El costo de la restauración imperial por Ernesto Kreimerman

La era Trump parece precipitarse velozmente. Más que empresario, un intermediario poco sofisticado, en extremo cortoplacista, adicto a la exuberancia del poder; es decir, alguien ajeno a la elaboración de un pensamiento estratégico, sobrio y prudente. Ni la guerra de Rusia con Ucrania ha sido breve como lo había anunciado con jactancia, ni tampoco Israel ha podido liquidar a Hamas en pocas semanas como también había vaticinado. Mientras, la burocratizada Europa no atina a formular unas alternativas propias y cede ante la prepotencia imperial. El “acuerdo” de Trump y von der Leyen indignó a toda la UE por igual, que aún no ha terminado de digerir la imposición de elevar al 5% del PIB el presupuesto de defensa. Tampoco los indicadores fundamentales de la economía estadounidense se fortalecen, por lo que la anunciada recuperación tampoco se ve.

Esa carrera insensata de un presidente que en menos de un año ha mostrado y demostrado entender poco los secretos del poder, ha fracasado en su labor principal: refinanciar el costo de la restauración imperial, en revalorizar su supremacía militar en los puntos conflictivos, y en su proyección estratégica frente a sus competidores principales.

Los mercados

El descontrol de la conducta presidencial ha lastimado zonas sensibles de la vida económica de los EE.UU. Así, Trump ha dado señales de rectificar su conducta para con el presidente de la Fed, Jerome Powell, después de darse cuenta de que su objetivo fracasaba y sólo inquietó más a los mercados y a los inversores. Después de haber intentado forzar su renuncia y no ha podido, ahora cambia su rumbo.

La primera alarma se la transmitieron los directores ejecutivos de Walmart, Target y Home Depot. De manera reservada, le advirtieron a Trump que estos arrebatos con los aranceles tendrían su impacto negativo en las cadenas de suministro, generando aumentos y escasez.

En una lectura simplona, el entorno de Trump creyó encontrar en el ítem aranceles un manantial inmenso de recursos. Los que ayer celebraban, hoy perciben la dimensión de los efectos secundarios y empiezan a entender que el aumento de los aranceles es, por lo menos, un error. Primero, institucional, pues invocó poderes que requieren consentimiento del Congreso y no los tuvo, irritando con su conducta a referentes del Congreso. Segundo, en lo estrictamente económico, ha provocado una desaceleración de la economía, con precios al alza y mercados nerviosos, con caídas. Y tercero, toda esa tormenta ha generado desconfianza y como consecuencia de ello, el dinero está saliendo del país, afectando la fortaleza del dólar.

No me toques el dinero

Los tiempos para que se cerrara un acuerdo global que establecería una tasa impositiva mínima a las multinacionales, del orden del 12% o eventualmente 15%, parecen evaporarse. Una modificación, también intempestiva del propio Trump, cambió el escenario: ahora no quiere ninguna tasa impositiva mínima para sus multinacionales. Otros le recordaron que su proyecto incluía duros recortes en salud y educación, así como comprometía reducir los impuestos a los ricos y a las corporaciones, imponiendo un límite de 4.000 millones de dólares en 10 años. El propósito ahora es frustrar el proyecto y la idea misma. Este sábado 26 de julio, el G7 con la adhesión de 140 países se quebró frente a Donald Trump: las multinacionales estadounidenses ya tributan en Estados Unidos.

Muy crítico de estas vueltas, Joseph Stiglitz, Nóbel de Economía, entiende que “es inaceptable que algunos gobiernos opten por renunciar a los ingresos públicos (…) y precisamente ante los actores económicos más poderosos”. Aún más severo, Markus Meinzer, de Tax Justice Network, señaló que “EE.UU. está sacando la pata del lazo, lo que haría que el acuerdo fiscal sea inútil si las mayores empresas del mundo quedan por fuera”.

La debilidad de un gigante…

Trump viene gastando sus créditos y erosionando su construida imagen de absoluta infalibilidad. Hace unos días admitía que los aranceles a China bajarán. Lo hizo después de que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtiera que la guerra comercial con China es “insostenible”. Trump cambió la pisada, pero la acumulación de yerros ha dañado su imagen de avezado conocedor de los mercados.

Cada día que pasa, Trump deja al descubierto una visión muy simple del mundo, básicamente binaria: fuertes o débiles, ganando o perdiendo. La última encuesta de The Economist/YouGov lo muestra devaluado aún en temas como inmigración que era su fortaleza.

Mientras tanto va ganando terreno la idea de que Trump no hace pie en varios asuntos que fueron ejes de su campaña. En esa línea, la puja con la Universidad de Harvard es un buen termómetro. Otra señal de debilidad está en la fuga de republicanos de la Cámara de Representantes, 12 hasta ahora, que anunciaron su rechazo a los recortes de Medicaid. Otros siete senadores republicanos anunciaron su respaldo a un proyecto de ley que devolvería la autoridad arancelaria al Senado. Y casi todos estos legisladores, entre sus argumentos, comienzan a hablar de generar leyes de reconciliación.

Incertidumbre

La última encuesta de Reuters (11 al 24 de julio) arroja un dato muy preocupante: el 89% de los economistas, consultores, decisores bancarios y otros grupos de expertos, “están preocupados por la calidad de los datos económicos oficiales”, y casi la mitad (41%) se mostraron “muy preocupados”.

Estas preocupaciones se incrementaron con los recortes presupuestarios a las agencias clave que recopilan y entregan datos. La precarización de estas agencias corre en sentido negativo a la hora de evaluar la consistencia de la información. No es ajena a estas tensiones, la actitud desafiante de Trump respecto a la Corte Suprema por el caso Kilmar Abrego García.

¿Tercer mandato?

Trump ha logrado que el clima político se deteriorara aceleradamente. “No tenemos ni idea de lo que va a pasar” se ha vuelto una muletilla cotidiana. Los analistas políticos empiezan a advertir que Trump ha empezado a plantar la idea de que puede haber un tercer período. Ya son varios los que han comenzado a alertar de que “se ha empezado a fabricar un tercer mandato”.

Y a la luz de la experiencia reciente, o se corta tempranamente con esta pretensión o Estados Unidos corre el riesgo de debilitar aún más su sistema democrático, el equilibrio de poderes y el pleno goce de las libertades.

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