Con el fin de la guerra fría, los riesgos de una eventual guerra nuclear se fueron minimizando. Eran tiempos en los que Estados Unidos y la Unión Soviética, con capacidad ambos de destruirse mutuamente en pocos minutos, pero con el tiempo fue construyéndose una idea extendida, compartida, más allá de algún planteo aislado: era demasiado peligroso jugar con armas nucleares y, por ello, se fue construyendo una “cuestión” preventiva que con el paso del tiempo se ha ido deteriorando. A tal punto, que en febrero próximo vencerá el último tratado de control de armas nucleares firmado por Rusia y Estados Unidos.
El año pasado, el Comité Nobel lanzaba una advertencia al momento de anunciar que el Nobel de la Paz destacaba a la Nihon Hidankyo, una asociación de sobrevivientes de los bombardeos estadounidenses de Hiroshima y Nagasaki en 1945. Vale precisar que fue esa la única vez que se utilizó armas nucleares en tiempos de guerra. En aquella ocasión pusieron de manifiesto una preocupación creciente: “En este momento de la historia de la humanidad vale la pena recordarnos a nosotros mismos lo que son las armas nucleares: las armas más destructivas que el mundo haya visto jamás”.
Nuestras horas presentes son más críticas. Después de décadas de haber dejado la guerra fría atrás, de años de desgaste y devaluación de las organizaciones multilaterales construidas con tanto esmero, la amenaza nuclear está en la agenda inmediata de preocupaciones. El peligro no sólo refiere a las peligrosas armas de entonces, a su preservación y cuidado, sino que con unos liderazgos políticos más inestables, con partidos políticos menos o poco institucionalizados, sin consensos mínimos y jugados a la política de la improvisación y fugacidad, la estabilidad es un elemento no considerado. Aún más; las circunstancias actuales son más complicadas y frágiles, participan más países y con tecnologías más avanzadas. Dicho de otro modo, y como se pudo verificar en las últimas semanas, las armas de hoy vuelan con mayor independencia, es decir, más lejos, y también más rápido, desde más plataformas de lanzamiento, muchas de ellas reubicables. Tampoco los medios de información son los mismos. Más allá de su cuestionado rigor informativo, pueden distribuirse más directa y rápidamente, a más cantidad de receptores y a bajo costo. La transparencia ha sido dejada de lado, por lo que la opacidad de la fuente y su origen dada la falta de transparencia, su verificación es imposible. Se trata de un mix que agrega inestabilidad, y quizás por ello los autoritarios, autócratas y extremistas han trepado con discursos de odio, a posiciones de poder incluso en países con armas nucleares. Aquellas amenazas que por entonces eran tabú e inadmisibles, hoy se han vuelto frecuentes e incluso diarias.
Nueve países
Son apenas 9 los países que a este momento cuentan con armas nucleares. A saber: Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña, China, Francia, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte. Suman unas 12.200 ojivas nucleares, distribuidas en unos 120 sitios de 14 países. De ellas, alrededor de 9.500 están militarmente activas, desplegadas, prontas para ser disparadas. Para más precisión, 2.100 ojivas en alerta máxima, operables en minutos y de acuerdo con su distribución táctica, impactarían en su objetivo en menos de media hora.
Los binarios Rusia y Estados Unidos que fueron potencias nucleares dominantes en tiempos de la guerra fría, hoy concentran el 90 por ciento de todas las ojivas nucleares a escala planetaria. Rusia alcanzó su máximo cuando aún era la URSS, 1986, con 40.159 ojivas. Estados Unidos llegó a su mayor stock en 1967, sumando unas 31.255. Por esta misma razón, ambos tienen miles de ojivas a la espera de ser desmanteladas.
A diferencia de lo convenido en el pasado, cuando entre los años 1972 a 2002, los Estados Unidos, Rusia y China limitaron las defensas nacionales contra misiles, en este ciclo armamentista se están desarrollando defensas más potentes, basados en sistemas de defensa antimisiles “Golden Dome”, como lo ha anunciado recientemente el presidente Donald Trump. Adicionalmente, hay otros países con armas nucleares desarrollando armas hipersónicas, con capacidad de transportar cargas nucleares y capacidad de evitar los sistemas de protección antimisiles.
Como si las experiencias del pasado no hubieran dejado enseñanzas, Rusia y China están abocadas a construir nuevos misiles de largo alcance de múltiples ojivas y objetivos. Y más allá, los mismos dos países avanzan en ubicar armas nucleares en el espacio para atacar satélites y en tierra. También EE.UU. analiza nuevas plataformas de lanzamiento para armas nucleares, para fortalecer la autonomía del recorrido del misil.
Lo último; con IA
En el ámbito de la academia y de los analistas, ha causado sorpresa y preocupación las versiones acerca de que Rusia, China, Estados Unidos y Corea del Norte hayan incorporado a la industria militar inteligencia artificial para gestionar los arsenales nucleares. Del mismo modo, han precisado que no se prescindiría del factor humano: habrá un “recurso humano informado”. Aun así, expertos dan por hecho que la IA ya está siendo utilizada en la planificación militar. No sabemos cómo afectará esta nueva tecnología en la definición de nuevas estrategias.
Y ante los fallos? Cabeza fría
El temor sobre el potencial de fallos de los sistemas de seguridad de alta capacidad de daño es real, aunque existe una gran opacidad informativa al respecto. En un reciente informe de la Federación de Científicos Americanos (https://fas.org/) se recuerda que en los años 1979 y 1980, plena guerra fría, el sistema de alerta temprana de Estados Unidos produjo cinco falsas alarmas de ataque nuclear, mostrando que misiles soviéticos se dirigían hacia EE.UU. También de una falsa alarma en el lado soviético, en el difícil año 1983. No obstante, en todos los casos, prevalecieron las cabezas más frías y el análisis global de la crisis y no de un solo indicador falible. Pero, si las decisiones quedan en personas que no se caracterizan por su capacidad de análisis, su cuidada analítica y los conocimientos sólidos de los equipos de crisis (comité de crisis multidisciplinarios), ¿cómo se hará en el futuro?
Ahora habrá que volver a reclamar que las políticas se basen en la ciencia y hechos técnicos. La amenaza nuclear es una amenaza a la vida. Y para acotarla hay que rescatar y aggiornar rendiciones de cuentas públicas y transparentes, así como devolverles a las políticas públicas la sensatez de la reflexión, el consenso y la prudente serenidad. Se trata de volver a cuidar, como prioridad, la estabilidad en el planeta, como nuestra casa común.






