Algunas ideas sobre la película Hamnet, las traducciones y el teatro de William Shakespeare
El estreno de Hamnet, película de Chloé Zhao basada en la novela homónima de Maggie O’Farrell, ha generado una serie de comentarios interesantes para discutir sobre las posibilidades de “traducir” lenguajes de diversa índole. Se ha comparado la novela con la película, un clásico, pero también se ha discutido si lo que se narra en la novela es acorde a los hechos históricos. Como además la película propone de alguna forma que Hamlet, el espectáculo teatral, es una suerte de “sublimación” del dolor de William Shakespeare por la pérdida de su hijo Hamnet, se abre otra discusión Y como en el filme se ven escenas del “estreno” de Hamlet se habilita la discusión sobre la forma en que el cine puede “traducir” la obra teatral. Lo último que se cuela en la película, y también nos atañe, es la traducción del texto teatral en verso blanco isabelino al castellano contemporáneo.
Traducción como hibridación entre territorios imposibles
“Por suerte Hamlet no existe”, decía Gabriel Calderón el año pasado en una charla en el marco del Festival de Artes Híbridas organizado por Ensayo Abierto, “es una suerte porque si existiera -añadía- todos intentaríamos parecernos a él”. De esta forma ilustraba la idea que iba a ser clave en su charla sobre traducción, la de que es una intermediación entre dos imposibles. “Lo que interesa -continuaba- es cómo alguien concreto, que existe, intenta ser alguien que no existe. Ese proceso entre dos territorios imposibles, el personaje y la esencia del actor, es lo que llamamos actuación”.
La reflexión, por supuesto, va mucho más allá del personaje y el actor, y para ilustrarla también apelaba a la “traducción literaria”. Hamlet comienza con una pregunta que formula Bernardo en la oscuridad: “Who’s there? ¿Quién está ahí?” La respuesta de Francisco es: “Nay, answer me. Stand and unfold yourself. Respóndeme, ponte de pie y presentate”. Es como si no dialogaran entre ellos, y allí Calderón recordaba que el inicio “Who is there?” en general se ha traducido al castellano como “¿Quién vive?”, reduciendo las primeras líneas a un intercambio de contraseñas. Pero dadas las características del tablado isabelino, Peter Brook ha propuesto que ese “¿Quién está ahí?” inicial en realidad era un llamado de atención al público del Globe, seguramente disperso en actividades más interesantes que una obra de teatro. Hay toda una discusión sobre el inicio de Hamlet que en la traducción canónica al castellano directamente se pierde. “Frente a la imposibilidad de hacerlo perfecto -remataba Calderón- vamos a hibridar nuestros intereses. Vamos a poner un poco de lo que nos dice Shakespeare y un poco de lo que nos interesa. Es la oportunidad que nos da no poder hacer el original perfecto”.
Sueño de una noche dark de verano
Si aceptamos las ideas anteriores, deja de tener sentido si la historia que cuenta O’Farrell se corresponde exactamente con lo que sucedió a Agnés Hathaway, su esposo William Shakespeare, y sus tres hijos. Más interesante es descubrir los intereses de la autora, y en todo caso la verosimilitud en su “traducción” histórico-literaria. De igual forma, en la película aparecerán los intereses de la directora ante la imposibilidad de que un texto impreso se traduzca en fotogramas por sí mismo. Y de la misma forma, un texto escrito en verso hace cuatro siglos debe contar con el trabajo de un equipo que encontrará en sí mismo y de acuerdo a sus intereses, su momento y su lugar, la forma de darle vida en un escenario. Eso pasa en Montevideo, y en cualquier lugar en donde el propio texto deba ser traducido a otro idioma, pero también pasa en la Londres del siglo XXI.
Gracias a la intermediación de Sean Holmes, director artístico asociado al Shakespeare’s Globe de Londres que el año pasado estuvo en Montevideo, y de su amigo Anthony Fletcher, en enero pudimos ver en el Globe una versión de Sueño de una noche de verano dirigida por Race Roughan y Naeem Hayat. Hablamos de un espacio que reproduce fielmente la sala teatral en donde se estrenaban las obras de Shakespeare ubicada a doscientos metros de donde se encontraba la sala original.
Desde el comienzo del Sueño de Roughan y Hayat vimos una puesta en la que Puck aparece con un tono bastante siniestro, aunque sin perder lo burlón. Debemos añadir aquí que esta puesta no fue en la sala principal del Globe, que es al aire libre, sino en el Sam Wanamaker Playhouse, que se ubica en el mismo complejo y reproduce los teatros cerrados de la época isabelina. Ese espacio, que permite menor despliegue escenográfico, está iluminado solo por velas ubicadas estratégicamente en candelabros que son encendidas y apagadas para generar el diseño de luces. Hayat ha comentado que en general Sueño se suele representar como una comedia cálida, pero el hacerla “en pleno invierno, en un teatro completamente iluminado con velas” permite “sumergirnos en la oscuridad” y que el público piense en la obra de una manera “menos alegre”.
Y si el espacio físico condiciona la puesta, los intereses del equipo contribuyen a darle el tono oscuro. Teniendo en cuenta la interrelación de clases sociales, y sin cambiar el texto aunque reduciendo significativamente la duración del espectáculo, la dirección pensó que Sueño era una buena forma para hablar de la situación política contemporánea y del ascenso del fascismo. Así es que la ambientaron a mediados del siglo XX y los artesanos que hacen la representación teatral final pasan a ser el servicio doméstico de Teseo, quien está preparando su boda. El argumento se mantiene, aunque escucharemos canciones que se intercalan, como Cerdos de la guerra de Black Sabath cantada por Bottom. Y el final modifica el clima totalmente ya que Teseo, en vez de reírse de forma condescendiente de la “representación teatral” que han presentado sus sirvientes, los asesina.
La libertad creativa de la dirección en el mismo Globe para “poner un poco de lo que nos dice Shakespeare y un poco de lo que nos interesa” logró que Shakespeare hablara al público con una cercanía inusitada y nos hizo pensar: si esto se hubiera hecho en Montevideo, ¿cuántos puristas hubieran puesto el grito en el cielo?