”. Que las tejedoras del destino, al momento de huir de su actividad, encuentren que el Uruguay es el “mejor país” para retirarse ya nos pone ante una de las pistas para interpretar algunos de los “márgenes” por los que ronda esta “barahúnda”.
BUFONES
La palabra bufón es ambigua, y parece asociarse inmediatamente a un personaje que camina en el delgado límite entre el entretenimiento y la crítica social, límite particularmente delicado cuando se involucra al poder en la crítica. Pero quien define un género teatral específico asociado a los bufones es el francés Jacques Lecoq, que sintetiza una práctica que de alguna forma atraviesa sociedades y épocas. En el libro de Gastón Borges Bufones en la escritura escénica rioplatense, se realiza una investigación que permite brevemente señalar algunas características que podemos detectar en Nornas. “La deformación del cuerpo- indica Borges- es una de las características del género bufonesco”. Esa deformación produce una corporalidad que tiene una finalidad escénica específica: “producir un desnivel entre el burlador y el burlado. Por sus deformaciones corporales, el bufón logra colocarse en un un grado de marginalidad social”. Un lugar de marginalidad que habilita un ámbito de enunciación de la crítica social que sería más complejo de lograr de otra forma. Pero además, continúa Borges “La extrañeza corporal fue produciendo seres cada vez más alejados de las personas. Su objeto de burla no era un individuo sino la Humanidad con mayúscula, y por eso era necesario que estas criaturas estuvieran alejadas de ella”. En la investigación sobre el origen no humano se los bufones aparecen las familias de bufones, lo que deriva en otra de las características centrales “Los bufones se presentan siempre en grupos que se llamaron bandas”
Borges, como algunas de las integrantes del equipo de Nornas, se formó en el teatro de Bufones con Mario Aguerre, quien estudió directamente con Lecoq en París. Si bien formó la Escuela de Acción Teatral Alambique, Aguerre también logró que su formación llegara a la EMAD, aunque en ese ámbito costó que se comprendiera su propuesta. Si bien Aguerre trabajaba en la EMAD desde 1987 “Fue Ruben Yañez por el 2000 que se dio cuenta que lo que yo hacía no era gimnasia” nos contaba hace tres años (Voces N.º 772) “eran estilos teatrales, enseñaba a contar historias a partir del bufón, del clown, y me dijo que tenía que estar en el área de arte escénico”.
Quizá por esas dificultases el género cuajó en muy pocos espectáculos en nuestro medio. Según Borges, en treinta años solo cuatro espectáculos de la cartelera montevideana se pueden catalogar como teatro de bufones: Bufones (1991, con dirección de Héctor Manuel Vidal y Héctor Guido), Pinocho de Bergerac (1994, escrito por Marcel Sawchik), Ave Regina (estrenado en 2012 con dirección de Dada) y El jardín del tiempo (2019, dirigido por Alberto Sejas)
BUFONAS
Si seguimos la investigación de Borges podríamos concluir que Nornas es el quinto espectáculo de bufones que se estrena en Montevideo, pero también podríamos afirmar, quizá con mayor precisión, que es el primer espectáculo de bufonas. Las propias integrantes del equipo subrayan el género de sus criaturas cuando al preguntarse qué son las bufones señalan que son: “Seres cósmicas, primitivas, de naturaleza divina y animal que accionan sobre nosotros como un espejo colocado delante de nuestro ser más profundo. Reveladoras, divertidas y fascinantes, representan la memoria colectiva bajo el signo de lo irracional. Las bufonas no existen en solitario, son un cuerpo único que llamamos “la banda bufona”. Se compone de varios seres que por sí solos no funcionan El género Bufón , desarrollado en la poética de Jacques Lecoq, nos invita a una investigación sensible que parte de la transformación del cuerpo mediante prótesis. El cuerpo entero se transforma en una máscara, esto permite reencontrarnos con “el loco del Rey”, aquel que dice, que burla y que parodia, siempre desde el humor”.
Nornas, entonces, se planta desde una perspectiva de género en la que se cuestionan roles y conductas socialmente asociadas a las mujeres. Estas criaturas deformes que emergen desde pilas de restos de muñecas, que juegan con esas “representaciones” de bebes de forma macabra, y que ponen en el centro la vejez, el retiro y los cuidados, tienen como uno de sus ejes la crítica a la forma en que se construyen algunos roles. Por supuesto, el humor es el canal desde el que se sintonizan estas críticas, y el ida y vuelta con la platea es intenso. La materialidad corporal de estas bufonas y la poderosa gestualidad imponen la risa a fuerza de una gran capacidad histriónica. El momento en que la norna que compone Cecilia Argüello toma mate por primera vez es uno de los momentos que mejor grafica la enorme capacidad de estas bufonas para hacer reír.
