A mediados de agosto de 1976, Jaime Roos grabó cuatro de sus primeras canciones como solista en una maqueta. Maqueta -en el lenguaje de los músicos- es una muestra musical semiprofesional, un “demo”, para que un productor, empresario o periodista tenga idea de lo que produce determinado artista. En aquel lejano 1976 instalado en París junto a su pareja de entonces Franca Aerts, Jaime decidió buscar un estudio en los suburbios de la ciudad para poder registrar las canciones. Tan solo cuatro (“Siempre son las cuatro”), porque eran las que se adecuaban a su presupuesto. Jaime antes de esta experiencia, ya tenía más o menos claro su destino como solista, y entonces la posibilidad de grabar solo y en multipistas, resultó ser un desafío personal. La primera de las canciones que hizo para el “demo” fue “Señorita Efe”, por lo que históricamente, viene a ser el primer registro de su carrera. Las otras canciones fueron: “El infierno tan temido”, “Tempestad en Bilbao” y “Que te había olvidado” (esta con texto de Hugo N. Bonadi). En 1977 JR viajó a Uruguay y le enseñó el material al director del sello “Ayuí” Coriún Aharonián, quien le propuso al instante completar el ciclo con seis obras más y así completar un LP. En pocas horas, ya que los dineros eran escasos, se grabó “Candombe del 31”, que se editó finalmente en marzo de 1977. Este álbum es la piedra angular de la carrera de uno de nuestros más importantes músicos uruguayos; un trabajo que, pese a la juventud y la inexperiencia técnica, ya perfilaba a Jaime como un talentoso compositor y arreglista.
“Cometa de la Farola” es el primer intento de una fusión de murga-chamarra-pop. Se convertiría en un clásico y un dato curioso es que participó Luis Sosa, baterista medular de la historia del “candombe beat”. Instrumentista de “El Kinto”, del que JR era fanático y del que deriva su principal influencia. La versión, que irradia luz y juventud, es más ágil que las posteriores. El texto es cuasi infantil, porque describe una tradición que aún se mantiene, pese a todo: la de remontar cometas en primavera. “Dale que sopla torcido/No se te vaya a caer/ Que cose y que pinta y qué linda que está/ Que tira y que tira y qué lindo que va”. Y su espíritu está entremezclado con el fervor de un hincha de fútbol (el de un equipo “chico”). Esta cometa simboliza la alegría del hincha que acaba de salir campeón, y que se eleva, irrefrenable, hacia el cielo: “Tira y que tira y trepa y con la cometa/ Se fue mi amor/ Ay que tira que tira y sube/ Y hacia las nubes me voy”. El motivo del interludio sería posteriormente utilizado en el puente de “Durazno y Convención”. La canción que da título al disco es una de las pocas en donde el artista aparece sin red (voz y guitarra) y donde demuestra su calidad como intérprete. En “Candombe de 31” todo es refinamiento; desde lo melódico-armónico hasta su sonido particular de guitarra. Lo de “candombe” es una convención, ya que no existe un ritmo fijo o, mejor, el ritmo está sugerido y en diferentes medidas de compás y dinámicas. En “El infierno tan temido” hay una evidente materialización del espíritu de “El Kinto”. Aquí la voz solista se mimetiza con la de Urbano Moraes, y es como si JR hubiese necesitado invocar aquel sonido, quizá para exorcizar sus demonios: “No más ríos para patinar/ Para fugarse de este mar/ De ahogo cotidiano donde estoy”. Según la leyenda, Jaime terminó de escribir el texto de “Y es así” en un café enfrente del Teatro Solís pocas horas antes de terminar de grabar el álbum. Es decir: sin tiempo para reflexionar si servía y mucho menos para cambiarlo. Se convertiría en una de las mejores canciones de su repertorio, que sería grabada por otros artistas (Además de su propia reversión -inmejorable- para “Sur”). Gana la originalidad armónica y la particular manera de abordar una chamarra. “Leyendo mentiras en los titulares/ Mirando las piernas de alguna mujer/ Ansioso por la conclusión/ El hombre se larga a pensar/ Que es así/ Que el milongón/ Nació en su corazón (…)”. En “Señorita Efe”, existen diferentes dimensiones en una. Si bien la cabeza arreglística de Jaime siempre estuvo parada sobre los Beatles, aquí aparecen, de forma natural y novedosa, elementos del folclore rural uruguayo. Conviven Zitarrosa (hasta como cita afectuosa) y José Carbajal, pero también “El Kinto”, donde se cuela -“una vez más”- el estilo de Urbano.
