Eduardo “Pitufo” Lombardo: El Carnaval se ha transformado en muy Broadway

Pocas figuras encarnan tan bien el espíritu de Momo como este personaje que comenzó a los catorce años en Sayago con la murga El Firulete y hoy dirige con sesenta a Falta y Resto en su retorno a los tablados.

Músico, docente, compositor y cantor, pero para nosotros es ese director que se agiganta afinando como nadie un coro de carnaval.

Por Mauricio Rodríguez y Alfredo García / Fotos: Mariana Ungerfeld

PERFIL:

Nació en 1966. Vivió hasta los 9 años en el barrio La Comercial y luego se mudaron a Sayago. Su padre fue ferroviario, era tornero metalúrgico; y su madre, ama de casa. Es hijo único. Fue a la escuela y al liceo público. Hizo dos años de carpintería y luego estudió música. Tiene dos hijos.

Vos sos hijo de la dictadura.

La viví como gurí y como adolescente. Sobre todo cuando vivimos en la cooperativa de FUCVAM en Sayago. Muchos de los familiares de amigos de ahí tuvieron que exiliarse. Entonces, nos pasaban libros y músicas que estaban prohibidas. Nos empezamos a vincular con la gente de la música popular que iba a los festivales. Te puedo hablar de Los que iban cantando, Jaime, Canciones para dormir la siesta, Rumbo, Fernando Cabrera, fue toda una época de mucho aprendizaje para nosotros, que éramos los niños.

El canto popular tuvo un auge brutal como resistencia a la situación.

Sí, totalmente. Cumplía un poco ese rol de que la gente se juntaba para ver espectáculos, para ver películas. Recuerdo que hasta había prohibiciones de festejar cumpleaños.

¿Había militancia política en tu familia?

Siempre hubo conciencia de lo que estaba pasando. Mi viejo siempre fue socialista, mi madre también, pero no hubo una militancia directa. La tuve yo a través del arte y del Carnaval y la murga. A partir del 83, con la murga Falta y Resto hacíamos muchísimos comités de base.

¿Había mucha música en tu casa?

A través de la radio, muchísima. A mi vieja le encantaba Amalia de la Vega. Y mi viejo era más tanguero y más del folclore argentino. Había discos de Los Olimareños y de Falú. Recuerdo que con mis padres íbamos muchas veces a una chacinería que quedaba en La Comercial y pasábamos por la casa de Hugo y Osvaldo Fattoruso. Entonces mi padre, cada vez que pasábamos por ahí, me decía: “Eduardo, aquí viven unos músicos increíbles que salen en Carnaval”. Tenían el trío con su papá, el Trío Fattoruso. Eso me quedó muy registrado, pues la vida me dio la oportunidad de tocar con ellos. Y después mucho Carnaval en los tablados.

¿Y te pasaba de decir: “Me encantaría estar ahí”?

La música yo siempre me la tomé muy en serio. De muy niño me gustaba mucho, me llamaba mucho la atención la sonoridad. Me gustaba jugar a adivinar qué música usaba la murga. Me acuerdo de un año de la Milonga Nacional que usaban la música de Eloísa, de Rada, y la letra decía: “¿Dónde está la guita? ¿Dónde está?”

¿Y Bella Vista, dónde entra en todo esto que estás contando?

Fui a entrenar porque me enteré en el barrio en Sayago. Yo tenía 15 años y fui a practicar a las canchas del Ferrocarril. Yo no conocía a Tabárez. Él estaba dirigiendo las inferiores de Bella Vista, quedé y jugué algunos partidos. Luego fui a jugar a la Sexta de Racing. También fui a practicar con la Quinta de Liverpool y me pusieron en la Cuarta. Creo que fue el mejor partido que hice en mi vida.

¿De qué jugabas?

Yo soy derecho, pero jugaba de puntero izquierdo, enganchaba para adentro. Era ágil, tenía velocidad, pero claro, era muy livianito. Bueno, fui a practicar, quedé en la Cuarta y al otro día me tenía que sacar la ficha médica y trasnoché. Y no fui  porque me gustaba ir a los recitales y la música.

¿Tuviste contacto con Tabárez?

Tuve una charla muy linda con él en un par de oportunidades. Primero, en una charla con los padres, dice una cuestión que para mí fue como muy educativa, no solamente el hecho de llegar a “triunfar” con el fútbol, sino el poder tener herramientas para poder desarrollarse en la vida. Eso me quedó grabado. Después tuve un encuentro con él cuando la selección uruguaya vino del Mundial de Sudáfrica. Y luego, más adelante, yo hice la canción para la Selección que fue Descolgando el cielo, y siempre tiene una relación muy linda. Sus hijas eran muy hinchas de la murga Contrafarsa también y tenía una relación bastante directa también por ese lado.

