El próximo sábado 2 de mayo se reestrena “De Cerdos, un cuerpo que baila”, de Sabrina Yanque y Lucía Carlevari
Escrito por Sabrina Yanque, el texto de la obra comienza con un epígrafe de Cristina Peri Rossi que reza: “El cuerpo es un campo de batalla. En él se libran las guerras más íntimas, las más
dolorosas, las que rara vez tienen un vencedor claro”. En particular la obra trata sobre el cuerpo de una mujer, Macarena, a quien descubriremos encerrada en un calabozo, hablando de cerdos como animales sin compasión con la tendencia a “olerse el vientre unos a otros, sin parar”. También descubriremos desde el comienzo que Macarena tiene una hija pequeña, Soe, que están a punto de quitarle.
Son muchos los niveles que se van abriendo en el transcurso de la obra, pero resuena una tragedia arquetípica que sin embargo no ha dejado de encarnarse en cuerpos concretos desde hace siglos. En el contexto rural en el que se inscribe la “pre historia” de Macarena – esa que iremos descubriendo lentamente- los cuerpos, como el ganado, son organizados, utilizados y controlados. Y el cuerpo femenino aparece como un espacio privilegiado de apropiación: disciplinado por la familia, capturado por la lógica del deseo masculino y posteriormente regulado por el aparato judicial. La resistencia a cualquiera de esos intentos de imposición sobre el cuerpo destinado a una función determinada dispara una historia de resonancias trágicas bellamente contada y narrada por la dupla Yanque-Carlevari.
Carlevari, directora del espectáculo, contó a Voces que el proyecto se inició cuando Yanque, quien protagoniza la historia además de escribirla, buscaba alguien que la dirigiera. Carlevari asume el desafío en tanto “somos colegas, egresadas de la EMAD, y estudiamos juntas en la Tecnicatura de Dramaturgia. Había mucha confianza para trabajar un texto así, que aborda lo político desde lo íntimo, además que su estructura de monólogo lo volvía un trabajo súper desafiante”. El trazo poético del espectáculo se inscribe en una historia de resonancias trágicas, pero que podemos encontrarnos leyendo noticias diariamente. No adelantaremos aquí si el personaje tiene antecedentes “reales”, pero la directora sí afirma que “existía esa necesidad de encontrar la voz subjetiva de ese personaje, Macarena, atravesada por la violencia y por las marcas del deseo y la sexualidad. Para encontrar ese lenguaje, me basé en mi experiencia trabajando como psicóloga en contextos de vulnerabilidad y género. Entonces, es a partir de ahí que surge mi interés en trabajar esta pieza, para abordar justamente esas marcas de la tragedia familiar y la interpelación de los sistemas de Justicia”.
El MAPI no es un teatro, pero ofrece un espacio ideal para reconstruir el encuentro inicial del espectador con Macarena en un calabozo oscuro. Sin embargo es un lugar carente de recursos mínimos para un espectáculo teatral, que deben ser montados especialmente. Esto permitió, paradojalmente, un diseño de iluminación que potencia los ecos trágicos de la historia. “El contacto con el MAPI surge de la necesidad de plantear un espacio escénico que trabaje en el espectador a partir de sensaciones que se puedan despertar por la carga que tiene el lugar en sí mismo, desde cuestiones sensoriales, u olfativas, hasta otras experiencias que se ponen en juego a veces y tienen que ver con presencias espectrales de lugares cargados de memoria. En este sentido, fue importante trabajar en un lugar que propicia este clima, la memoria como objeto motor de deseo en el personaje de “Soe”, buscando las huellas de una memoria familiar que se le ocultan, y que descubre en escena, junto con el espectador. Sin dudas que el trabajo técnico ha sido un enorme desafío, que se resolvió con lucidez e ingenio desde el diseño de iluminación, y así se logró convertir el desafío en una oportunidad al plantear un juego escénico de luces para apoyar el trabajo de actuación en los momentos de cambios de personaje, creando a partir de un dispositivo sencillo, ciertos climas que apoyaron a nivel de relato y también a profundizar el trabajo actoral”.
Otros elementos que potencian la historia son el agua y la tierra, que incorporan algo de la materialidad “viscosa” a la puesta, sobre esto la directora agrega: “El trabajo con el agua y con la tierra surge a partir de la necesidad de dar cierta materialidad, a través de elementos simbólicos, a algunos de los ejes que atraviesa la obra como es la muerte y el dolor, pero también -y paradójicamente- el placer. En esta provocación, donde el personaje busca fundirse en un otro, y en la imposibilidad que se le presenta, es que surge con fuerza la referencia a los cerdos que atraviesa la obra como una metáfora de los límites humanos, aquello que se niega porque remite a algo sucio, que se quiere ocultar. Generalmente el chiquero en las casas de campo está en el fondo, porque no es lo que se quiere mostrar, por el olor que desprende. De la misma manera quisimos explorar esta metáfora, de lo que se esconde porque no se quiere sacar a la luz, o sale a la luz para no ser visto, que es una de las realidades del abuso intrafamiliar, es aquello que huele mal pero se esconde. En este contexto, para explorar el deseo sexual como algo prohibido, buscamos desde estos elementos, el agua y la tierra, crear el barro necesario, que dejaría sus marcas en el cuerpo”.
Sobre el abordaje de la historia, que propone pistas para que el espectador la vaya armando, la directora remata: “Una de las primeras cosas que marcaron mi forma de pensar la puesta fue concebir esta historia como una tragedia familiar y contarla desde ese tono. Pero por otra parte quería apartarme -si eso es posible- de ciertos tenores y sesgos con los que a veces solemos pensar la temática del abuso sexual, porque muchas veces olvidamos que son situaciones que se viven subjetivamente con muchas contradicciones, y no solamente se trata de una historia de “buenos” o “malos”. Esa fue una digresión importante para encontrar un tono justo para decir ese texto, y jugar justamente con las contradicciones y los contrastes. Esto se propició desde la actuación, y creo que es un trabajo muy rico que muestra a una actriz con gran ductilidad, y que se apoya en los matices que hay que buscar cuando se trata de abordar estas contradicciones. Desde la actuación ha sido el gran desafío, que seguimos profundizando para que se siga enriqueciendo función a función”.
De Cerdos se estrenó a fines del año pasado, y fue uno de los mejores espectáculos de la temporada. Es una gran noticia que podamos volver a verlo en el mismo espacio en que se produjo.
De Cerdos, un cuerpo que baila. Texto y actuación: Sabrina Yanque. Dirección: Lucía Carlevari. Funciones: sábados 21:00 (desde el 2 de mayo). MAPI (Museo de Arte Precolombino e Indígena), 25 de Mayo 279.






