Un dirigente o referente de lo que sea, político, sindical, social, cultural, universitario, científico, periodístico, y haga lo que haga, siempre debe ser consciente de que cumple una función pedagógica en todos nosotros, forma opinión y construye conductas en la sociedad. Su actividad, en el plano que sea, siempre ejerce influencias sobre los sectores que lo siguen, el que lo escucha, el que lo toma como ejemplo.
Así entendida la función social del dirigente, éste no puede, no debe hablar de cualquier cosa ni dar opinión de cualquier cosa ni en cualquier ámbito ni hacerlo de cualquier manera.
En el Poder Ejecutivo, en el Parlamento Nacional, en los Parlamentos Departamentales muchas veces oímos insultos, afirmaciones sin fundamento, acusaciones sin pruebas o lisa y llanamente “bolazos”. Podríamos citar ejemplos en todos lo partidos políticos.
En el periodismo informativo, además de que muchos comunicadores o noteros hablan muy mal y se escriben al pie de la pantalla errores u horrores, también se emite opinión y se deslizan preferencias en tal o cual conflicto, cosa que no se debería.
Muchas preguntas de los entrevistadores van precedidas de largas introducciones, como si interesara saber cuánto sabe o qué opina el que pregunta.
Últimamente hemos asistido a afirmaciones que no se debieron dar. Un ejemplo de ello es la intervención pública del ministro de economía Gabriel Oddone que ponderó el reciente triunfo de Milei afirmando que “Argentina logró un gran avance en los últimos 18 meses” y que dicho triunfo daba “estabilidad (económica) en la región”. Una afirmación así oculta la tremenda inflación, la creciente pobreza, el desempleo y la situación económica general que golpea a millones de argentinos. Otros problemas graves del hermano país son la inseguridad, ladeuda públicay laerosión de la cohesión social. Más allá del resultado electoral, la gente de la calle manifiesta hartazgo y descontento con las políticas económicas y sociales del gobierno de Milei y tampoco adhiere a las nefastas política anteriores. Este podría ser tema de otro análisis, pero por ahora escucho a los propios voceros del vecino país. Otro dato no menor es la creciente injerencia norteamericana en Argentina, que parecería ser un nuevo elemento para la realidad sudamericana, incluidos los ataques a Venezuela y a Colombia.
¿Cuándo habla el gobierno? ¿Cuándo habla la fuerza política? ¿Cuándo la opinión es exclusivamente individual? Nosotros debemos tener mucho más altura que ellos, los de las verborragia fácil. Esa jerarquía la da la afirmación argumentada, la claridad de las palabras, pero, sobre todo, hablar menos y hacer más. Debemos comunicar por todo el país qué es lo que estamos haciendo, que es mucho y es bueno. Por ese camino el FA y Orsi deben continuar. No obstante, también quiero decir que la fuerza política debe atender las críticas honestas, bien argumentadas y que construyen. En ese sentido debemos alejarnos de la infame difusión de las redes manijeras, pero también del seguidismo partidario con visos de obsecuencia.
El liderazgo se construye con firmeza y con razón, con claridad y pedagogía. ¿Será muy difícil, por ejemplo, volver a Germán en tiempos de la 30, con un espacio radial donde el FA (y pienso en Fernando Pereira que algo está haciendo en Instagram) exponga ante la ciudadanía opinión sobre diversos temas y podamos difundir sus palabras en las redes y otros medios? Él podría invitar semanalmente a diferentes voceros de los diversos grupos políticos, (en el FA lamentablemente demasiados) y representantes sociales. Hablo de 10 o 15 minutos diarios. Ya Pepe lo había incorporado también en m24. Debemos dar lugar a muchas opiniones sí, pero luchar con ideas comunes claras, sencillas, bien comunicadas, que están en el programa, en las 60 medidas donde priman protección social, seguridad y estrategia para el crecimiento y la distribución, y en la presencia pública de los mejores liderazgos que aún están en construcción.