Conociste a Mateo, a pesar de no haber tocado nunca con él.

No toqué nunca con él. Mateo era parte del equipo docente del TUMP. Entonces compartía algunas veces con él. Entraba a mis clases. Mateo era un genio.

¿Era tan genio?

Sí. Hay una visión de Mateo como un tipo muy bohemio, pero era un tipo que sabía mucho y tenía una información que poca gente la tenía. Sabía muy bien lo que estaba hacienda. El hecho de, al mismo tiempo, decir algo muy simple y a veces de una manera compleja en la musicalidad, el unir esos dos universos es una cosa muy difícil de lograr. Y después tuve la oportunidad de dar unos talleres que se cerraban con un espectáculo y yo no me pude quedar. Y al otro día me enteré que me estaba buscando para que tocara con él. Pero bueno, todo es como circular en la vida, y quien terminó tocando con él fue Ronald Arismendi, un amigo increíble de la vida y del Carnaval.

¿Qué dicen tus padres cuando empezás a hacer Carnaval, porque en aquella época no estaba bien visto?

Hay un trasfondo musical en mi familia. Nosotros los fines de año y las navidades, por lo general, pasábamos en Florida, donde vive la parte paterna de la familia. Siempre se armaban grandes, cantarolas y el que iba al ruedo con la guitarra era yo. Y bueno, cantábamos repertorio de todo tipo. Y mis padres vieron que realmente yo me lo tomaba en serio y me dijo mi padre: “Yo te pago las clases de guitarra”. Y luego se armó la murga de niños El Firulete, que fue una cosa muy linda. Yo tenía 14 años, era el más grande de todos.

¿De eso no hay grabaciones?

Hay una grabación que está registrada en disco, que es la canción de las cooperativas, que es una musicalización y un texto de Rubén Olivera. Pero claro, algún año antes había relación con muchos músicos que nos abrieron la puerta. Gonzalo Moreira, Mariana Ingold, Julio Brum, Mauricio Ubal… Mucha gente que se acercó a la murga con mucho interés y también nos dieron muchas herramientas. Mis padres no tuvieron ningún tipo de objeción, yo seguí estudiando y vino la invitación a hacer una prueba a la Falta, como platillero.

¿Por dónde vino eso?

Eso llegó por un gran amigo ya fallecido, que fue Walter Venencio. Según lo que me contó el Flaco Castro, Venencio comentó: “Hay un pibe en Sayago que toca bien”. Y bueno, hice la prueba y quedé.

¿En qué consiste una prueba?

Yo ya conocía los detalles del repertorio y fui, toqué y quedaron conformes. Toqué en los años 84, 85, 86 y 87, donde estuve formando parte de la batería. Ahí también tuve el primer encuentro con Jaime Roos, que fue en el Club Tabaré, en el 85. En el 84 se grabó Los futuros murguistas, y en el 85 Jaime mostró en vivo, en el Club Tabaré, Brindis por Pierrot. Fue la canción. Eso salió un 25 de diciembre. Y uno cambiaba el dial y estaba por todos lados. Quedó en el colectivo popular.

¿Qué significaba estar en la Falta en esos años tan particulares?

Por un lado, yo amo este género y lo amé desde muy gurí, porque tuve la suerte de que mis viejos fueran al Carnaval. En casa se escuchaba mucha música, a mi madre le encantaba cantar. Y para mí fue todo un aprendizaje muy grande. Creo que he tenido la virtud de escuchar al otro. Y en ese tiempo pude, desde lo profesional, ver cómo trabajaban con el texto, cómo trabajaba Jaime, tanto en las grabaciones como en las composiciones. En el mostrador también se aprende. Y bueno, he tratado de tomar lo mejor que he podido sacar de eso. Siempre me lo tomé de una forma muy profesional. Obviamente, mi alegría de estar en una murga, con la importancia que tiene y tenía Falta y Resto… En vivo la vi recién en el año 83, y realmente me sorprendió su estética. Fue el año de Murga La… Estaba Julio Julián. La figura de Roberto García, Walter Venencio, el Mono, el Flaco Raúl, el Canario Luna. El estar ahí era un regalo de la vida.

Porque, no solo colectivamente sino individualmente, había figuras importantes, creadores.

Sos perfeccionista y Jaime también. Todo el mundo dice que sos un ladilla.

