Cooperativismo o escapar del mundo capitalista por Ernesto Kreimerman

Para muchos, especialmente para quienes optan por el confort de aceptar verdades promovidas sin cuestionarlas, sin verificarlas, los Estados Unidos representan la quinta esencia del capitalismo ultra individualista, sin lugar para ninguna otra forma de organización en el modo de producir.

Sin embargo, hay otro país diferente, con problemas propios más parecidos a los del resto del mundo, donde caben otras formas asociativas. Como lo expusiera con absoluta claridad Sophie Deraspe, directora canadiense de la película “Hasta la montaña”, “escapar del mundo capitalista es posible; es posible elegir”.

En la síntesis última de su mirada humanista, la pregunta es de una sencillez dura: si todos conocemos ya cómo es esa vida de consumo “pasemos directamente a su elección, al camino de salida, a su renuncia al capitalismo, al consumismo y a la super eficacia”.

“No se trata de lo que poseo sino de lo que soy, de cuál es mi forma de estar en el mundo”, concluye Sophie con un cierre algo romántico y alentador: “es una invitación simplemente a cuidar, que es lo contrario de la dominación”.

Las cooperativas

Principio tienen las cosas dice un proverbio popular. Así, hacia el año 1844 28 obreros fundaron en Rochdale, Inglaterra, una cooperativa textil de consumo, la “Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale”. Hoy, 182 años después de un exitoso y constante crecimiento en todo el mundo, el impacto económico y social que ha tenido, al ofrecer mejores oportunidades de trabajo decente y de calidad de vida a nivel mundial.

Según la información contenida en el “World Cooperative Monitor” del año 2020, las trecientas 300 empresas cooperativas más importantes del mundo suman un volumen de negocio de 1,1 trillones de dólares. Otro dato significativo: más del 12% de la población mundial es cooperativista, afiliada a 3 millones de cooperativas que proporcionan trabajo al 10 % de la población empleada. Esas cooperativas suman una afiliación de 1.200 millones de asociados que ocupan 280 millones de empleos.

Aquí, en nuestro país, tempranamente comienza a surgir un desafiante movimiento, diverso en su origen. Tan así, que en el mes de agosto de 1889 la Sociedad Cooperativa Tipográfica Uruguaya, que en agosto de 1889 comenzó a editar del periódico “La Voz de la Cooperativa”, cuyo propósito era difundir las ideas del cooperativismo y, fundamentalmente, hacer conocer las experiencias que se iban desarrollando, con algunos éxitos y más dificultades.

La fundación de la Sociedad Cooperativa de Consumo “La Unión” marcó un hito histórico trascendente. Era el año 1990.  Unos años después, en 1909, 47 obreros textiles de Juan Lacaze fundaron la Sociedad Cooperativa de Consumo “La Unión”, constituyéndose en la institución pionera del cooperativismo moderno.

Los años del Uruguay batllista buscó inspiración en aquellos sueños de Rochdale. El período denominado batllismo abarca desde la primera presidencia de José Batlle y Ordoñez y cierra en la presidencia de Juan Campisteguy (1927-1931).

En esos años varios intentos legislativos fracasaron en generar un marco legal. Se frustró el intento de generar un régimen legal de cooperativas. Vale destacar que hacia 1930, tuvieron una significativa expansión las cooperativas de consumo. Sin embargo, el impulso de las Cajas Populares y los Sindicatos Cristianos Agrícolas, que se apagó hacia fines de la década del ´60.

Las coope en el mundo y en EE. UU.

Las cooperativas se levantan sobre siete valores fundamentales; a saber: autoayuda, responsabilidad propia, democracia, igualdad, equidad y solidaridad. Inicialmente, la cooperativa abrazó principios que le dieron carácter e identidad propia. También valores éticos de honestidad, apertura, responsabilidad social y cuidado de los demás.

Este conjunto de valores se expresa en las siguientes definiciones: membresía voluntaria y abierta; control democrático de sus miembros; participación económica de los socios; autonomía e independencia; educación, formación e información; cooperación entre cooperativas; y preocupación por la comunidad.

Al contrario de lo que podría presumirse en base a prejuicio, Estados Unidos se caracteriza por su alto número de cooperativas, de los mayores del mundo. Las hay en sectores muy diversos: vivienda, financiero, agrícola e incluso servicios públicos. En datos concretos, el número de cooperativas superan las 30 mil.

Pero vive una constante evolución, de avances y retrocesos, además de legislaciones muy diversas que varía entre los diferentes estados. Éste y el acelerado proceso de concentración de la riqueza son dos de los mayores problemas que enfrenta el sistema cooperativo estadounidense.

Según la National Cooperative Business Association, NCBA, institución más representativa del sector, además de los dos problemas señalados, la sociedad enfrenta retos como el acceso a la salud, la desigualdad en la educación y la urgente necesidad de viviendas asequibles. Un conjunto de problemas jaqueados, además, por una débil red de seguridad social.

En una economía que origina un PIB anual del orden de los 25 billones de dólares, las cooperativas generan unos 700.000 millones de dólares, algo así como el 2,8%, según la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos. Se estima que las cooperativas dan empleo a unos cinco millones de personas, según la National Cooperative Business Association. Pero estas cifras han sido

La solidaridad

Dos grandes momentos impulsaron el desarrollo del cooperativismo, tiempos en los que la sociedad sintió necesidad de apelar a la solidaridad: una, la crisis de la Gran Depresión donde el gobierno federal apoyó el desarrollo de cooperativas, estimulando su desarrollo en todo el país; y dos, cuando el movimiento por los derechos civiles contribuyó a su expansión.

Posiblemente, también cantaran “vivan las cooperativas /donde se respiran /sueños de igualdad… la siempre viva, la solidaridad” (Ruben Olivera).

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