Los 268.736 que obtuvo Cabildo Abierto en octubre de 2019 era algo totalmente impensado el 10 de marzo de ese año, cuando la Corte Electoral aprobó su inscripción como partido político. En mayo de 2019, CA marcó un 1% de intención de voto en la encuesta mensual de Equipos Consultores. En los meses siguiente ese porcentaje creció en forma sostenida: 3% (junio), 6% (julio), 8% (agosto) y 9% (septiembre). Finalmente, una vez concluido el escrutinio definitivo de las elecciones de octubre, CA había obtenido el 11,04% del total de votos emitidos. Apenas 32.441 votos menos que el Partido Colorado. Ese crecimiento meteórico en apenas siete meses fue el cambio más grande ocurrido en la oferta electoral desde 1971, cuando se fundó el Frente Amplio. Tan solo cinco años después, ese capital electoral se desmoronó. Aquel partido, que saltó al ruedo prometiendo un cambio drástico en la política (“terminar con el recreo”), apenas consiguió 60.759 votos. Su representación parlamentaria de tres senadores y 11 diputados quedó reducida a la magra cifra de dos diputados. ¿Qué fue lo que pasó?
Para responder esta pregunta es necesario entender antes el perfil político e ideológico que quienes votaron a CA en 2019. Las encuestas de ese año aportan información interesante. En septiembre de 2019, la encuesta mensual de Equipos Consultores reveló que el 9% que votaría a CA se distribuía así, en función de su voto en 2014: PN (3%), PC (2%), FA (2%), otras opciones (2%). También la encuesta reveló que prácticamente ninguna de esas personas se consideraba de izquierda o centro izquierda. Todo esto indica que, si bien CA captó una parte de los ciudadanos insatisfechos con el Frente Amplio, su crecimiento ocurrió fundamentalmente a costa de sus socios de la Coalición Republicana.
Cinco años después, la encuesta de Equipos Consultores de septiembre registró que CA tenía una intención de voto del 3%. También, esa encuesta mostró dos cosas interesantes. Primero: la gran mayoría de los votos perdidos por CA volverían al Partido Colorado y al Partido Nacional; también, algunos volverían al FA. Segundo: su electorado se había corrido ideológicamente más hacia la derecha. Todos estos números sugieren que Cabildo Abierto no pudo retener a la masa de antiguos votantes de los partidos fundacionales, y que su base electoral quedó reducida a sectores de derecha dura, entre quienes seguramente destaca un electorado vinculado con el mundo militar.
En una sociedad donde, elección tras elección, la gran mayoría de los ciudadanos vuelve a votar al mismo partido, el cambio en el voto suele explicarse principalmente por dos factores: la insatisfacción con quién se votó en la elección anterior o el mayor atractivo de candidatos de otros partidos. Claramente, este segundo motivo no parece aplicar en este caso. Ni Delgado fue un candidato más atractivo que Lacalle Pou, ni Ojeda lo fue en relación a Talvi o a Bordaberry. Por lo tanto, el motivo por el cual todas esas personas dejaron de votar a CA, y volvieron a votar a los partidos fundacionales, fue su insatisfacción con el desempeño de CA. ¿Qué factores explican esa insatisfacción?
El primero fue que CA incumplió de manera grosera su compromiso de “terminar con el recreo”. Reiterados acontecimientos mostraron una praxis cargada de lo peor de la política antes criticada por ellos. A poco de iniciado el gobierno saltó un caso importante de clientelismo en ASSE, protagonizado por un militar retirado y dirigente de CA. Otro fue el escándalo generado por las prácticas clientelares en el Ministerio de Vivienda, que tuvo como principal protagonista a la esposa de Manini. A esto deben sumarse innumerables situaciones conflictivas generadas por dirigentes de CA. Quizá la inconsistencia más grosera entre discurso y conducta política la protagonizó el propio Manini cuando, luego de prometer que renunciaría a sus fueros para enfrentar un citatorio de la Justicia, finalmente no lo hizo. Todos estos eventos dinamitaron de forma contundente la promesa moral sobre la cual CA construyó su discurso electoral.
Otro factor fue la intrascendencia de los gobernantes de CA. Salvo la gestión de Daniel Salinas en el MSP, CA no tuvo nada positivo para mostrar a quienes lo votaron en 2019. ¿Qué otro cargo de gobierno ejercido por representantes de CA tuvo un destaque positivo? ¿A qué otro dirigente de CA se lo recuerda por su buena gestión?
Como se desprende de los números arriba citados, la gran mayoría del electorado de CA está formado por ciudadanos coalicionistas. ¿Cómo retener su voto cuando CA fue siempre una fuente de conflicto dentro de la coalición? Ejerció el chantaje para aprobar leyes fundamentales. Fue el único partido de la coalición que se tiró por cuenta propia en asuntos que no tenían el consenso de sus socios. Fue también el único partido que se enfrentó al presidente cuando este pidió renuncias con motivos fundados. Y, para colmo, en reiteradas oportunidades acusó a sus socios de querer destruirlo.
Uno de los factores que más pesó en el divorcio entre CA y la mayoría de su electorado fue el fundamentalismo ideológico del que hicieron gala algunos de sus principales dirigentes. Esos dirigentes desplegaron un discurso ideológico conservador anacrónico, que combinó populismo, nacionalismo místico y estatismo obsoleto. Ese discurso determinó el posicionamiento de CA en el Parlamento y la agenda de temas a los que dio prioridad. Sólo una parte de su electorado comulgaba con este discurso; la mayoría son ciudadanos que comparten los valores liberales y republicanos de los partidos fundacionales. Los dirigentes de CA nunca entendieron que estos ciudadanos no los votaron por su ideología.
Todo indica que los dirigentes de CA no comprenden que los factores que explican su fracaso de 2024. Lejos de hacer una autocrítica, los liderados por Manini han preferido acusar a sus socios por ese fracaso. Las declaraciones del propio Manini el 4 de diciembre, en una entrevista en Canal 5 Noticias, ilustran esta actitud: “percibía que dentro de la propia coalición de gobierno había interés en debilitar a Cabildo… que Cabildo no crezca, aunque eso signifique el triunfo del Frente Amplio”. Este tipo de argumento, autocomplaciente y conspirativo, fue utilizado sistemáticamente por CA durante los cinco años de gobierno.
CA se ha convertido en un partido pequeño y dogmático, que prácticamente opera como expresión corporativa del mundo militar. Además, está dando señales claras de alejamiento de la Coalición Republicana. Su destino parece ser el mismo que han tenido otras estrellas fugaces en el firmamento de la política. ¿Llegará con vida a las próximas elecciones?