Bueno, en realidad me fui armando mi propia rutina. Porque, claro, cambió mi rol. Pero al estar enfrente de una murga y, en ese año 88 con Falta y Resto, era responsabilidad grande. Tuve la suerte de que mis compañeros me apoyaron mucho, pero está bueno también aclarar cómo fue. Hubo una asamblea para ver a quién llamábamos, porque Julián abandonó la murga porque se iba a hacer un trabajo murguero a Australia. Y se dijeron muchos nombres. Jamás en mi vida tuve el fin de dirigir una murga, nunca lo pensé.

Y el Flaco Raúl en un momento dijo: “El director está acá adentro”, y me señaló a mí. Me empezaron a temblar las piernas.

¿Qué edad tenías?

Tenía 21. Y había mucha gente también con experiencia de muchos años. Y después que terminó la asamblea hubo conversación en el mostrador, porque yo era un pibe. Al final se decidió que sí y me fui armando mi propio método. Empecé a dirigir con las herramientas que tenía hasta ese momento y luego fui perfeccionando a través de los años.

¿Cómo es dirigir una murga?

Lo más difícil es lograr el entendimiento de hablar en un mismo lenguaje en todo sentido. Te hablo de tener los conceptos claros que hay que poner, para después aplicarlos. Cada uno tiene un método diferente de trabajo. Trabajo de una manera horizontal. Acepto sugerencias, ideas, críticas. Y realmente con el sentir que la murga está cómoda cantando en un lugar donde no se lastimen. Soy muy abierto en eso y me gusta trabajar de esa forma porque es aprender en realidad.

¿Tenías algún director que te gustara en particular?

Algunos no los vi. Y de algunos me habló mi padre.

¿Llegaste a ver a Pepino?

Ni a Pepino ni a Cachela. Vi a Julio Julián y vi a Pastrana, que era increíble. Y después, con otro estilo, también a Cocina Márquez, que hacía sonar las murgas de una forma espectacular, a mi manera de ver, y el swing que tenía y cómo se movía en una baldosa era una cosa increíble. Después vi dirigir al flaco Roberto García, más allá de ser un tremendo cantante con una voz espectacular, estéticamente era muy lindo. Me quiero acordar el nombre del director de La Matraca… ¡Cachito Mastriani! Un loco bastante bajito también, pero muy pícaro a la hora de dirigir.

Vos te definiste como percusionista más que como guitarrista.

Trabajé veinticinco años como percusionista, con Rubén Olivera, con Mauricio Ubal, con Mariana Ingold, con Hugo y Osvaldo Fattoruso. Con Fernando Cabrera mucho tiempo, integrando la batería de murga y alguna percusión accesoria con la banda de Jaime. Con Drexler, también; con Popo Romano y su banda.

¿Quién te falta?

Grabé en más de ciento cincuenta discos como percusionista. Es una cosa que me encanta, y cada tanto viene alguna invitación en vivo o para tocar en algún disco. Hace unos cuantos años que también empecé a armar mis canciones. En 2007 recién saqué mi primer disco. Había compuesto alguna cosa para Contrafarsa, pero la composición fue un poquito más en la obra Murga Madre.

Dijiste que es de las cosas que más orgullo te ha dado.

Murga Madre me habilitó a componer no solamente una canción para un repertorio murguero, que me encanta, sino que también me abrió la puerta a componer hacia otros géneros musicales. Y, por otro lado, ponerme en un rol que yo nunca había hecho, que es la actuación. Ahí trabajamos conjuntamente con Pinocho y con Fernando Toja, que fue el director de la obra. Entonces estuve en otro rol, yo no me considero actor, pero sí pude componer un personaje, con otras herramientas que nos brindó Fernando, que ha sido un gran docente para nosotros. Fue un trabajo muy lindo.

¿Por qué es tan importante el Carnaval en Uruguay con respecto a otros países?

Yo creo que esto nace en la calle. Es cierto que está la versión que todo el mundo escucha: que esto proviene de Cádiz… Yo no lo siento muy de esa manera. Siento sobre el Sur de Montevideo el sonido de la música negra. Siento que la murga no es blanca, la murga es negra. Su rítmica, su manera de frasear, tiene cosas de la rítmica negra. En el Sur y la Ciudad Vieja, ya en el 1800, había como células de gente que se juntaba a cantar por el gusto de cantar y armonizar arreglando a oreja. El que tenía más oreja inventaba la voz de la segunda. En La Matinée, uno de los veteranos me dijo: “Esa, la real”. Otro lenguaje.

¿Qué es “la real”?

