El África que no miramos por Joaquín Andrade

En Uruguay, poco y nada se sabe de Mozambique. Este país del sureste africano con casi 34 millones de habitantes enfrenta hoy una de las crisis más graves y menos visibles del mundo.

Entre conflictos armados, desastres naturales y tensiones políticas, la vida cotidiana de millones de mozambiqueños se encuentra marcada por la incertidumbre. A pesar de la magnitud de la emergencia, la cobertura internacional es escasa, y en nuestro país casi inexistente.

La guerra en Cabo Delgado

Desde el año 2017, el norte del país —especialmente la provincia de Cabo Delgado — es escenario de una insurgencia armada. Grupos vinculados al autodenominado Estado Islámico han llevado adelante ataques, secuestros y destrucción de aldeas enteras.

Según datos de las Naciones Unidas y medios como la BBC y Deutsche Welle, más de un millón de personas debieron abandonar sus hogares. Tan solo en las últimas semanas, unos

57.000 desplazados huyeron por nuevos estallidos de violencia.

El trasfondo de este conflicto no es solo religioso o ideológico. Cabo Delgado es una de las regiones más pobres del país, pero también la que concentra enormes reservas de gas natural. Proyectos millonarios de explotación energética — de corporaciones extranjeras, principalmente europeas — han profundizado la desigualdad. Las comunidades locales siguen sin acceso a servicios básicos.

A la violencia se suman los efectos del cambio climático. Mozambique ha sido golpeado en los últimos años por ciclones devastadores — como Idai en 2019 y más recientemente Chido y Dikeledi en 2025 — que destruyeron viviendas, escuelas y hospitales.

Sequías recurrentes, asociadas a fenómenos como El Niño, han reducido la producción agrícola.

La combinación de guerra y catástrofes naturales empujó a cerca de cinco millones de personas a la inseguridad alimentaria severa, de las cuales un millón ya se encuentran en niveles de emergencia, según el Consejo Noruego para los Refugiados.

Organismos humanitarios advierten que el país se acerca peligrosamente a la hambruna. Además, brotes de cólera y malaria se multiplican en un contexto de colapso sanitario.

El financiamiento internacional para responder esta crisis está en mínimos históricos. Naciones Unidas informó que el plan humanitario para 2025 solo logró cubrir el 19% de lo previsto. Esto significa que la ayuda alimentaria, los refugios de emergencia y los programas de salud son claramente insuficientes para la magnitud del problema.

Política y tensiones internas

Mozambique no solo enfrenta problemas humanitarios y de seguridad. En octubre de 2024, el país celebró elecciones generales bajo fuertes denuncias de fraude. El Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO)— el histórico partido en el poder desde la independencia en 1975

— fue declarado vencedor, pero la oposición y organizaciones civiles cuestionaron la transparencia del proceso.

Las protestas posteriores fueron duramente reprimidas con decenas de muertos y centenares de detenidos. Este clima político desgasta aún más la confianza en las instituciones.

La oposición, liderada por la Resistencia Nacional Mozambiqueña (RENAMO), denuncia un “autoritarismo creciente” del gobierno, mientras sectores de la sociedad civil reclaman reformas profundas.

Sin embargo, el control del aparato estatal por parte del FRELIMO y el interés internacional por mantener la estabilidad para proteger las inversiones energéticas limitan las posibilidades de cambio.

Recursos naturales y el dilema del desarrollo

Mientras tanto, en abril de 2025, Mozambique aparece nuevamente en titulares económicos: el gobierno aprobó la expansión de las plataformas de gas natural licuado frente a sus costas, lideradas por la petrolera italiana ENI, y continúa la construcción de la represa hidroeléctrica de Mphanda Nkuwa, el mayor proyecto energético en el sur de África en medio siglo.

Estas iniciativas podrían transformar la economía nacional, pero también acentúan una gran contradicción mozambiqueña: un país rico en recursos naturales y, al mismo tiempo, una población que enfrenta hambre, violencia y desplazamiento masivo.

Para la mayoría de los uruguayos, Mozambique es apenas un nombre en el mapa. Un país distante. Sin embargo, lo que allí ocurre refleja dinámicas más amplias: la desigualdad global y el impacto del cambio climático en los países del sur.

La cobertura de medios africanos como Noticias MMO, europeos como Deutsche Welle y brasileños como O Globo coincide en un punto: Mozambique está al borde de una catástrofe prolongada. La pregunta es si la comunidad internacional reaccionará a tiempo o si, como tantas veces en África, el sufrimiento de millones quedará silenciado.

Fuentes: Canal Historia Pública (Ian Neves), BBC, Deutsche Welle, RFI, Noticias MMO, O Globo, Naciones Unidas, Consejo Noruego para los Refugiados (NRC)

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