Todo parece volver a la normalidad, o por lo menos, a la anterior. Los conflictos en Medio Oriente, en vías de calma (o por lo menos es lo que todos deseamos), y toca volver al día a día (Rusia y Ucrania). Los negocios internacionales siempre sufren cuando se dan este tipo de inestabilidades geopolíticas ya que mayormente: sube el petróleo, se complican las rutas marítimas, las sociedades se crispan y se generan corrientes de consumo anti (lo que sea), y las relaciones internacionales se retraen.
Bajo esa normalidad volvemos a nuestras necesidades comerciales externas de más mercados, más Acuerdos Comerciales y mejorar las ventas y precios de los mismos. Pero lamentablemente nada de esto cambia sin una estrategia diseñada e implementada con tiempos acordes. El Acuerdo con la Unión Europea por momentos parece un cangrejo, ni avanza ni retrocede. Aguardamos su paso por el Consejo Europeo, en el cual encontramos a falta de un detractor … casi dos. Francia y aparentemente Italia están en posición de solicitar modificaciones al mismo (algo muy difícil en este momento), que podrían configurarse como protocolos relacionados con los métodos de producción y sus impactos medioambientales, buscando igualar y que los requerimientos europeos sean requerimientos efectivos para los productores agrícolas del Mercosur. Lo que muchos llaman la pesada carga normativa comunitaria de protección ambiental para la producción. Y lo es.
Si Francia suma a Italia a su protesta (junto a Polonia y otros países), se hará necesario negociar una salida porque no estarían los votos para sortear esta fase del proceso de aprobación del Tratado. Que luego tiene su último round con el Parlamento Europeo, el cual por su configuración actual y tanteos políticos no sería un obstáculo para la aprobación del pilar comercial del Tratado. Vale la pena recordar en este momento, que el Tratado tiene tres pilares: uno de Dialogo Político, uno de Cooperación y el Comercial (este último llamado de Asociación Estratégica y que en la jerga comercial no es más un Tratado de Libre Comercio, articulo 24 de la Organización Mundial de Comercio). Este último, obviamente el que más nos interesa comercialmente hablando.
A caballo de esto, va el Acuerdo con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) que incluye a los “renegados” de la UE como ser Islandia, Suiza, Noruega y Liechtenstein. Un bloque pequeño, pero altamente importador de alimentos y con el ingreso per cápita más alto del planeta como bloque comercial. Este Acuerdo va a ver la luz si se concreta el anterior con la UE. Esto siempre ha sucedido así en otras negociaciones, ya que comparten espacio geográfico y además estos países no quieren perder pie frente a la UE si se logra el Acuerdo. En caso que esto no se dé, seguramente siga esperando y quede stand by por un tiempo. Y también va a ser en caso de ser firmado, un Tratado de Libre Comercio.
Luego tenemos negociaciones en varios frentes que van desde Canadá a Corea del Sur, pero que están un poco más lejos que los anteriores hoy en día, en sus avances, pero los tiempos que han llevado algunas negociaciones, en algún momento puede dar una “sorpresa” y ser avanzados más rápidamente. También en el formato Tratados de Libre Comercio.
Lo esencial de todo esto es que necesitamos estas negociaciones comerciales, o mejor dicho los Acuerdos finalizados y porque no hasta ratificados para mejorar nuestro acceso a mercados.
¿Por qué son tan relevantes?
El articulo 24 antes mencionado de la Organización Mundial de Comercio (anteriormente el GATT), es bien claro y se puede resumir de la siguiente manera: para aumentar el potencial del comercio entre dos o más, el camino es la liberalización comercial, y la misma comprende diferentes herramientas de política comercial. En este caso las dos más relevantes son los aranceles (se buscan disminuir o eliminar) y las cuotas/cupos (se buscan aumentar o eliminar para que no haya restricciones de ingreso). Y además implica negociar lo que se ha denominado como lo “sustancial” del comercio entre los firmantes, y que históricamente ha sido tomado en cuenta como el 90% de la canasta exportable de productos. Esto de por sí ya nos deja claro, que no es posible hacer Acuerdos por un poco cantidad de productos, sino que hablamos de miles incluidos en la negociación. Esto es independiente de que me interese como país y por mis características productivas incluir solamente algunas decenas.
Hay que destacar también que, en la Organización Mundial de Comercio, existe, aunque olvidado, el Multilateralismo. Esto identifica las negociaciones comerciales para acceso a mercados de los casi 170 países que forman la misma, pero en su conjunto. Esto hoy está completamente paralizado. Razón por la cual es una opción no viable.
¿Que nos queda mientras no avanzamos en esta liberalización del articulo 24?
Si pensamos en la oferta exportable del Uruguay, en cuanto a bienes, mayormente están relacionados con el agro. Las posibilidades de mejorar el acceso a mercados se reducen (si no tenemos Tratados de Libre Comercio) a mejoras en los reconocimientos sanitarios y/o fitosanitarios, habilitaciones, etc. Que claramente son un instrumento de avances para algunos sectores, pero nos tiene que quedar claro, que, si esos productos tienen aranceles o cuotas, los mismos seguirán vigentes. Estas mejoras de ingreso a mercados mencionados no impactan en la posición frente a competidores históricos, ya que la mayoría si tienen Acuerdos Comerciales sin cuotas, sin cupos y con aranceles mayormente en 0%.
Por último, lo más importante es que luego de identificar estos caminos, debemos tomar nota que los mismos se están negociando bajo el paraguas del Mercosur. ¿La velocidad del bloque es la adecuada? La realidad ha demostrado que no. Egipto, Israel y Singapur y muy poca cosa más, son resultados muy estrechos en estos últimos 25 años de negociaciones comerciales en forma de Acuerdos finalizados.
El mercado global no espera, necesitamos acelerar y finalizar las negociaciones y cerrar algunos de los Acuerdos pendientes para obligarnos a producir más y mejor.







