El arbitraje en offside. Por Santiago Pérez.

Durante décadas nuestro país además de exportar futbolistas y entrenadores, tuvo el honor de hacerlo también con árbitros. Porque si bien no pueden ir a otras ligas, los años donde equipos uruguayos no aparecían en etapas finales de torneos continentales, era el referato quien decía presente por nuestro país. Últimamente, el arbitraje uruguayo atraviesa una de las peores crisis de su historia. No solo por el nivel dentro de la cancha y la desconfianza que genera, sino por los vínculos turbios, amiguismos y la opacidad que envuelven a su dirigencia.

El papelón de Piccardo y la “piedra fantasma”

La imagen dio la vuelta al país: Federico Piccardo, asistente internacional, tirado en el césped del Parque Viera tras recibir —según el parte oficial— una piedra desde la tribuna. El partido entre Racing y Peñarol terminó suspendido y la AUF decretó la paralización de la actividad. Hasta ahí, la versión institucional. El problema es que la famosa piedra nunca apareció. Ni en la cancha, ni en las pruebas posteriores. Y cuando los testigos empezaron a preguntar por qué no se mostraba, la explicación fue silencio. La credibilidad arbitral quedó en la lona: ¿qué se sanciona, la agresión real o el relato útil?

Designaciones: el dedo manda

La falta de criterio técnico se ve también en cómo se reparten los partidos. Tras fechas cargadas de errores groseros, varios árbitros desaparecieron del boletín de designaciones sin explicación. No hubo informe, conferencia ni autocrítica, simplemente salieron de escena. Otros, con fallos igual de polémicos, siguieron dirigiendo con normalidad. El mensaje es claro: no es el rendimiento lo que pesa, sino la relación con la cúpula.

Ex Árbitros como Claudia Umpiérrez lo dijeron sin rodeos: hay gente “incapaz” en cargos clave por puro amiguismo. Y lo cierto es que muchos jóvenes jueces sienten que la carrera no depende de estudiar, entrenar o rendir, sino de caerle bien a los jerarcas del Colegio de Árbitros o a la dirigencia gremial. Y esto no pasa solamente en el fútbol de campo. Pasa en todas las disciplinas.

El gremio, más cerca del poder que de sus afiliados

AUDAF debería ser un sindicato. Sin embargo, parece más un adjunto al Ejecutivo de la AUF. Su presidente, Yimmy Álvarez, ha llegado a integrar equipos VAR en partidos de máxima tensión, incluso clásicos. Nadie discute su capacidad técnica (o sí), pero la incompatibilidad de roles parece evidente: ¿cómo puede un dirigente gremial, que negocia salarios y respalda a sus compañeros, ser juez activo en partidos donde la neutralidad debería ser absoluta?

A eso se suman los viajes y misiones oficiales en los que la AUF ha llevado a Álvarez, consolidando una cercanía que raya el oficialismo. La independencia sindical se esfuma cuando el gremio se transforma en socio de la administración de la que debe negociar. 

El papelón digital: un alias incómodo

Como si no alcanzara con la acumulación de cargos y beneficios, Álvarez también quedó en el ojo de la tormenta por un episodio digital. Según reveló la cuenta @ArbitrajeU, el presidente de AUDAF habría manejado una cuenta falsa bajo el alias “Luis Cárdenas Colombino”, utilizada para atacar críticos y defender a la cúpula arbitral.

Más allá del estilo patético del asunto, con un dirigente escondido detrás de un seudónimo para insultar en redes, lo que preocupa es la lógica. Buscan blindar al poder con operaciones burdas en lugar de discutir ideas y rendir cuentas. Si la conducción del gremio pierde tiempo y energía en trolls anónimos, ¿qué puede esperar el afiliado que necesita respaldo real?

El VAR más lento y cortado del mundo

Si el VAR nació para dar transparencia, en Uruguay logró lo contrario. Los videos de jugadas polémicas se publican con retrasos de hasta 18 días. Cuando salen, no siempre son completos: se difunden fragmentos editados, con cortes “técnicos” que eliminan discusiones claves. Y hay partidos, hasta clásicos, cuyos audios todavía no vieron la luz.

Mientras FIFA y Conmebol exigen transparencia inmediata, la AUF responde con un sistema casero: demora, edición y discrecionalidad. No sorprende que hinchas y dirigentes sospechen que el VAR se usa como herramienta política: se muestra lo que conviene, se esconde lo que incomoda.

Arbitraje oscuro

En los últimos años, la cuenta @ArbitrajeU (manejada por el ex asistente internacional Gabriel Popovits) se transformó en altavoz de lo que muchos murmuran y pocos dicen: patotas en las pruebas físicas, favores cruzados, sanciones a medida. El gremio reaccionó declarándolo “persona no grata”. En vez de responder con datos, eligió matar al mensajero.

La violencia en las canchas, la inseguridad de los jueces y los errores técnicos son problemas reales. Pero nada de eso se soluciona ocultando la interna ni organizando viajes compartidos con el Ejecutivo. La transparencia no se predica con comunicados: se construye con reglas claras y rendición de cuentas.

Lo que se juega es la credibilidad

El fútbol uruguayo no soporta más un arbitraje tan habituado a los papelones. No se trata solo de errores humanos (que son parte del juego), sino de la percepción instalada de que todo se resuelve en función de cercanías y silencios. La piedra que nunca apareció, los audios que nunca se publicaron, las designaciones que no se explican, los viajes compartidos con la dirigencia y el alias trucho en redes son piezas de un mismo rompecabezas.

Mientras tanto, los partidos se juegan en un clima enrarecido: jugadores que protestan con razón, hinchas que decrecen, dirigentes que sospechan y árbitros jóvenes que sienten que la cancha está torcida desde el vestuario.

El fútbol uruguayo no puede permitirse un arbitraje oficialista, atado a favores y manejos de pasillo. Si no se reforma a fondo, con profesionalización, transparencia en designaciones, protocolos claros de publicación VAR (que se cumpla, no como las famosas 72 horas de Alonso) y separación estricta entre gremio y AUF, seguiremos siendo el país donde las piedras desaparecen, los audios se editan, los jueces se eligen a dedo y los dirigentes tuitean con nombres falsos.

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