Al término de la Cumbre 17 de los BRICS de los días 6 y 7 de julio en Río de Janeiro, la agenda impulsada desde la presidencia de Brasil y su hiperactivo presidente Lula va alcanzando niveles de sofisticación y capacidad estratégica de relevancia. La priorización de una gobernanza global inclusiva y la colaboración solidaria entre los países en desarrollo ya son definitivamente una muestra de identidad firme, e incuestionable.
En efecto, se trata sí de una alianza flexible de potencias emergentes, que ha ganado en complejidad, y también en acciones consecuentes con sus pronunciamientos. Esa búsqueda de construir una manera diferente de entender el mundo, de compatibilizar expectativas y crecer en proyección, es para los países de los Brics un valor estratégico. A la fecha, suman ya 11 estados miembros que concentran aproximadamente una mitad de la población mundial y el 40% de la economía mundial. En contraste con el G7, los BRICS le superan en unos 20 billones de dólares.
Obviamente, no todo es sencillo ni color rosa. Las contradicciones están a la vista, se observan fácilmente, nacen de su propia diversidad. Por ejemplo, es cierto que hay una mirada comprometida por la opción del multilateralismo y una acción inclusiva, pero que hoy por hoy se le cuestiona estas definiciones cuando hay una fuerte presencia de gobiernos autocráticos sumados a este esfuerzo.
Los Brics jugaron fuertes declaraciones a favor del derecho internacional y por tanto, del imperio de este sobre los conflictos de Oriente Medio. Sin embargo, y de ello debe cuidarse y resolver esta inconsistencia, cuando condena los ataques de Ucrania contra la infraestructura rusa y al mismo tiempo omite opinión respecto de los contundentes ataques de Moscú contra civiles.
Como seguramente sepas, BRIC es el acrónimo de Brasil, Rusia, India y China. Cuando Sudáfrica se une en 2010, adopta la denominación BRICS. Y aquello que se lanzó como un desafío, ha ido ganando en complejidad y sofisticación, generando a lo largo de las diecisiete cumbres un espacio convergente, de definiciones compartidas, que van allanando el camino para emprender proyectos de mayor valor estratégico. Por ello, lo que caracteriza y define ahora a los BRICS es una perspectiva más ambiciosa, sutil y de valor estratégico: ganar en autonomía y salir de la vocación referencial para todos sus aliados y no aliados orbitando a su alrededor, atraídos por su gigantesca gravitación, reproduciendo a escala territorial, de países, el movimiento de traslación planetaria con eje en Washington. Mientras estos elementos los convocan, apuestan a cooperar para diseñar y construir una base industrial conjunta de alta tecnología.
La agenda ambiciosa
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la destrucción y la muerte dominaban el escenario. Pero una vez que se acallaron los cañones y los fusiles, que los barcos de guerra dejaron de surcar los mares y los aviones de rugir en los cielos, se fue dando paso a nuevo tiempo.
Un punto alto de aquellos días con tanta discusión y ánimo esperanzado, lo significó la reunión de 730 delegados en representación de los cuarenta y cuatro países aliados, que se reunieron en el Hotel Mount Washington en Bretton Woods, para la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas. O simplemente, la Conferencia de Bretton Woods.
Fue larga la instancia: del 1º al 22 de julio de 1944. Concluyó con la firma del acuerdo de Bretton Woods. Nacía una nueva ingeniería que reflejaba la nueva realidad resultante de la guerra. Nació un amplio sistema de normas, instituciones y procedimientos cuyo propósito era regular el sistema monetario internacional. Acuerdos e instituciones para poner en marcha la segunda mitad del siglo XX: nacieron el FMI y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), que conformarían el Grupo del Banco Mundial.
Todo un capítulo de estudio atractivo lo constituyen las discusiones que terminan dando a Estados Unidos, que controlaba dos tercios del oro del mundo, un claro predominio para su futuro: consiguió que el sistema de Bretton Woods se basara tanto en el oro como en el dólar. Algo que los representantes soviéticos presentes en la conferencia terminarían negándose a ratificar los acuerdos finales, al calificar que las instituciones de Bretton Woods no eran más que “ramas de Wall Street”. En 1945, es decir, rápidamente, se pusieron operativas, apenas un número suficiente de países hubo ratificado el acuerdo.
Podría resumirse que el sistema nacido en Bretton Woods funcionó con éxito debido a tres factores: visto en perspectiva, por la baja movilidad internacional del capital, una relativamente estricta regulación financiera y, fundamentalmente, la dominante posición económica y financiera de los Estados Unidos y el dólar. Pero no hay bien que dure cien años, ni cuerpo que lo sostenga.
En la crisis financiera del 2008 comienza abiertamente a cuestionarse la validez de los institutos de Bretton Woods. Nicolás Sarkozy lo expresaba con claridad: “debemos repensar el sistema financiero desde cero, como en Bretton Woods”
Y llegaría el 2020. Ya desde el seno mismo del FMI comenzó a hablarse de “un nuevo momento de Bretton Woods” y la necesidad de una respuesta fiscal coordinada por parte de los bancos centrales de todo el mundo para hacer frente a la esa crisis económica.
Y en eso llegaron los BRICS…
En los últimos tiempos los fracasos tienen que ver con las inconsistencias y partidización ideológica de esas instituciones, y la mala imagen construida a lo largo de su labor, fundamentalmente entre los países del subdesarrollo.
Es casi unánime que las instituciones financieras mundiales necesitan reformas. La primera respuesta del grupo ante la inacción de las Bretton Woods es coincidir y generar un propio banco de desarrollo.
Un acuerdo previo a la cumbre celebrando una postura colectiva de los BRICS sobre la financiación de la acción climática ayudará. El rápido crecimiento de las energías renovables también contribuye en este camino. Los estados parte de BRICS lideran la tecnología verde y cuentan con mercados de consumo en auge, con escala para impulsar el crecimiento industrial.
Y crisis es oportunidad, suele repetirse. Para China y sus empresas, los BRICS es un gran desafío para el que están preparados. La mirada BRICS por un crecimiento inteligente y limpio se alinea con gobiernos, pero más aún con sociedades. Y China, laboriosa, paciente y poderosa no se precipita.
Las naciones Brics aún pueden cerrar filas. Aunque el grupo no está renunciando al dólar, sí se está preparando para ello, cuando le llegue la hora. Liderazgos como el de Xi Jinping y el de Lula, construyen con una perspectiva de medio y largo plazo, pero todos los días. Los resultados dependerán más de la ambición y el apuro, de la capacidad de coordinación compatibilizando los intereses nacionales.