“Carta (A Poste Restante)” es quizá la gema del disco. Una bellísima canción amorosa, con otra armonía original como en “Y es así”. Y aquí se hace evidente el universo “rossiano”; el de la fusión de géneros, sintetizados y entramados. ¿Porque qué es “Carta”? Una mezcla de gestos que provienen de una escucha atenta del folclore sudamericano. La parte A tiene una fuerte influencia argentina, de un “Cuchi” Leguizamón, por ejemplo, pero que aparece sutil y etérea: “Franca Franca dónde andás en Navidades/ El Altiplano te robó/ La flor que me has enviado de Coroico/ Con los días marchitó”. En la sección B aparece el color venezolano, en un claro aire de joropo. Pero además las negras del tiempo ternario que hacen de bajo remiten a una polka paraguaya. Como se ve es una fusión que Jaime hizo antes de la fundación del Mercosur. O se podría afirmar que el Arte está adelantado (¿siempre?) a lo político. El cierre es con “Tempestad en Bilbao”, un “candombe trance”, otro homenaje explícito a Urbano y a Rada. El candombe acá aparece arpegiado, y hay sabiduría en el arreglo pues hay que tener presente que esto fue grabado en primeras tomas, sin tiempo para meditar mucho y poder trabajarlo en profundidad, por lo que el resultado resultó excelente. “Que se vino la tempestad/ Que se vino la tempestad y llovió/ En Bilbao”.
Ilustración sobre foto de tapa de disco original: Oscar Larroca
CANDOMBE DEL 31
Jorge Alastra
A mediados de agosto de 1976, Jaime Roos grabó cuatro de sus primeras canciones como solista en una maqueta. Maqueta -en el lenguaje de los músicos- es una muestra musical semiprofesional, un “demo”, para que un productor, empresario o periodista tenga idea de lo que produce determinado artista. En aquel lejano 1976 instalado en París junto a su pareja de entonces Franca Aerts, Jaime decidió buscar un estudio en los suburbios de la ciudad para poder registrar las canciones. Tan solo cuatro (“Siempre son las cuatro”), porque eran las que se adecuaban a su presupuesto. Jaime antes de esta experiencia, ya tenía más o menos claro su destino como solista, y entonces la posibilidad de grabar solo y en multipistas, resultó ser un desafío personal. La primera de las canciones que hizo para el “demo” fue “Señorita Efe”, por lo que históricamente, viene a ser el primer registro de su carrera. Las otras canciones fueron: “El infierno tan temido”, “Tempestad en Bilbao” y “Que te había olvidado” (esta con texto de Hugo N. Bonadi). En 1977 JR viajó a Uruguay y le enseñó el material al director del sello “Ayuí” Coriún Aharonián, quien le propuso al instante completar el ciclo con seis obras más y así completar un LP. En pocas horas, ya que los dineros eran escasos, se grabó “Candombe del 31”, que se editó finalmente en marzo de 1977. Este álbum es la piedra angular de la carrera de uno de nuestros más importantes músicos uruguayos; un trabajo que, pese a la juventud y la inexperiencia técnica, ya perfilaba a Jaime como un talentoso compositor y arreglista.