La real, es la melodía en realidad. Entonces creo que la música negra tiene mucha importancia. Claro que están las influencias musicales de cada década. La década de oro del tango. Después lo que pasó en Argentina con este movimiento de El Club del Clan. Hay mucho de ser Puerto, es muy importante.

¿Influencias?

Exacto, Hay una similitud, más que con la chirigota, con la comparsa, en mi manera de ver, en la forma de decir y en los contenidos, pero en lo rítmico no tenemos nada que ver. Es otra cosa. Ahí se toca pasodoble. Nosotros no tocamos pasodoble. Capaz que podés encontrar en una murga un pasodoble, pero viene de la música negra. No tengo duda de eso.

Escuchás la murga de Cádiz y no tiene nada que ver con la nuestra.

Me parece que sí hay similitudes. En que siempre hay una mirada en el contexto político, social, cultural. En eso hay similitudes, indudablemente en lo rítmico, no.

Pero bueno, el hecho de que seamos puerto trae muchas cosas. Las influencias de la música. El tango tiene mucho que ver, el lunfardo, los mostradores tienen mucho que ver. Y. a medida que fue pasando el tiempo, el Carnaval fue atrayendo gente. Al principio la murga era muy mal vista.

Era rea.

Era mal vista. Ahora cambiaron los tiempos. La integración de las murgas antes era de gente laburante. Y ahora ahí encontramos profesionales y gente que se dedica a estudiar una carrera universitaria. Y, por otro lado, creo que la música popular uruguaya tuvo también un ingrediente fuerte porque los cantores populares han tomado el género. Y también han hecho canciones que tienen mucha influencia, y llegan a otras capas sociales. Eso también impulsó a que el público no es el mismo, está como mucho más abierto.

Hay dos carnavales: el del Teatro de Verano y el de los barrios. ¿Cuál disfrutás más?

Mirá, disfruto de los dos, pero creo que el fin primordial es llegar a la gente. Que la gente se identifique con lo que uno está cantando y poder movilizarla. Y capaz que es demasiado pretencioso decir de modificar, pero en realidad la música modifica. Yo no sé si hay un grupo de Carnaval, no me refiero solamente a las murgas, que piense un espectáculo para ganar el Concurso. Siento que cada grupo trata de hacer un espectáculo que se sienta cómodo a la hora de decirlo. En cuanto al Concurso, creo que se apunta demasiado al Teatro de Verano y menos a los barrios. Y, por otro lado, siento que el Carnaval ha perdido una cosa artesanal que se ha transformado en muy Broadway.

¿Es un negocio?

Por supuesto que es un negocio. Y entonces me parece que perdió un poquito eso, que está bueno recuperarlo. Es interesante que el género se ha expandido. Esto me lo dijo el Flaco Raúl: “Es como la caña tacuara. Vos plantás una  y termina creciendo por todos lados”. Bueno, es lo mismo. La murga, por llamarlo de alguna forma, de estilo uruguayo, está en muchos lugares de América.

 En Argentina nos quieren imitar la murga y no les sale.

En Argentina, Colombia y Chile, seguro. Y otra cosa muy interesante es la mirada de diferentes generaciones que integran la murga. Yo voy a cumplir 60 ahora en marzo, ¿viste? Y en el recorrido de la vida uno va modificando, va aprendiendo y obviamente que mi mirada se mueve de una forma.

Un muchacho de 20 tiene determinada mirada y me parece muy positivo eso de que cada generación o cada grupo integrado por determinadas edades tengan la mirada que tienen ellos y que puedan desde su lugar reclamar lo que ellos quieran.

Eso enriquece la murga.

Eso me parece muy rico. Y, por otro lado, me parece muy interesante que hay cosas que tiene el género en su esencia que no se pierden. Porque los que plantamos la semilla no fuimos nosotros, fueron otros.

Con cosas increíbles, actores que son cupleteros con una escuela callejera, igual que tocadores. Siempre cuento esta experiencia con la batería de La Matinée: Iván Bentancour en platillos, Cuita Correa en redoblante y Fasulo Borrego en el bombo. Yo en ningún momento indiqué a la batería. Nunca tuve que marcar absolutamente nada.

La tenían clarísima.

Son marcianos. Y bueno, eso ¿cómo lo explicás?

Yo creo que la murga también es eso. O sea, más allá de lo técnico. Yo sé que laburo con la partitura para saber que estoy haciendo todo bien, pero hay otro lugar que es la piel, que es la cuestión de la bohemia y de la intuición, que no está en una partitura. Está en el cuerpo y en la mente y en la sangre de cada uno que ejecuta.

¿No se aburguesó el Carnaval?

