Chile: finaliza ciclo progre por Ruben Montedonico

El pasado domingo 16 se celebraron en Chile elecciones generales -con sufragio obligatorio-, para lo cual la autoridad electoral elaboró un padrón con más de 15 millones y medio de posibles votantes; se procuraba en los comicios determinar quiénes dirigirían por cuatro años el Poder Ejecutivo y las dos ramas del Legislativo. Dado que ninguno de los postulantes al Ejecutivo obtuvo una votación superior al 50%, los dos que tuvieron más sufragios (a ambos les adjudican sumados menos de la mitad de los sufragios) competirán en una segunda ronda (balotaje) el próximo diciembre.

Por lo tanto, el objetivo de esta primera vuelta solo cumplió con la mitad de la inicial convocatoria al elegir al Congreso en que la derecha conjuntada será la fuerza mayoritaria (seguidores de Chile Grande y Unido, los ultraconservadores del Partido Republicano y del Nacional Libertario), dejando en minoría a la socialdemocracia y la izquierda.

La peculiaridad de esta elección estuvo dada por la doble coincidencia de los sondeos de las encuestadoras,  y medios de comunicación que vaticinaron el triunfo de la candidata de la coalición oficialista, Jeannette Jara, en primera vuelta, y ubicaron en segundo lugar al ultraderechista José Antonio Kast, aventurando que en el balotaje este lograría el apoyo de todas las corrientes reaccionarias y derrotaría a su adversaria, resultando por ello sucesor del gobierno progresista de Gabriel Boric.

 Para la vuelta definitiva -se dijo- estarán Jara y Kast y en el caso de la primera se trata de una militante originaria del Partido Comunista (coparticipante del oficialismo de trayectoria mayormente dialoguista) y ministra de la administración de Boric en la cartera Laboral y Previsión Social (marzo de 2022-abril de 2025). Jara será la representante del voto de un amplio sector de trabajadores (en particular de los mineros, con incidencia en las ciudades que habitan), un grupo urbano de clase media baja, algunos egresados universitarios y un espectro indefinido de nuevos electores (sin señalarse su caudal electoral total y que, de acuerdo con ciertas fuentes, pueden decidir la compulsa decembrina).

La candidata ha intentado desde la alocución tranquilizar al amplio sector de clases medias y empresariales (dueños de la producción y los dineros) acerca de dos temas que le son caros a esos contingentes: la propiedad privada y la libertad de prensa; la seguridad ciudadana es un capítulo importante en el campo electoral  -para muchos el primero y principal) y es compartido (con distintas visiones de cómo enfrentarlo) por los competidores.

En términos generales Jara se ha venido mostrando desligada del PC, dejando en el pasado a gente que recuerdo: Volodia Teitelboim, Gladis Marín o mi querido Eduardo Contreras.

La competencia por el segundo lugar de la primera vuelta, que automáticamente pasa al balotaje de diciembre, se vio entreverada para los observadores en la semana previa al domingo 16 cuando los sondeos mostraron una caída importante en los porcentajes de Kast y una clara subida de otro ultraconservador, Johannes Kaiser. Este, que parecía un casi inocuo candidato más de la derecha en el mes de agosto (siempre de acuerdo con las encuestas), con escasos interpelados que no le alcanzaban para arribar a los dos dígitos de porcentaje, dio un gran salto y trepó hasta alturas que algunos consideraron capaces de superar a Kast: su Partido Nacional Libertario (inspirado e imitando acciones de Milei, considerado hoy un líder sudamericano, outsider argentino ypromotor de Donald Trump) ponía en su mira superar al otro competidor de la derecha. Al final, no pasó de ser únicamente un susto y regresó, con la debida calma, la tranquilidad a filas reaccionarias, quedando por despejar solo la dirección que adoptarían los nuevos votantes.

Con las cosas tal cual se las refiero, Chile resultó el primer eslabón conquistado por el inquilino de la Casa Blanca –patrón del imperio- que Trump necesitaba en el Pacífico sudamericano; de ahora en más podrá dedicar todas sus herramientas para conquistar Colombia y destronar cualquier eventual sucesión de Petro. De ganar la derecha la Presidencia, podrá operar con absoluta libertad no únicamente en el Caribe sur sino que controlará la vía interoceánica sureña Atlántico-Pacífico.

El hoy de Chile, además de los vaivenes alternativos reacción-socialdemocracias y progresismos sudamericanos, nos acerca cada día más a las apetencias del norte, dejándonos solo las reminiscencias de 20 años atrás cuando se anulaban las pretensiones yanquis de imponernos el ALCA, obligando a Bush y al impresentable rey de España a “achicar” e irse con sus proyectos ALCArajo, según afirmaciones del presidente Hugo Chávez.

Con los resultados preliminares, habiéndose escrutado más de 95% del total, se validó lo que las compulsas de intención de voto predecían y digo desde hace más de un año: balotaje entre los candidatos Jara y Kast. La BBC lo señaló así: “La comunista Jeannette Jara y el ultraderechista José Antonio Kast confrontarán modelos opuestos por la Presidencia de Chile en la segunda vuelta el 14 de diciembre”.

El balotaje confirmará la alineación de Kaiser y Matthei detrás del voto por Kast,  con lo que igualará la delantera obtenida por Jara  y anularía el eventual voto en favor de esta de nuevos electores. Kast se constituiría -con seguridad-  en el relevo de Boric y en pieza importante del sustento de EEUU y (por consecuencia) de Trump en Sudamérica para, entre otras cosas, hostigar desde un mayor contexto a Venezuela.

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