Disneylandia oriental

A veces da la impresión que los formadores de opinión

vernáculos (políticos, sindicalistas, empresarios,

comunicadores y otras yerbas) se dedican a banalidades.

Ya vimos la polemicucha entre twiteros y periodistas sobre

quien descubrió la pólvora de los ridículos gastos públicos.

¡Se van a romper los boxers pibes!, decían en mi barrio.

Después vino el acto del primero de mayo con ausencias y

presencias que armaron más lío que el quincho de Varela.

Para no hablar de los discursos de un burócrata cubano y

de una subdesarrollada sindicalista y su fobia a las AFAPs.

También tuvimos el regreso triunfal de los héroes de la

flotilla que volvieron sanos y salvos de su turismo militante.

Ahora salió nuestra Cleopatra de Villa Española con sus

ganas de dejar su impronta personal con un elefante blanco

Pero el mayor generador de debates al cuete fue Yamandú.

Si fue al acto del PIT-CNT y luego al asado en la chacra, si

recibió a los jerarcas de Netflix, si viajó a la España de

Sánchez, si se juntó con los familiares de desaparecidos o

si fue a San Pablo a reunirse con empresarios brasileños.

Todo lo que haga o no haga el presidente es cuestionado.

Pero la frutilla de la torta fue la visita a la chatarra flotante

yanqui que paso por nuestra costa rumbo al desguazadero

Saltaron como pelota los compas que fueron hace muy

poco a darle un abrazo solidario al tiranuelo del Caribe.

Me hizo acordar como la derecha relajó a Mujica por usar

una campera con la insignia del ejercito de Venezuela.

Para algunos Orsi cometió un pecado capital de cipayismo.

¿Y que fue aquel asado de Tabaré a Bush en Anchorena?

¿O la reunión de Pepe con Obama en la Casa Blanca?

¿Cómo toman la ida de Lula a Washington a ver a Trump?

Realmente, parece que viven en un mundo de fantasía.

Hay temas graves y urgentes para resolver aquí y ahora.

Una buena: es correcto que se declare la alerta roja por la

ola de frio que se avecina y se lleve a refugios, asi sean de

las “odiadas” FFAA, a toda la gente en situación de calle.

Otra prueba que avanza la revolución de las cosas simples.

Alfredo García

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