Buena pregunta. Tal vez, en algún sentido, sí. Yo no sé si se aburguesó, no sé si es el término. Creo que es otra cosa. Lo que dije antes, perdió lo artesanal y se forma en un lado más Broadway. Está bien que sea profesional y que cuando vas a ver un espectáculo escuches y veas una cosa artística, no solamente a nivel musical o letrístico, sino también de su estética. Pero, a veces, a mi consideración se va para el otro lado.

La llegada del teatro aporta, pero también le resta, ¿no?

Yo no sé si le resta. Yo creo que le suma, porque es otra mirada, y es otra escuela. La cuestión, que es lo más difícil en la vida, es lograr el equilibrio.

Antes las estrellas eran los cupleteros, ahora llevan figuras mediáticas que pasan a ser protagonistas. ¿Eso realmente es Carnaval?

Bueno, todo el mundo tiene la libertad de…

No te pongas políticamente correcto.

No, no. Tiene la posibilidad de elegir a quienes juegan en el cuadro. Mujeres. Hombres. Quien sea. Es una cuestión estética. Yo creo que toda la gente que sale en Carnaval tiene sus virtudes. La cuestión es la forma de hacerlo. A algunos les gusta más una cosa y a otros les gusta más otra. No le doy más valor a una cosa u otra. Creo que son dos estilos y escuelas diferentes.

La murga antes era el grupo y ahora hay una o dos figuras que son los fundamentales.

Pero es un tema de balance.

Empezó la Falta con el Bananita.

Pero el Bananita siempre fue una figura dentro del Carnaval y no viene de otro ámbito. Por supuesto que no estoy por dentro de todos los grupos para saber cómo trabajan, pero tal vez ahora el trabajo se colectivizó un poco más. No digo que no se contrate ahora para hacer determinada tarea, pero también es la forma más colectiva de armar el espectáculo. Hay un trato mucho más horizontal y mucha más participación. Creo que eso enriquece el espectáculo.

Después, evidentemente, hay gente que cumple roles porque tienen oficio en lo que hacen. No importa de qué escuela venga. A vos te puede gustar una murga que hable más o menos. Pero después es el público el que adhiere o no.

¿Hay menos humor?

No, hay humor diferente.

¿La corrección política no está matando a la murga?

No, no la está matando, pero incide.

¿Para bien o para mal, porque la murga es transgresora por naturaleza, no?

No sé si ustedes han tenido oportunidad de ver el Carnaval ahora pero hay palo para todos lados.

 Este año me llamó la atención.

Hay un cambio este año. No veo casi nada porque veo el pedacito que agarramos cuando entramos después de un conjunto.

No me refiero a este sino a los últimos años.

Bueno, sí, a veces es exagerado. Porque se corta una cosa de la murga. Los extremos nunca son buenos.

Pero no te sorprende, y la murga era interesante porque te sorprendía por su crítica, por su estética o por una letra o lo que fuera.

Voy a agregar algo a tu pregunta. Yo creo también que el Carnaval no es solamente lo que sucede arriba del escenario. Obviamente, es lo que sucede en el contexto adentro del país. Y muchas veces es más

montevideano y no integra tanto el interior. El Carnaval no es solamente el espectáculo. Un espectáculo se termina de armar con el público. Y, por otro lado, hay muchas patas. Está DAECPU, está la Intendencia y está la prensa. El otro día me hicieron una pregunta que me gustó, que fue: “¿Qué le sacarías y qué le pondrías al Carnaval?”. Yo le sacaría toda la estupidez. Hay que ver lo que pasa en las redes, que mucha gente escribe cosas y nunca da la cara. Siento que no todos, y esto lo quiero poner en mayúscula. En vez de informar, desinforman. Entonces a mí me parece que los programas tienen que ser más educativos. No de la forma que se hacen. Todos están libres de dar su opinión pero también hay que tener herramientas para hablar de determinados temas. Y no se tienen. Y se dice cualquier cosa. Entonces me parece que hay mucha estupidez. También juegan otras cosas que capaz que hay gente que no se anima a decirlo. Yo no tengo pelos en la lengua. A mí me pasó que una vez me subí en un taxi y te estoy hablando de cinco años atrás. Me dice el chofer: “Esta murga está para ganar”. “¿La viste?”, le pregunté. “No, es lo que dicen”, me respondió.

Eso pasa, es verdad.

Acá el fin primordial es el espectáculo y el espectáculo está armado por los artistas que suben arriba del escenario y por el público. Por supuesto que cada uno puede opinar lo que quiera. No es una cuestión de censura o que no te guste lo que digan.

