El impulso y su freno

Estudiantes privados de libertad denuncian dificultades para terminar sus carreras

El día después, de Adrián Baraldo

En junio se inauguraron en la Unidad Penitenciaria Número 6 un grupo de salones universitarios. Uno de los salones, que fueron recuperados para estudiar en gran medida gracias a la iniciativa de un colectivo organizado de privados de libertad, fue bautizado con el nombre de Adrián Baraldo, ex recluso que estando preso en Punta de Rieles fue un gran animador de la vida cultural de la cárcel. Estando preso en el Penal de Libertad, Baraldo escribió la obra de teatro El día después, que reconstruía el desamparo que vive una persona privada de libertad al salir de la cárcel. Luego, ya en Punta de Rieles, esa obra permitió a varias decenas de privados de libertad organizarse para representarla y salir a mostrar su experiencia por diversos espacios sociales y centros de estudio. Baraldo falleció muy poco después de salir de la cárcel, y un colectivo de presos decidió recordarlo, como decíamos, bautizando una de las aulas inauguradas con su nombre. No es menor el reconocimiento en ese espacio, ya que Baraldo terminó la escuela, hizo el liceo y cursó varios años de las carreras de Educador Social, en el IFES, y de la Licenciatura en Filosofía, en la Facultad de Humanidades, estando preso. Junto con esto la obra volverá a ser representada y podrá girar por espacios sociales y educativos que lo deseen coordinando con el colectivo de privados de libertad que la representan.

Dificultades para terminar los estudios

En contraste con lo anterior, varios presos que han logrado iniciar estudios universitarios estando privados de su libertad, encuentran dificultades para terminarlos. Nelson de María, por ejemplo, es estudiante avanzado de Trabajo Social y solo le quedan cursos presenciales obligatorios para terminar su carrera, además de las prácticas, que obviamente son presenciales. Nelson narra que hasta ahora ha podido avanzar en sus estudios de forma virtual y rindiendo exámenes libres, pero los cursos que debe hacer para terminar son obligatoriamente presenciales, lo que es paradójico: la Universidad habilita el estudio a personas privadas de libertad, pero pone un límite al momento de terminar la carrera. Una solución sería que se le brindaran salidas transitorias, pero las solicitudes enviadas al juzgado (de quinto turno, juez Gerardo Fogliacco) vienen siendo rechazadas sin mayor argumentación.

Nelson nos cuenta que tiene una condena de doce años y al llevar seis años cumplidos ya está en condiciones de tener salidas transitorias, salidas que, por ejemplo, permitieron a Baraldo en su momento avanzar en su carrera. Pero al negárselas en este caso y al no tener la Universidad otros mecanismos previstos su trayectoria estudiantil queda paralizada. Nelson insiste en que las solicitudes han sido hechas con informes elaboradas por la Facultad sobre el avance de carrera del estudiante y también con informes favorables de los operadores carcelarios, pero los resultados son nulos.  Además, las trabas burocráticas parecen kafkianas. La última transitoria solicitada fue negada el 9 de mayo, pero había sido solicitada el 7 de febrero. Aunque el resultado hubiera sido positivo, el mayo el semestre ya iba por la mitad, y hubiera sido imposible cursar de todas formas. Pero además, como una nueva solicitud recién puede presentarse noventa días después de negada la última, recién en agosto podrá ser solicitada, ya iniciado el nuevo semestre. Y así viene transitando el año, sin que el sistema tenga en cuenta la particularidad de la transitoria educativa.

Edgardo Escobar es estudiante avanzado en la licenciatura de Psicología en privación de libertad, también recluido en la Unidad 6. Empezó la carrera en 2016 y según nos cuenta “actualmente estoy realizando materias obligatorias de tercer y cuarto año. Al estar en condiciones de comenzar con las practicas de Formación Integral y de Graduación, me encuentro con el obstáculo de no poder realizarlas por dos motivos claros. Primero, que el juez de mi causa me niega las salidas transitorias, y segundo, la facultad de Psicología no tiene un protocolo para poder realizar estas practicas. Entiendo que para la UDELAR es un tema nuevo y aun no se han encontrado los mecanismos para poder culminar la carrera en este contexto. Pero me preocupa la decisión poco acertada del juez de mi causa, ya que ni siquiera tuve la oportunidad de estar cara a cara con el para plantearle este tema especifico. Como otros estudiantes, espero que se le encuentre una solución a este tema, ya que es vital para nuestra inserción social”.

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