Las decisiones de política comercial externa de Estados Unidos de los últimos meses se han centrado mayormente en anuncios y aplicación de lo que podríamos llamar sobre tasas arancelarias para un grupo de más de 50 países y/o bloques comerciales que han generado cambios y distorsiones en los flujos de comercio, pero también en las decisiones estratégicas de producción que generan movimiento de capitales, reducción o aumento de la generación de empleo. según sea beneficioso o no producir en el lugar geográfico que haya quedado mejor parado o no, luego de esta estrategia de cambios arancelarios.
Y ni que hablar del punto de vista logístico, los puertos del oeste y este de Estados Unidos han reducido su operativa entre un 30 y 40 % con China, lo cual tiene un impacto inmediato, en el empleo, las tercerizaciones y las “góndolas”. Dejando a muchos centros comerciales en el inicio de un posible desabastecimiento.
Todo esto en un proceso de discusión mayor. No solo hablamos de comercio licito, sino también como, por ejemplo, el ingreso de fentanilo que está haciendo estragos en algunos suburbios de ciudades norteamericanas, principalmente de la costa oeste, y porque no la seguridad en las fronteras, principalmente sur de Estados Unidos, la cual ha sido la principal puerta de ingreso para migrantes.
Y la herramienta principal de la estrategia es un proceso que todos conocemos y que el Uruguay conoció hace algunas décadas atrás que es la sustitución de importaciones, o para un mejor entendedor: producir localmente y reducir la dependencia de productos de otros orígenes externos. Estados Unidos ha dejado de producir un sinfín de productos que hoy mayormente se producen en México o en China, y en menor medida en Canadá y otros países del sudeste asiático, asociados a un proceso que comenzó en los años 80 y que todos conocimos por el proceso de globalización, que resumido a la práctica termino siendo; produzco donde sea más barato ya que reduzco las barreras de ingreso al mercado local y genero zonas de producción de bajo coste. Esto llevó a un desplazamiento de los lugares de producción, siendo China el más beneficiado porque cumplía con los preceptos principales: energía accesible, mano de obra barata, acceso a recursos y materias primas, buena logística (interna y externa) y bajas alícuotas de impuestos. Y además tenía una muy buena estrategia de atracción de inversiones. Esto generó un desplazamiento de muchas empresas con sus capitales y generación de mano de obra hacia el gigante asiático. Al principio estas industrias se posicionaron en bienes con bajo costo de producción. Esto trajo problemas asociados a la generación de fuentes laborales en los países de donde emigraron esas inversiones. Hoy a este proceso de producción de bienes de bajo coste, se ha sumado, el conocimiento y la innovación y por tanto se subió un escalón en el nivel de producción y de los ingresos por parte de los mismos.
Además, para muchos, en épocas de conflicto, necesidad o pandemia, se demostró que estratégicamente no era bueno depender exclusivamente en algunos productos de otro. Recordemos que este camino globalizador comenzó y se empujó por parte de muchas de las empresas multinacionales más importantes de este planeta en el pasado, y la pregunta actual con respecto a esto es: ¿las medidas actuales de política comercial externa de la administración Trump serán suficientes para desandar este camino?
El déficit comercial externo de Estados Unidos es de 900.000 millones de dólares por año en estos últimos años. El producto interno bruto es de unos 28 billones de dólares por año. A primera vista, no parece que el déficit comercial externo sea de extrema relevancia dentro de una economía de ese porte. Siendo el 3% del mismo.
Esto nos lleva a otro nivel de discusión. ¿Cuál es el verdadero desafío de la economía norteamericana? Y la respuesta es sencilla: la deuda. Que es de 36 billones de dólares actualmente y que genera intereses por 1,2 billones de dólares por año. Y representa el 130% del producto bruto interno anual.
Razón por la cual, y en proceso de renovación de deuda, como en el que esta Estados Unidos necesita dos cosas: que se hagan efectiva las renovaciones y a tasa de interés más baja. Y acá juegan dos actores y/o situaciones estratégicas como desafiantes, una es la Reserva Federal y su independencia técnica (con un camino más cercano a subir y no bajar las tasas de interés de referencia) y la otra, que creo es la más relevante y que se está dando actualmente que es la debilidad del dólar, una inestabilidad económica y la búsqueda de un impacto que “empuje” a la reducción de la tasa de interés por las “fuerzas del mercado”. Una acción arriesgada, que solo veremos si tiene efecto en estos próximos meses del año 2025 cuando se produzcan las renovaciones y/o nuevas emisiones de deuda norteamericana. Ya que una economía que se debilita, ¿no exige un mayor pago por el costo del dinero para financiarse?
Si la estrategia funcionase, redundaría en un menor costo de financiación del Gobierno y a su vez una mejor posición financiera para hacer frente a los pagos descomunales de intereses de la deuda ya generada que muchos actores privados y países del mundo poseen como instrumento de inversión.
El verdadero “juego” económico está centrado en: deuda, tasas de interés, vencimientos, renovaciones, tenedores de deuda y para esto cualquier herramienta que apoye este proceso va a ser incluido a la estrategia económica, en este caso la comercial externa y su estrategia arancelaria, razón por la cual las turbulencias económicas serán moneda corriente a nivel global, por lo menos en los próximos meses de este año 2025.
Los efectos arancelarios para el Uruguay y su comparativo con el resto, parecen un juego de suma 0, luego de la aplicación a la mayoría de los países de esa sobretasa del 10 % estamos en situaciones idénticas a la posición anterior a las misma. Todos o prácticamente todos tenemos una sobretasa. Lo que nos deja en una situación de competencia no del todo beneficiosa con los productores locales norteamericanos. Las oportunidades vienen por el lado de efectos negativos en los consumidores de países fuera de Estados Unidos, que en muchos casos están optando o por consumir productos y/o servicios locales o de otros paisas que no sea Estados Unidos. A modo de ejemplo, el turismo canadiense a su vecino de Norteamérica se redujo en 30% desde el mes de marzo de este año. O el caso de China, donde se buscan otros proveedores en detrimento de los norteamericanos. Lo importante de todo es si es algo coyuntural o estructural. Los efectos de corto plazo no generan estrategias de aumentos de producción e inversión en nueva infraestructura productiva para demandas puntuales. Y para el caso que se busque aprovechar estos vaivenes, la pregunta es: ¿Uruguay tiene sobrantes de stock para aumentar las exportaciones en dos dígitos para cumplir con aumento de demanda puntual? Y la respuesta en corto plazo es no.