No estoy diciendo eso. Yo lo que estoy diciendo es que se desinforma.

¿Y cuánto pesan los jurados de Carnaval?

Tengo una visión del arte que es no complacer. No juego con el complacer. En el arte no.

Ni tampoco panfleto.

Bueno, eso está ahí incluido también. Cada uno tiene su visión y su gusto. Es libre de plantear la estética general que quiera, dentro de la música, del texto, de la puesta, de la ropa, dentro de lo que sea en el espectáculo.

Hay hitos históricos en la murga: La Soberana, Falta y Resto, Contrafarsa, Catalina y Murga Joven. ¿Hacia dónde viene el nuevo hito histórico?

Hay mucha cosa. La otra vez, analizando una cosa, no me acuerdo si era de los Asaltantes del año 50 y pico, había un momento donde bajaban el volumen.

A mí se me acredita muchas veces de haber hecho eso. Yo no fui el primero que lo hizo. No me enteré que lo hicieron antes. Lo hice por intuición.

ADN carnavalero.

Hay muchas cosas que están atrás, que se han hecho. Vos estás nombrado a La Soberana, yo pongo a Araca también. Pero es cierto, hay como algún mojón. La pongo ahí también a la BCG. No sé para dónde va. O sea, las nuevas generaciones son las que van a seguir en el camino. Y los artistas que integran los grupos son los que van a poner las estéticas o las ideas.

Lo único que falta es que el hijo de Pinocho les gane este año.

¿Por qué no? Si es así, será bienvenido porque bueno, el Cami y la barra esa es preciosa y lo que hacen es muy lindo también. Pero bueno, vaya a saber para dónde va. Eso no solamente lo da un espectáculo de murga, sino lo da un contexto de país y todas las cosas que van sucediendo. La música que va apareciendo, que influye. Los letristas, las miradas, las personas que integran la murga.

¿No se ha vuelto una especie de moda que hay que meter mujeres y si no, quedás mal?

Bueno, hay murgas que no tienen, es una elección.

Ustedes metieron tres cantoras.

Son tres cantoras espectaculares. Julieta salió en Murga Joven y salió en una revista. Después, Lucila es cantora de flamenco. Y Federica es del interior, salió en una murga de Mercedes. Pero fue una elección que surgió muy de a poquito. Elegimos que era lo que realmente queríamos por el empaste con las voces masculinas y consideramos que son muy buenas cantoras. No considero que una murga esté bien si tiene o no tiene mujeres. He visto murgas que son todas las voces femeninas y están espectaculares, mixtas y solamente voces masculinas. No va por ese lugar. Me parece que la mirada de la mujer es importante, sin duda. El Carnaval es un mundo particular, es muy machista. Y me parece que en un grupo donde, por sus dotes

Artísticas, se integran mujeres también a la hora del encuentro, de la creación, de la mirada y del convivir, le hace muchísimo bien.

Es inevitable contaminarse de lo que va pasando en el Concurso. ¿Cómo lo llevan?

Abstraerse es imposible porque te llegan las cosas, después cada uno del grupo es libre de sentir a su forma. Yo creo que lo mejor es no preocuparse por eso; es ocuparse de mejorar, de hacer las cosas bien, de llegar al escenario con la misma pulcritud y con el mismo profesionalismo y la misma entrega a todos los lugares. Y en cuanto al Concurso, vos podrás estar de acuerdo con la visión que tuvieron los jurados o no, y muchas veces podés no ganar, que son la mayoría, no ganar un primer premio, pero quedar muy conformes con el trabajo que se hizo. La cuestión es cómo un grupo se para adelante de eso, cómo lo toma. Y, en mi caso, intento no perder el eje. Estoy más viejo.

¿Cómo es la interacción con las nuevas generaciones?

Me llevo muy con las nuevas generaciones. Y porque también siento que ellos en algún momento me vieron. Yo los veo a ellos ahora. Entonces hay una muy linda relación y tal vez ellos hayan aprendido algo o hayan tomado algo, pero yo tomo de ellos también. Yo tengo mucha ida y vuelta con el hijo del Flaco, con Pedro. Y con los otros compañeros que son jóvenes. O sea, hay de 20, 30, 40, 50, 60 y 70 en la Falta. Tengo un acercamiento con Pedro, he charlado de muchísimas cosas. Él tiene experiencia, salió en Murga Joven también, entonces es un aprendizaje. Él con sus argumentos y yo con los míos, pero siempre de una manera muy amorosa.

Autopsia de la Falta de este año de un hincha histórico. Se reitera en algunas cosas. Debe rendir más.

Y bueno.

