En ciertas ocasiones, los universos del arte se conectan. Entonces, a partir del nexo que pone en diálogo obras en apariencia independientes entre sí, surge un nuevo hecho estético. El milagro lo produce la mirada, que encuadra, recorta y fusiona. Cuando esto sucede, por un instante, el espectador se transforma en artista.
He ahí la razón de que, al abandonar la galería, el hombre se sienta exultante. No es para menos: consigo lleva el recuerdo de la imagen que acaba de componer en el atelier de su retina.
(Ubicación: 25 de Mayo 491)





