Según el Moma (Museum of Modern Art) el Realismo social fue “Un movimiento que floreció entre las dos Guerras Mundiales como respuesta a la agitación social y política y a las dificultades de la época. Los artistas recurrieron al realismo como una forma de hacer que el arte fuera fácilmente accesible y comprensible para el público en general, retratando a menudo a sus sujetos —incluidas figuras conocidas y trabajadores anónimos— como símbolos heroicos de perseverancia y fortaleza frente a la adversidad. A través de su obra, buscaban llamar la atención sobre el deterioro de las condiciones de vida de los pobres y las clases trabajadoras, y desafiar los sistemas guberna-mentales y sociales a los que consideraban responsables.”
Según Trudy Mercadal ( https://www.ebsco.com/research-starters/arts-and-entertainment/social-realism-painting, 2024) “(…) El realismo social surgió de la convergencia de acontecimientos sociales y culturales de los siglos XIX y principios del XX, entre los que se incluyen el auge de los movimientos obreros, las teorías de Karl Marx y Friedrich Engels, y la expansión de la tecnología industrial. Filosofías políticas y sociales como el socialismo y el positivismo tuvieron un profundo impacto en el mundo del arte e inspiraron una nueva visión de la representación natural y objetiva de la clase trabajadora. A mediados del siglo XIX, ya habían surgido diversas corrientes del realismo, en las que artistas y escritores representaban el mundo que les rodeaba tal como lo percibían. Autores como León Tolstói, Honoré Balzac y Émile Zola buscaron describir y criticar la sociedad burguesa, aunque no necesariamente desde la perspectiva de una ideología política particular o claramente definida. (…) En el siglo XX, el realismo buscaba utilizar el arte para revelar las realidades sociales y políticas de la sociedad. El movimiento de la Nueva Objetividad ofreció una cruda representación de Alemania devastada por la Primera Guerra Mundial. En México, el realismo desarrolló formas intensas, resaltando la opresión del campesinado, los obreros y los grupos indígenas, y dio paso a una época dorada del grabado y el muralismo. Artistas como Diego Rivera (1886-1957), José Clemente Orozco (1883-1949) y David Alfaro Siqueiros (1898-1972) alcanzaron fama internacional, especialmente como muralistas. Estos artistas trabajaron extensamente en México, Europa y Estados Unidos, con la justicia social como tema central de su obra. El realismo social fue una corriente artística estadounidense que expresó las penurias y la desesperación de la época de la Gran Depresión. En esencia, el realismo social es un acto de protesta y denuncia. Al situar a mineros, obreros y trabajadores comunes en el centro de sus obras de arte y literatura, los artistas no solo representan la dignidad del pueblo, sino que también atacan las convenciones opresivas de la burguesía o la clase media. Por lo tanto, los artistas —poetas, dramaturgos, cineastas y escritores— del realismo social, entre otros, se alejaron de temas tradicionales como los acontecimientos históricos heroicos, las historias religiosas o las representaciones grandiosas de la naturaleza. El realismo también se relacionó con la representación del progreso tecnológico impulsado por la Revolución Industrial. Así, minas, barcos transoceánicos, represas y otras imágenes de la industrialización comenzaron a aparecer en las artes visuales, transformando drásticamente las nociones convencionales de estética. El realismo social continuó esta preocupación por los objetos cotidianos manufacturados y los productos de una sociedad industrializada. La Escuela Ashcan se refiere a un número considerable de artistas interesados en la vida cotidiana de la gente común, sus ocupaciones y sus entornos precarios. El realismo no se refiere necesariamente a una técnica pictórica que busque aproximarse a una imagen fotográfica. Al igual que muchas otras escuelas de realismo, el realismo social a menudo era expresionista. Pintores como Jack Levine empleaban la distorsión y la exageración en sus figuras humanas. Los sujetos de Jacob Lawrence eran sencillos, casi caricaturescos en sus contornos, pero de colores intensos y llenos de movimiento, realzados por perspectivas tensas. Isabel Bishop, sin embargo, desarrolló un estilo naturalista, influenciado por los grandes maestros, que se centraba en mujeres en entornos no domésticos, como en el trabajo, a menudo conversando. (…) Algunos críticos han señalado que este movimiento, a pesar de sí mismo, idealizó a las clases trabajadoras. Otros críticos del realismo social argumentaron que el arte resaltaba lo poco atractivo y lo común, como las fábricas, las personas oprimidas y la maquinaria industrial. Sin embargo, el realismo social sí abrió una nueva visión artística en la que los trabajadores pobres son representados como quienes toman las decisiones y crean su propia realidad, en lugar de como personajes pintorescos o estereotipados en el idílico contexto de la burguesía y las clases altas.” Con respecto al realismo social en el Uruguay, el Arq. Gabriel Pelufo Linari en su “Historia de la pintura en el Uruguay” (Tomo 2), dice: “(…) La corriente artística del realismo social en Uruguay tiene lugar dentro de este marco cultural dinámico y no se presenta como un fenómeno estanco, nítido e identificable en términos de “estilo”, sino que allí confluyen -a veces en forma continua y otras de manera puntual o temporaria diversas formaciones estéticas de diversas disciplinas técnicas y también artistas que representan diversos matices ideológicos en cuanto a la manera de interpretar el momento histórico epocal. No obstante, dicha corriente es detectable en la medida que existen “temas de encuadre” que resultan lugares comunes del periodo: “la familia campesina”, “la figura” como tipología étnico-social, “la dignidad clasista de los explotados”, “los horrores de la guerra”, entre otros. Pero, además, subyace entre estos artistas una cierta indiferencia respecto al intelectualismo esteticista de las vanguardias europeas, reivindicándose en cambio un “realismo humanista”, menos preocupado en los aspectos intrínsecos del lenguaje y más en los aspectos éticos del voluntarismo social y político.”
“Muelles de la ciudad de Nueva York” (Everett Shinn- 1899)