Concurso de Murgas imposibles versus Concurso de murgas barriales. El Flaco este año estaba escaso de inspiración. La Loquilla se divierte versus El Mono haciendo un solo.

Eso son guiñadas.

Tenía una expectativa con la vuelta, más con el plantel que tiene.

Bueno, esa es tu opinión. Por ejemplo, no es un Concurso. Los participantes vienen a hacer aportes a un festival para una cuestión colectiva. O sea, acá en este espectáculo, una de las lecturas que hago es que lo colectivo está por encima de lo individual. Ahí creo que este tramo lo dice. Creo que lo que tú decís de La Loquilla se divierte no es lo mismo. Porque esto es un clown estéticamente. Después hay una temática que es el 20 de mayo, que no está tocado directamente. Y siento que son guiñadas también, porque en algún momento nosotros dijimos esta Falta, al volver después de tantos años, también tiene que ser la Falta de todos los años. Eso llegamos a charlarlo en un momento y se fue dando.

¿Se discutió la crítica a la izquierda o al gobierno?

Hubo un intercambio, y en realidad fue muy natural, como fue la murga analizando y aceptando las cosas que iban viniendo. Algunas de las cuartetas se cambiaron, pero no necesariamente por una cuestión política o políticamente correcta, sino porque eran cuartetas que no nos rendían, o sentíamos que no estaban bien armadas.

El Caraja me hace acordar a Pepe Revolución y al Deschave, a las dos cosas.

Bueno, me gusta. Yo creo que también hay una guiñada pero está explícita. Porque está explícita. Porque es un tipo que salió en la murga hace cuarenta años. Te maté. (Carcajadas).

¿Cuándo se queda afónico el Flaco para que no recite más?

Bueno, recita menos este año, está en su medida justa y es una voz imprescindible.

¿En el grupito inicial de esta Falta, se habló del tema de la expectativa?

Fue natural, la expectativa obviamente estaba.  Expectativa, por supuesto, porque es una murga con una historia. El espectáculo fue fluyendo de a poco. Fuimos cambiando cosas que no rendían tanto.

¿Cómo se está viviendo el otro Carnaval? La Falta en los barrios.

Divino. La verdad que en todos lados la respuesta es preciosa. La gente se divierte, escucha, se emociona. Hemos visto mucha gente llorando, mucha gente riéndose también, por suerte. Pero mucha gente emocionada con algunas cosas. Y eso es muy lindo. El agradecimiento y el cariño de la gente, que eso no tiene precio.

¿Cómo estás viviendo este momento intermedio del Carnaval?

Viviéndolo con mucha alegría y siempre corrigiendo cosas que se borronean y mejorando cosas todo el tiempo. Porque tenemos que ir a la segunda rueda.

Por una cuestión de mejorar el espectáculo y también por el Concurso. Cuanto mejor nos vaya y con más precisiones en todo lo que tenemos que hacer. Ayer, por ejemplo, hicimos un repaso de la puesta en escena, de algunas partes que estaban borroneadas.

El coro es impresionante, tenés voces brutales.

Sí, se trabajó muy bien. Hemos trabajado muy duro.

Hemos invertido muchas horas. Pero yo estoy sumamente conforme con la ejecución, por un lado; pero estoy conforme con el trabajo musical, con los arreglos y con la elección musical, también estoy súper contento.

Dos hijos. ¿Murguistas?

Son recontra carnavaleros y murguistas. A Paula le encanta el Carnaval.

¿Han salido en murga?

No, toca guitarra y piano. Y Joaquín es médico. Sí, compartió conmigo en el espectáculo Celebrar. Estuvo en el coro. Cantó. Le encanta la murga. A los dos les gustan las cosas artísticas. Han curtido mucha música en casa y a través de lo que escuchan del Carnaval, son sumamente carnavaleros. Con una mirada muy crítica.

¿Les das bola?

Sí, por supuesto. Los que están cerquita te dicen siempre la verdad. Con muy buen criterio y con muy buenos argumentos.

¿Qué viene para vos después del Carnaval?

Bueno, voy a grabar una canción nueva que quiero sacar, la tengo que grabar. La canción va a ser grabada con prácticamente toda la banda con la que he venido tocando. Tengo algún show con Pinocho.

Y después algún compromiso con la Falta. Obviamente que ya tenemos una cosa en Argentina en marzo y no sé si hay otra cosa por delante. Creo que sí. Y bueno, después encarar mi proyecto personal, paralelamente también de tocar y de grabar.

¿Se vive como artista en Uruguay?

Bueno, yo vivo como artista y como docente en realidad. O sea, con esas dos cosas sobrevivo.

