Una lectura directa de la numeralia que ofrece Bolivia nos dice que el balotaje se dirimirá entre dos fuerzas de la derecha: la del considerado centrista exgobernador de Tarija, Rodrigo Paz Zamora, y el ultraconservador cochambambino Jorge Quiroga. De acuerdo con un exvicepresidente, del Movimiento Al Socialismo, MAS, -Álvaro García Linera- se trata de la cancelación del ciclo de reformas sociales iniciado este siglo y que ha “colapsado” de forma estrepitosa.
Refiere el político y académico, con lo cual estoy sustancialmente de acuerdo: “Los grandes procesos históricos en el mundo siempre tienen un momento de emergencia, de epifanía social expansiva, su
estabilización y su declive. Nada es perpetuo en el mundo. Pero hay maneras de gestionar el declive: puedes rutinizar y establecer como una estabilidad gestionada de derechos y de avances. No lo logramos y eso fue puro error nuestro. Soy un convencido de que los progresismos y las izquierdas pierden por sus errores, no por la fuerza de las derechas, ni por los trolls de las redes. Se pierde porque se cometen errores
desde el progresismo”.
En este caso, García Linera alude a que existen casos de filas de más de 24 horas para llenar un tanque de gasolina, y que los productos de primera necesidad se incrementaron -fruto de un inflación incontenida- el 100%.
Pronostica, asimismo: “Lo que pasa es que cuando tú afectas el bolsillo de la gente, esto te licúa lealtades, te licúa acuerdos. La reacción que viene es muy fea, van a sacar a los indígenas del poder. El ajuste es el ajuste del cinturón de la gente humilde, los ricos nunca se ajustan. Devaluación de la moneda, inflación, disparada del precio de los productos, retiro de los trabajadores de puestos laborales, pérdida de derechos sociales, pérdida de bonos, solamente subir la gasolina al precio del mercado internacional significa que una familia humilde con dos hijos, que gasta una tercera parte de su salario para el transporte va a tener que triplicar ese número porque ahorita el precio de la gasolina es 3,60 bolívares a un dólar son 14 pesos.”
Otros sectores señalan que el periodo 2024-2027 en América Latina puede ser llamado como cuatrienio electoral en el cual
va a quedar formalizado el panorama político regional hasta el inicio de la próxima década. Once países van a celebrar o celebraron elecciones presidenciales que, unido con los procesos vividos del año anterior, acabarán por establecer la forma cómo transite la región el siguiente tiempo hacia la mitad del siglo XXI.
También se apunta como parte del viraje a la derecha, las luchas intestinas del MAS por la conducción, donde aparece lo peor
de los egos de Evo y Arce. El liderazgo carismático se obstina por mantenerse como el único candidato, el presidente puesto
por él y apoyado por él en 2020, le hizo ganar las elecciones, cree que puede sustituir al líder carismático y que la mejor manera
de deshacerse de él es proscribiéndolo. Y el líder carismático, Evo, en represalia a ese marginamiento le hace una guerra
económica a Arce que profundiza más aún la debacle, obstruyendo los créditos que le permitían conseguir dólares para traer
gasolina o diésel del extranjero, bloqueándole la carretera más de 30 días. El líder carismático, el líder, el caudillo, no está en su
mejor momento, es un caudillo ya en su fase crepuscular.
Sin observar o quedarse estancados únicamente en Bolivia, analistas y agencias sostienen -y hay caso con sobradas razones- que los comicios de 2025 van a dar un pantallazo del momento político-institucional que vive la región. La coyuntura, como el resto
del mundo, está signada por la polarización (“mileismo” vs “antimileismo”, “correísmo” vs “anticorreísmo” o “evismo” vs “antievismo”, por ejemplos). Un momento de heterogeneidad: las situaciones locales -sin duda influidas por procesos globales y regionales- tienen sus particulares desarrollos lo que hace que en unos lugares el oficialismo de ultraderecha aparezca favorito (Argentina), en otros lo sea la oposición de centro-derecha (Chile) y en otros triunfe la centro-izquierda (Uruguay).
De cara al ganador del balotaje de octubre en Bolivia y a su Presidencia, al tratarse ambos de procedencias derechistas, digo que sería muy difícil que puedan anularse las reformas del estado plurinacional, como su Constitución; sin embargo, podría ocurrir que a través de comisiones legislativas y proyectos, se anularán logros sociales de cuando el MAS era hegemónico. Las fuerzas de derecha no tendrán ningún impedimento para formar quórum en la Asamblea, dados los datos de la integración Legislativa que les otorgan el 85% de los lugares, eventualmente contra uno, quizá, de la izquierda (antes 75). El historiador y periodista chileno Javier Larraín vive hace 11 años en La Paz y sobre de lo que pasó sintetiza: “el vaciamiento político e ideológico, más el irrefrenable choque de vanidades y el divisionismo que se fue profundizando en la última década nos condujeron hasta acá: a una derrota que confirma el hastío de la inmensa mayoría de la población con el Proceso de Cambio y la total ausencia de una alternativa desde las izquierdas. El futuro de Bolivia no parece ser nada promisorio a corto plazo, aun cuando haya quienes dancen y se embriaguen por unos cuantos votos nulos por aquí y otros cuantos votos blancos por allá. ¡La Historia no los absolverá!”
Dígase que entiendo que el MAS (partido-movimiento) no es todo el instrumento del cambio que pretenden las grandes mayorías en Bolivia, sino la expresión inacabada de los deseos fundamentales de las grandes masas sumergidas -en particular de amplios sectores de descendientes de indígenas, quechuas y aimaras; el no cumplimiento por el progresismo de izquierda de sus promesas de progreso no subsume la exigencia de cambios de todo el movimiento. La aritmética, esquiva o inductora a veces de gruesos errores, concurre en mi auxilio y dice que 30,76% de los votantes lo hizo por el voto nulo a algún candidato emergido del MAS. Esto no lo reivindica, pero tampoco lo borra de la cancha.