LA BARAHÚNDA
Consultada sobre el acercamiento al género y sobre el proceso Cecilia Argüello comparte: “Mi vínculo con los bufones fue por el 2009 en segundo año de la EMAD, cuando trabajamos el género con Mario Aguerre. Fue un aprendizaje intenso desde lo creativo y lo vincular. Cuando Rossana (Tócoli, directora de Nornas) me invita a este proyecto, 15 años después, vuelve a mi cabeza aquella experiencia que siempre quise repetir. En la búsqueda de la bufona propia, después de muchas idas y venidas, volvió inevitablemente aquella del 2009, pero resignificada en otros vínculos y otra peripecia. Volvió con A, la mujer bufona. Pensarla desde su ser mujer fue un plus radical en la búsqueda de la identidad propia del personaje, en función de sí misma, en relación con las otras y con el rol social del género femenino.
Me siento muy cómoda en la oscuridad, la ironía y el sarcasmo del humor bufón. La bufona me da la posibilidad de trabajar desde las rarezas propias, desde ese lugar incómodo de la “fealdad”, de jugar en el terreno fangoso de lo incorrecto. Es un juego liberador.
Las cuatro nos conocíamos de antes, pero jamás había trabajado con ninguna de ellas. Nos fuimos conociendo como actrices en el proceso creativo, en la acción, y si bien venimos todas de distintos caminos confluimos muy bien, con una dirección amorosa. A medida que pasan las funciones se va afianzando el vínculo y eso habilita nuevas propuestas escénicas, a veces mínimas, pero que hablan de la conexión profunda en el juego.
Con el público tenemos un ida y vuelta delicioso. Hay cierta complicidad en las miradas, en los silencios, en los guiños a la niñez y a la idiosincrasia. Por supuesto hay también incomodidad, incertidumbre, pero de eso se trata la bufonería ¿no? El bufón es crítico, es el espejo en el que no nos queremos ver”.
Verónica San Vicente, quien también integra el elenco, agrega: “Sumando a lo anterior de Cecilia, agrego que mi trabajo artístico es principalmente en Clown. Mi vínculo con la bufona puntualmente fue en la formación de Alambique y luego seguí profundizando en talleres en Argentina y nos encuentra como equipo a partir del trabajo de Pan o Circo (el último espectáculo dirigido por Mario Aguerre, en 2022) que compartimos con Rossana como actriz y Antonella en la producción.
La directora a su vez añade: “La invitación inicial a investigar este género surge de dos ideas. Una imagen de mujeres saliendo de uña montaña de muñecas y el deseo de poner un ojo crítico sobre algunos temas femeninos. Tuvimos un primer eje de trabajo acerca de la técnica. ¿Cómo es una banda bufona, cómo funciona la mirada, el eje del cuerpo, la imagen como metáfora, el juego de bufonas? Otro eje refiere a la dramaturgia. ¿Qué queremos decir, cómo acotar los temas y a la vez darles la profundidad y el tono acorde al género?
Desde el inicio manejamos el deseo de dar pasos hacia el público buscando elementos de conexión que acerquen este género poco visitado en la escena nacional, ahí aparecen los elementos de conexión como las canciones o la escena del mate o el folleto de Uruguay”
Por último Antonella Fontanini, la tercera norna que aparece en el escenario, agrega: “La dramaturgia se fue dando en el proceso de los ensayos. Comenzamos hace un año y medio, primero en investigación con el género, trabajamos el vínculo de las corporalidades y el teatro físico, la conformación de la ‘banda’. En ese proceso fuimos conversando mucho sobre nuestra visión del mundo y la posición política de cada una frente a esas cosas. Usamos muchas referencias teóricas, no sólo de bufones, me sale mencionar también a (Paul) Preciado, Leonor Silvestri, Lala Pasquet, El arte queer del fracaso de Jack Halberstam, entre otros tantos textos. Teníamos claro que la perspectiva de género era uno de los ejes fundamentales de nuestro trabajo y a partir de improvisaciones se fueron dando los diferentes momentos de la dramaturgia.
Nos llevó tiempo de conversación definir a qué veníamos a Uruguay, en un principio la idea era que el público llegara a nuestro lugar hasta que encontramos esa idea del retiro en Uruguay y somos nosotras quienes llegamos a este país. A pocos días de estrenar no teníamos el final definido por ejemplo. Y función a función se siguen haciendo ajustes que pulen el sentido del espectáculo.
En mi caso es la primera vez que me vinculo con el género, no tengo formación específica en él, fui construyendo mi formación a lo largo de los últimos 15 años a partir de talleres y especializaciones de entrenamiento actoral. Me fue muy sencillo entrar en el código y jugar en él, es un lugar en el que me siento cómoda y puedo decir y hablar de lo que me interesa e interpela como persona y como artista, cosas que no entiendo separadas. En ese sentido el género es una herramienta que encontramos para hablar de cuestiones incómodas, si se quiere, y mostrarlas a partir de la risa, recurso básico de supervivencia”.
Nornas: la última barahúnda. Dirección: Rossana Tócoli. Elenco: Elenco: Cecilia Argüello, Antonella Fontanini y Verónica San Vicente. Fotografías: Reinaldo Altamirano.
Funciones: viernes 20:30 horas en Teatro del Museo Torres García (Sarandí 683).






