Si miramos el entorno regional y mundial vemos que en muchos
países las instituciones democráticas se ven debilitadas por acción
u omisión de los dirigentes de los partidos políticos gobernantes.
Vemos los bandazos de un extremo al otro del espectro ideológico,
siendo que en la mayoría de los casos se vota contra el gobierno.
Sobran ejemplos en los países vecinos: Cristina, Macri y Alberto
Fernández; Dilma, Bolsonaro y Lula; Bachellet, Piñera, Boric y Kast.
La primera reacción de los ciudadanos frente a la corrupción, la
falta de soluciones o los privilegios es volcarse al polo contrario.
Y peor es cuando eligen a outsiders o antisistema como Trump,
Bukele, Milei o ahora al colombiano ultraderechista De la Espriella.
Nosotros seguimos teniendo una democracia basada en partidos
que han tenido la capacidad de mantenerse en el tiempo y que han
logrado incluir a las figuras emergentes que han ido apareciendo.
No corresponde dormirse en los laureles y algunos hechos que
ocurren nos hacen prender luces de alarma y estar muy alerta.
El evento de la famosa camioneta pone sobre la mesa varios temas.
Más allá de los errores de comunicación presidencial, poco clara y
tardía, se armó un tsunami en un vasito de grapa a pura manija.
Entre X men de pacotilla, francotiradores políticos de poca monta,
analistas de streaming y colegas ansiosos de primicias, se armó flor
de cocoa asimilable a otros casos ocurridos en el gobierno anterior.
Lo complicado de la situación es que a la gente le puede generar
rechazo a la actividad política, y enseguida surgen los que
proclaman que hay una casta privilegiada y que son todos iguales.
Una cosa es ser oposición y otra atentar contra la institucionalidad.
Seamos claros, las dirigencias partidarias no entraron en ese juego
y referentes partidarios de peso como Bordaberry o Alberto Volonté
marcaron lo trivial del hecho frente a los problemas que tiene el país
Tampoco escuchamos a los expresidentes socavar al gobierno.
La institucionalidad y el interés nacional están por encima de todo.
Alfredo García
El interés nacional
Si miramos el entorno regional y mundial vemos que en muchos
países las instituciones democráticas se ven debilitadas por acción
u omisión de los dirigentes de los partidos políticos gobernantes.
Vemos los bandazos de un extremo al otro del espectro ideológico,
siendo que en la mayoría de los casos se vota contra el gobierno.
Sobran ejemplos en los países vecinos: Cristina, Macri y Alberto
Fernández; Dilma, Bolsonaro y Lula; Bachellet, Piñera, Boric y Kast.
La primera reacción de los ciudadanos frente a la corrupción, la
falta de soluciones o los privilegios es volcarse al polo contrario.
Y peor es cuando eligen a outsiders o antisistema como Trump,
Bukele, Milei o ahora al colombiano ultraderechista De la Espriella.
Nosotros seguimos teniendo una democracia basada en partidos
que han tenido la capacidad de mantenerse en el tiempo y que han
logrado incluir a las figuras emergentes que han ido apareciendo.
No corresponde dormirse en los laureles y algunos hechos que
ocurren nos hacen prender luces de alarma y estar muy alerta.
El evento de la famosa camioneta pone sobre la mesa varios temas.
Más allá de los errores de comunicación presidencial, poco clara y
tardía, se armó un tsunami en un vasito de grapa a pura manija.
Entre X men de pacotilla, francotiradores políticos de poca monta,
analistas de streaming y colegas ansiosos de primicias, se armó flor
de cocoa asimilable a otros casos ocurridos en el gobierno anterior.
Lo complicado de la situación es que a la gente le puede generar
rechazo a la actividad política, y enseguida surgen los que
proclaman que hay una casta privilegiada y que son todos iguales.
Una cosa es ser oposición y otra atentar contra la institucionalidad.
Seamos claros, las dirigencias partidarias no entraron en ese juego
y referentes partidarios de peso como Bordaberry o Alberto Volonté
marcaron lo trivial del hecho frente a los problemas que tiene el país
Tampoco escuchamos a los expresidentes socavar al gobierno.
La institucionalidad y el interés nacional están por encima de todo.
Alfredo García