En estos tiempos en Uruguay y el mundo estamos embarcados en una carrera por el crecimiento de las economías. Aunque sabemos, desde hace 50 años, que tenemos que dejar eso, porque hará colapsar el planeta que sustenta nuestra vida, por agotamiento de recursos, erosión y contaminación.
Donella Meadows (1941-2001) coautora entre otros de Los límites del crecimiento (1972) dio a fines de los 90 una conferencia sobre los sistemas sostenibles para el Ross School of Business de la Universidad de Michigan. Treinta años después de modelado por el equipo de Meadows y de realizadas las oportunas advertencias, el sistema político global mantenía inalterada la tendencia al colapso.
Eso sucede con la “ayuda” de lo que supuestamente debería salvarnos, afirma Meadows: el crecimiento, la tecnología, el mercado y los gobiernos. Meadows sostiene que podemos vivir buenas vidas todos en este planeta, preservando a todas las criaturas que lo habitan. La clave está en tomar decisiones informadas, considerando una distribución justa.
La sustentabilidad se basa en tres necesidades biofísicas, explica. Cualquier recurso renovable (suelos, agua, bosques…) debe ser usado como máximo a la tasa en que puede regenerarse. Cada recurso no renovable (combustibles fósiles, minerales…) puede usarse a la tasa, o bajo la tasa, en que sustitutos renovables puedan ser desarrollados. Cada elemento contaminante puede ser emitido como mucho a la tasa en que puede ser neutralizado por los sistemas naturales. A las reglas biofísicas Meadows agrega la sustentabilidad social, o sea la equidad con que cada ser humano debe ser cuidado y asegurado de que la distribución de los recursos en el planeta es justa. Considera esto último fundamental para un mundo que no se autodestruya a nivel social.
Si tomamos estos conceptos para una definición de sustentabilidad y miramos alrededor, no vemos un sistema sustentable en ninguna parte, observa Meadows. Mi chacra, mi colegio, mi país, el sistema socioeconómico humano en este planeta, nada es sustentable, dice. ¿Por qué?
Para explicarlo, utiliza el concepto de sistema: un conjunto de elementos organizados para alcanzar un determinado objetivo. Por ejemplo, el crecimiento. Las interrelaciones son críticas: las reglas de juego, incentivos y castigos que el sistema nos impone, los flujos de información.
Una costumbre perversa, la insustentabilidad, consiste en un sistema erosionando sus propios medios de subsistencia. Meadows lo muestra para el caso de las pesquerías. En este ejemplo los elementos son los peces y los barcos. La pesca depende de la cantidad de barcos y de su capacidad de pesca. De cómo se regenera la población de peces según cuántos peces hay, y cuánto se pesca dependiendo de cuántos hay.
Si hay más pesca, hay más ganancia y más inversión en barcos. Si no hay pesca, no hay ganancia, no se invierte más. Hay un feed back negativo. Se mantiene un equilibrio, no se pesca más de lo que permite la población de peces.
Ahora, si el recurso está disponible, siempre va a haber gente dispuesta a pescarlo y puede sobreexplotarlo hasta el punto de su destrucción. Si la información de que están pescando menos llega antes de que la población de peces sea destruida, eso no pasa.
Si mejora la tecnología de la pesca, pescan más. Ahí entra el sistema financiero dando préstamos para mejorar la eficacia cuando el feed back negativo detiene la inversión. Entonces hay menos peces porque les cuesta encontrarse para reproducirse.
En el mercado, si hay menos pesca, los precios suben, la gente compra menos pescado, y el sistema va a tener ese feed back. Entonces entra la equidad en la distribución del ingreso.
Porque si hay ricos capaces de pagar lo que sea, pueden mandar un barco a pescar un solo pez. Aquí, debido a la inequidad, se va a eliminar la población de peces. El problema es el deseo de seguir consumiendo. Si tuviéramos una población tradicional sin accionistas, que tuviera un sentimiento de lo que es suficiente, seguiríamos pescando para siempre.
Meadows vuelve sobre las tres cosas que nuestra cultura dice que nos van a salvar: el crecimiento, la tecnología y el mercado. En cuarto lugar está el gobierno, dice, porque en los sistemas de pesca reales, el gobierno interviene dando subsidios a los consumidores pobres, así pueden consumir aún cuando el precio sube, y a los productores, para que puedan seguir pescando aún cuando no hacen dinero con la pesca.
No hay pesquería en el mundo que no esté muy subsidiada, afirma Meadows, y maneja algunas cifras: el costo de la pesca global es de 70 billones de dólares, el costo de esa pesca es de 120 billones. La diferencia es el subsidio gubernamental. ¿Qué está haciendo acá el gobierno? Debilitando el feed back negativo del consumo y del mercado, que podría parar a los inversores de invertir de más.
Esta opción de subsidiar la producción más allá de lo sostenible pasa en todas partes. Muchas veces pensamos que si un gobierno está haciendo algo perverso es el error de ese gobierno, entonces sacamos ese gobierno y ponemos otro, pensando que va a hacer otra cosa, y no. Porque seguirán las presiones para continuar con las cosas como están, para seguir recibiendo las contribuciones para las campañas.
Lo que hace un sistema sostenible es el sentido de lo que es suficiente, concluye Meadows, y el cuidado de los recursos que sostienen la vida.