¿Seguís dando clases?

No mucho, porque estoy, por suerte, tocando mucho y me gusta tocar, presentar mis canciones. Sobrevivo hace diez años. Antes era más difícil, ahora capaz que seguramente haya un poco más de reconocimiento a lo largo de los años. Eso me ha dado también la apertura de tocar en muchos lugares y que me conocen, más o tengo un historial más grande, una trayectoria más larga. Pero laburo mucho. Bajé la docencia, no porque no me guste, me encanta, pero trabajé 27 años como docente. Me gusta mantener algún grupo, pero me gusta salir a tocar mis canciones.

Recién decías voy a sacar una canción nueva.

Pero cambió el negocio de la música.

Ahora sí quiero hacer un disco. Tengo tres canciones terminadas y quiero hacer diez. Pero me gusta darme

mi tiempo para sacar el disco.

¿Asignatura pendiente?

Seguir conociendo gente por el mundo y poder compartir, tocar con las nuevas generaciones que vienen, que por suerte siempre hay una invitación de gente que son veinteañeros. Que son tremendos músicos, tremendos compositores. Eso no para nunca. Siempre aparece alguien con quien uno puede aprender algo. Seguir tocando y compartiendo. Me parece que lo más lindo es estar con la gente y aprender con la gente que viene, que tiene unas canciones e instrumentistas y letristas que son increíbles, ¿viste? A veces me ha tocado compartir con alguna gente, artistas de otro lugar…

¿Cuáles recordás?

Una vez compartí escenario con Mercedes Sosa. Con Lenine, también, que es divino. Lo siento como un tío. Con Serrat también, que Fernando Cabrera fue el director del espectáculo en el Estadio Centenario en homenaje a Zitarrosa. Fui telonero de Serrat y Sabina, con León Gieco, con Liliana Herrero. Con mucha gente que anda por ahí en la vuelta. Ahora tuvimos la oportunidad también de compartir, con la Falta, un nuevo disco de Drexler.

La música uruguaya tiene un poco eso, que se presta con más facilidad para el intercambio y hacer cosas juntos.

Sí, ha pasado naturalmente que se fusionan diferentes géneros y la gente se convida a los escenarios, porque también hay una admiración del colega.

Hay mucha sinergia, un espíritu colaborativo.

Hay realmente, colaborativo y de admiración y me parece que ese es el camino. Siempre he estado observando que la cultura popular brasileña sale en bloque afuera. Ves una comedia, que son muy buenas. Entonces los cuadros que aparecen en la escenografía son todos de pintores brasileros; la música, de autores brasileros; todos los actores, ese es el camino.

¿Te ofrecieron algún cargo gubernamental de cultura? ¿Aceptarías?

No, nunca. De verdad que no. Nunca me ofrecieron.

Pero mi lugar en el mundo es el escenario.

¿Cuán sacrificado es ser artista?

Por supuesto, hay mucho sacrificio. No solamente dentro del Carnaval. El músico que prepara una canción escribe la letra con mucho trabajo, compone la música. Luego escribe el arreglo, luego ensaya con los músicos, se va a grabar, que son muchas horas. Es tan sacrificado como cualquier otro oficio. Exactamente lo mismo. Yo veo muchas cosas que aparecen y dicen: “Vayan a laburar ocho horas”.

Laburamos diecisiete. Eso es una gran mentira. Ahí hay un concepto muy equivocado.

¿El Carnaval está hegemonizado por la izquierda, como dicen?

Yo creo que no y está a la vista este año.

Me está volviendo la confianza al Carnaval.

La murga históricamente siempre le dio palos al gobierno que estaba de turno. Siempre fue así. Se hacía.

Ustedes andan medio flojitos igual.

¿Te parece? Le damos más a la izquierda que a la derecha.

La Falta era la Falta, metía huevo.

Estás hablando de otro contexto político. Era otro momento. Tengo argumentos, ¿viste?

¿No extrañás a Marcel?

¿A Marcel? Por supuesto. Marcel es un murguista increíble. Hemos salido muchos años juntos. Yo, por ejemplo, con Pinocho estuve veinte años sin salir. Salí con Pinocho en el 89, ese fue el último año. Y después agarramos caminos diferentes y seguimos siendo amigos toda la vida. Salimos después, en el 2017, con Timoteo y con Marcel también lo mismo. O sea, hemos salido muchos años juntos, hemos salido separados, yo no he salido y él sale. Es el mismo caso que con Pinocho. Somos amigos. Los adoro, los admiro profundamente, porque son tremendos artistas.

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