El monstruo como motor de la creación

El 2025 tuvo como uno de sus hitos relevantes a nivel cultural el regreso de Mariana Percovich como hacedora y pensadora teatral. Y volvió pisando fuerte, con el estreno del espectáculo Fiesta Patria, que indaga sobre la forma en que nos vinculamos con la categoría “patria”, y con la publicación de Amar a tu monstruo, libro que repasa “las pedagogías fundantes de la enseñanza de la actuación en Uruguay”. No parece aventurado entender espectáculo y publicación como dos facetas de un mismo movimiento reflexivo, movimiento que a su vez se articula a partir de algunos pares de opuestos que nos constituyen como espacio social y cultural concreto.

Civilización vs Barbarie escénicas

Por un lado la contradicción “civilización-barbarie” es puesta en primer plano desde varios ángulos. Fiesta Patria discute explícitamente con el mito del Uruguay homogéneo desde el punto de vista étnico-lingüístico-cultural poniendo sobre el escenario un elenco integrado por la muchas veces ignorada, en el medio teatral, población afro-uruguaya (incluyendo nuevas generaciones de inmigrantes). Por otro lado se “representa” el genocidio cultural perpetrado contra poblaciones originarias como la charrúa. Quienes hayan visto el espectáculo encontrarán otras manifestaciones del desvelamiento de ese “mito” que en realidad ocultó (¿oculta?) la pluralidad “bárbara” de nuestra población tras el mandato “civilizatorio”. Lo más novedoso, sin embargo, es la forma en que se ilustra la construcción del mito, y por ende el intento de ocultar nuestro trasfondo bárbaro, en el ámbito específicamente teatral.

Un momento clave de la enseñanza de la actuación en Uruguay es la creación de la EMAD en 1949, bajo la dirección de la catalana Margarita Xirgu. Pero la escuela no se funda en el vacío, más allá de lo que pensaba la propia Xirgu. Si a fines de los cuarenta ya existía un importante movimiento teatral independiente en nuestra ciudad, lo cierto es que varios historiadores coinciden en que el teatro rioplatense tiene su alumbramiento cuando en 1886 José Podestá compuso su mimodrama Juan Moreira. Como ha señalado Juan Carlos Legido, Podestá no podía imaginar que “él mismo sería el patriarca de una escuela de actores nacionales al formar, a través de aquel humilde texto, la tradición escénica del Plata”[1].

Percovich recoge ese momento, y luego recuerda el complejo vínculo que tuvo Florencio Sánchez con los Podestá, responsables de las puestas en escena de sus textos. Sánchez se ubica a sí mismo del lado “civilizatorio” y desprecia las formas de actuación desarrolladas por los Podestá en el picadero del circo criollo. En Amar a tu monstruo Percovich se lamenta del aterrizaje de las formas plebeyas en espacios urbanos como las salas teatrales en tanto “podrían haber evolucionado en teatralidades propias, nuevas, menos centradas en el repertorio, más corporales o híbridas, y no ser visto como un problema o como una malformación”[2]

La tensión entre un “deber ser” impuesto desde una teatralidad “culta” europea y un ser “plebeyo” permanece, por ejemplo, cuando desde el área “culta” se intenta (in)comprender el arte escénico carnavalero. De alguna forma Sánchez, a pesar de sus posiciones “progresistas”, contribuye al proyecto “civilizatorio” europeo ocultando nuestra particular “monstruosidad”.

Conservatorio vs Creatorio

Desde el comienzo de Amar a tu monstruo Percovich propone dos grandes paradigmas de formación en actuación, uno vinculado a la transmisión y conservación de un saber técnico a través de “marcajes” que se cristaliza en los modelos de “conservatorios”, y otro en los que la personalidad del artista lejos de ser “disciplinada” debe ser alentada para que el “monstruo” interno logre plasmar su personalidad. Estos paradigmas pedagógicos tienen que ver también con formas de concebir el rol de la dirección teatral: si para el primer modelo la dirección tiene que “traducir” lo que el autor plasmó en el texto al escenario (que significa una sola cosa en cualquier contexto histórico o cultural), para el otro la dirección debe generar las condiciones para que el actor o la actriz, desde sus singularidades, creen el espectáculo.

Percovich analiza algunas de las prácticas pedagógicas de Xirgu que han permanecido como paradigmáticas desde la creación de la EMAD y que han trascendido ese ámbito institucional a toda la escena montevideana. Esas prácticas están vinculadas al paradigma de conservatorio, y se ilustran claramente con la búsqueda del “buen decir”, un buen decir que persigue y anula los matices locales por, y esto lo decimos nosotros, “bárbaros”. No es extraño que Antonin Artaud, uno de los referentes del modelo “creatorio”, se espantara ante una representación de Medea, de Séneca, a cargo de la compañía de Xirgu. Dice Artaud: “Margarita Xirgu carece de fuego y está fuera de lugar (…) En esta tragedia era necesario hacer saltar monstruos (…) monstruos de la imaginación primitiva, vistos a través del espíritu primitivo”[3].

Las palabras de Artaud son de 1936, y la alusión a los “monstruos” conecta directamente con el título del libro de Percovich, quien lo toma de referencias a la práctica pedagógica de María Azambuya, quien trabaja en la EMAD desde fines del siglo XX. Azambuya representa el paradigma del “creatorio”, que alienta la aparición del “bicho interno” de sus estudiantes, a diferencia de una Xirgu que entendía que el actor o la actriz debían mantenerse alerta respecto al “pequeño monstruo que llevamos dentro, y que siempre está al acecho”[4]

En Amar a tu monstruo Percovich se nutre de testimonios y documentación que remiten a como desde la EMAD se ha impuesto un paradigma de actuación (que conlleva uno de dirección) que ha sido desafiado con dificultades fundamentalmente en las últimas décadas del siglo XX y lo que va del XXI. En esa tensión entre “conservatorio” y “creatorio” también late el “miedo” que la “civilización” siente ante el “monstruo” bárbaro. Es una tensión que tiene que ver con nuestros orígenes como nación, y que la lectura de Amar a tu monstruo permite calibrar desde ángulos totalmente novedosos.

Amar a tu monstruo, de Mariana Percovich. Montevideo, UDELAR, 2025.


[1]     Legido, Juan Carlos: El teatro uruguayo. Montevideo, Ediciones Tauro, 1968, pág. 10

[2]     Percovich, Mariana: Amar a tu monstruo. Montevideo, UDELAR, 2024, pág. 68

[3]     Artaud, Antonin: Una Medea sin fuego, en García Barrientos, José Luis: Cómo se comenta una obra de teatro. La Habana, Alarcos, 2015, pág. 440

[4]     Percovich, Op cit, pág. 85-86.

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