Cuidado con las fotos por Ricardo Peirano

El pasado 4 de julio el diario La Nación de Argentina publicó una muy interesante entrevista a nuestro ministro de Economía, Gabriel Oddone. Ella nos permite, en primer lugar, conocer lo que el ministro opina de la evolución de la economía argentina: “vemos que, en términos de lo que son los indicadores macroeconómicos, la Argentina logró un gran avance en los últimos 18 meses. Con un programa ortodoxo, cerró la brecha fiscal, ha logrado hacer converger la inflación en una trayectoria hacia niveles razonables y logró empezar a desarmar el esquema de tipo de cambio múltiple. Lo que tenemos ahora como un gran desafío es cómo se generan las condiciones de mercado para hacer que la economía crezca y que le permita a la política económica atacar los problemas vinculados a la pobreza”.

 Y, en lo que refiere a Uruguay, el interés proviene, no tanto de anuncios que haya hecho el ministro, sino de su visión, para el público argentino e internacional, de cómo explica la forma de crecimiento que visualiza para  la economía uruguaya.

No hay nada nuevo bajo el sol en lo que especifica el ministro pero es bueno que se reafirmen esos conceptos ante señales confusas o contradictorias que emanan del gobierno o de sectores importantes de la coalición de gobierno. Desde la apetencia por un incremento del gasto en todas las áreas, hasta la peregrina idea de poner un impuesto sobre el 1% más rico (algo que hizo con rotundo fracaso la señora de Kirchner para cubrir sus necesidades fiscales) no paran de llover iniciativas que van contra la generación de un positivo clima de negocios que atraiga esas inversiones que tanto necesitamos y que el ministro estima en unos US$ 4000 millones anuales.

Oddone señaló que “que en Uruguay los economistas tenemos diferencias ideológicas y de formación, pero existe consenso sobre 10 o 12 principios básicos: que la inflación baja es buena, que el déficit fiscal debe mantenerse controlado, que la apertura de la economía es crucial y que los regímenes de tipo de cambio múltiple no son una buena idea. Estas cuestiones están saldadas hace años”.

Saldadas están y todos los ministros de economía desde el retorno de la democracia suscribirían esos principios sin ningún problema. El problema mayor, sin embargo, es cuando se desciende a detalles. El equilibrio fiscal es una meta que todos buscan pero no hay tanto consenso sobre el nivel del gasto público. Para muchos está en el máximo, pero las demandas sociales y sectoriales quieren llevarlo más arriba. Hasta ahora ese crecimiento del gasto se dio en épocas de bonanza internacional como la registrada entre 2005 y 2014. Terminada esta, la batalla para equilibrar un déficit alto (del entorno del 4% del PIB) se basa en si hay aumentar impuestos o rebajar gastos o una mezcla de ambas.

Políticamente no ha sido ponerse de acuerdo aunque hay un consenso amplio que la carga impositiva está en sus máximos niveles. Por otra parte, los intentos de reducir el gasto público chocan contra las presiones sectoriales. Entre otras cosas, no hay manera de reducir el excesivo número de funcionarios públicos ni aún con la idea gradualista de no rellenar todas las vacantes que se generan. El gobierno anterior tenía una ambiciosa agenda de reemplazar solo 2 de cada 3 vacantes pero no pudo llevarlo a cabo. El actual no se está proponiendo ni siquiera eso.

Hasta ahora, el buen consenso del que habla el ministro Oddone ha permitido mantener una institucionalidad muy respetada dentro y fuera de fronteras. La calificación crediticia del Uruguay es buena y eso le ha posibilitado colocar deuda pública. Pero todo tiene un límite y Uruguay está cerca de ese límite.

Oddone es consciente de ello y por eso habla de que es necesaria una “consolidación fiscal”. Eso es lo que esperan los mercados. El problema es que para hacer una tortilla hay que romper algunos huevos y no se ve en el horizonte como se va a realizar eso.

La apuesta a un mayor crecimiento que el magro 1% de la última década es razonable pero ello implica alinear fuerzas que no terminan de ver el rol esencial del sector privado en la generación de riqueza y de empleo. Siguen soñando con que el estado, por una vía o por otra, va a generar prosperidad.

Ello se ve incluso en el voluntarismo con que se mira el crecimiento del salario. Toda la concepción subyacente en las pautas salariales que acaba de dar el Poder Ejecutivo apunta a que el salario real solo crece si el gobierno lo lleva hacia arriba. Y bien sabe el equipo económico que si el salario crece sin aumento de la productividad lo que acomodará el equilibrio será el nivel de empleo. Ya lo vivió Uruguay durante la segunda presidencia del presidente Vázquez, con una pérdida neta de puestos de trabajo del orden de los cincuenta mil en el periodo.

La idea de que sin crecimiento no hay aumento del salario y del empleo es algo que no ha permeado en muchos sectores de la coalición de izquierdas. El equipo económico está un poco solo en su visión sobre la importancia del aumento de la inversión como condición necesaria para crecer.

Y no lo ayuda el posicionamiento ideológico que emana en muchos sectores del gobierno. Y aquí el tema de la inserción internacional tiene mucho influencia. En momentos en que el mundo está experimentando un cambio radical en sus relaciones geopolíticas y comerciales no parece una idea muy sensata la alineación con los BRICS. Es cierto que Uruguay no aplicó a ese bloque pero la presencia del presidente Yamandú Orsi en la reunión del grupo en Brasil como invitado puede dar lugar a consecuencias no deseadas.

Este lunes el presidente Trump amenazó con poner un 10% extra de arancel a los países que se alineen con “las políticas antiamericanas de los BRICS (que incluyen a Irán desde hace un año). Es verdad que las palabras de Trump cambian cada pocas horas y que no especificó cuales son “las políticas antiamericanas” de los BRICS. Pero no se sabe si es bueno salir en la foto del grupo.

Es momento de que Uruguay se abra más al mundo y también es importante con quien se abra. No es lo mismo el Mercosur, el acuerdo con la UE, los BRICS o el Tratado Transpacífico. “Dime con quien andas y te diré quién eres”.  Por eso, hay que tratar de salir retratado en la foto correcta, que refuerce nuestra identidad y nuestros valores. Por supuesto que comerciamos con todos pero no con todos nos asociamos. Y las fotos dicen mucho al respecto. Cuidemos en qué foto salimos y en cual no. Y cuidado con la del “retiro” en Chile con Lula, Boric y Pedro Sánchez. Lula y Boric son historia. Pedro Sánchez está en la cuerda floja por los escándalos de su gobierno. Aunque es fotogénico, no es bueno aparecer a su lado.

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