“Cometa de la Farola” es el primer intento de una fusión de murga-chamarra-pop. Se convertiría en un clásico y un dato curioso es que participó Luis Sosa, baterista medular de la historia del “candombe beat”. Instrumentista de “El Kinto”, del que JR era fanático y del que deriva su principal influencia. La versión, que irradia luz y juventud, es más ágil que las posteriores. El texto es cuasi infantil, porque describe una tradición que aún se mantiene, pese a todo: la de remontar cometas en primavera. “Dale que sopla torcido/No se te vaya a caer/ Que cose y que pinta y qué linda que está/ Que tira y que tira y qué lindo que va”. Y su espíritu está entremezclado con el fervor de un hincha de fútbol (el de un equipo “chico”). Esta cometa simboliza la alegría del hincha que acaba de salir campeón, y que se eleva, irrefrenable, hacia el cielo: “Tira y que tira y trepa y con la cometa/ Se fue mi amor/ Ay que tira que tira y sube/ Y hacia las nubes me voy”. El motivo del interludio sería posteriormente utilizado en el puente de “Durazno y Convención”. La canción que da título al disco es una de las pocas en donde el artista aparece sin red (voz y guitarra) y donde demuestra su calidad como intérprete. En “Candombe de 31” todo es refinamiento; desde lo melódico-armónico hasta su sonido particular de guitarra. Lo de “candombe” es una convención, ya que no existe un ritmo fijo o, mejor, el ritmo está sugerido y en diferentes medidas de compás y dinámicas. En “El infierno tan temido” hay una evidente materialización del espíritu de “El Kinto”. Aquí la voz solista se mimetiza con la de Urbano Moraes, y es como si JR hubiese necesitado invocar aquel sonido, quizá para exorcizar sus demonios: “No más ríos para patinar/ Para fugarse de este mar/ De ahogo cotidiano donde estoy”. Según la leyenda, Jaime terminó de escribir el texto de “Y es así” en un café enfrente del Teatro Solís pocas horas antes de terminar de grabar el álbum. Es decir: sin tiempo para reflexionar si servía y mucho menos para cambiarlo. Se convertiría en una de las mejores canciones de su repertorio, que sería grabada por otros artistas (Además de su propia reversión -inmejorable- para “Sur”). Gana la originalidad armónica y la particular manera de abordar una chamarra. “Leyendo mentiras en los titulares/ Mirando las piernas de alguna mujer/ Ansioso por la conclusión/ El hombre se larga a pensar/ Que es así/ Que el milongón/ Nació en su corazón (…)”. En “Señorita Efe”, existen diferentes dimensiones en una. Si bien la cabeza arreglística de Jaime siempre estuvo parada sobre los Beatles, aquí aparecen, de forma natural y novedosa, elementos del folclore rural uruguayo. Conviven Zitarrosa (hasta como cita afectuosa) y José Carbajal, pero también “El Kinto”, donde se cuela -“una vez más”- el estilo de Urbano.
“Carta (A Poste Restante)” es quizá la gema del disco. Una bellísima canción amorosa, con otra armonía original como en “Y es así”. Y aquí se hace evidente el universo “rossiano”; el de la fusión de géneros, sintetizados y entramados. ¿Porque qué es “Carta”? Una mezcla de gestos que provienen de una escucha atenta del folclore sudamericano. La parte A tiene una fuerte influencia argentina, de un “Cuchi” Leguizamón, por ejemplo, pero que aparece sutil y etérea: “Franca Franca dónde andás en Navidades/ El Altiplano te robó/ La flor que me has enviado de Coroico/ Con los días marchitó”. En la sección B aparece el color venezolano, en un claro aire de joropo. Pero además las negras del tiempo ternario que hacen de bajo remiten a una polka paraguaya. Como se ve es una fusión que Jaime hizo antes de la fundación del Mercosur. O se podría afirmar que el Arte está adelantado (¿siempre?) a lo político. El cierre es con “Tempestad en Bilbao”, un “candombe trance”, otro homenaje explícito a Urbano y a Rada. El candombe acá aparece arpegiado, y hay sabiduría en el arreglo pues hay que tener presente que esto fue grabado en primeras tomas, sin tiempo para meditar mucho y poder trabajarlo en profundidad, por lo que el resultado resultó excelente. “Que se vino la tempestad/ Que se vino la tempestad y llovió/ En Bilbao”.
Ilustración sobre foto de tapa de disco original: Oscar Larroca





