El Partido Nacional y la Justicia Social por Oscar Licandro

Hace unas semanas atrás, el intendente nacionalista de Paysandú, Nicolás Olivera, fue el protagonista de la habitual entrevista central de Voces.  En respuesta a la pregunta, acerca de si el Partido Nacional se está renovando, Olivera señaló que la renovación no es solo un asunto de personas, sino también de ideas. En ese contexto, afirmó que el PN ha hecho siempre mucho hincapié en el tema de la libertad, pero que “hay que poner en valor también otros principios que tienen que ver con la justicia social, la equidad, la igualdad de oportunidades”. En su opinión, en este asunto el partido tiene una “pata renga”. Olivera fue aún más allá, y afirmó que la justicia social es un asunto que tuvo poca presencia en el gobierno del PN liderado por Lacalle Pou: “Faltaron más ideas. Esa visión de incorporar el tema de la justicia social, de la igualdad… Así que eso hubiera estado bueno que tenga más presencia en el gobierno.”

En síntesis, Olivera sostuvo que el tema de la justicia social no tiene la relevancia que debería tener en el discurso del PN, y que tampoco tuvo la presencia que debió haber tenido en la gestión del gobierno de la coalición liderada por su partido. Comparto la primera afirmación, pero estoy en desacuerdo con la segunda.

Si se revisa el discurso de los dirigentes del PN en los últimos años, y el contenido de los dos últimos programas de gobierno propuestos a la ciudadanía (2019 y 2024), nos vamos a encontrar con que la expresión “justicia social” escasea. En particular, esta expresión casi no formó parte del glosario utilizado en los discursos de Lacalle Pou y Álvaro Delgado en sus respectivas campañas hacia la presidencia. Además, no se la menciona ni una sola vez en sus respectivos programas de gobierno. Pero, si se lee el contenido de esos programas se puede ver que abundan propuestas claramente relacionadas con la justicia social. El programa de Lacalle Pou se dividió en cinco capítulos, uno de los cuales se tituló “Shock social. La integración como tarea de todos”. Son 42 páginas, con propuestas para los temas de pobreza, primera infancia, jóvenes, adultos mayores, discapacidad, género, grupos vulnerables, salud, vivienda (particularmente, soluciones para el problema de los asentamientos), etc. Si esto es no tener propuestas sobre justicia social, ¿qué es? En el programa del FA de 2019, el término está mencionado en más de 25 oportunidades.

La expresión justicia social tiene una fuerte connotación positiva, tanto desde el punto de vista racional como del emocional. Sin embargo, es un concepto que puede significar diferentes cosas. Para unos, la justicia social se asocia con la supresión de las desigualdades (el FA), mientras que para otros se asocia con la creación de oportunidades (el PN). Pese a que esas diferencias conceptuales impulsan enfoques políticos muy diferentes, a nivel popular se comparte la idea de que una justicia social es algo valioso, deseable y moralmente correcto. Por acción propia, y por omisión histórica de la dirigencia de los partidos fundacionales, la izquierda se ha apropiado de esa expresión. Es su única y exclusiva propietaria. Esa apropiación es tan poderosa, que el FA no necesita rendir cuentas sobre lo que hace para construirla. Se da por sentado que cuando gobierna, se enfoca en ello. Ninguno de sus votantes le cuestiona que sobre este asunto el FA habla mucho, pero hace poco.

Los dirigentes de los partidos fundacionales no son conscientes de que le regalaron al FA la propiedad exclusiva de ese maravilloso concepto. La izquierda siempre los ha acusado de que no se interesan por los problemas de los pobres y que, además, son los gestores de la desigualdad social. Pueblo contra oligarquía, fue lo que gritó la candidata a vicepresidente por el FA en 2019.

Es cierto que durante décadas el tema de la justicia social tuvo poca relevancia en el discurso de los partidos fundacionales, pero todos sabemos que fueron estos partidos los que hicieron posible el Uruguay del siglo XX: una sociedad con alta movilidad social (oportunidad de más justicia social) y una gran clase media. Fueron ellos quienes universalizaron los servicios (educación, salud, etc.) y la infraestructura (agua potable, saneamiento, luz eléctrica, carreteras, etc.) que hicieron de Uruguay una de las sociedades más justas del mundo. Los comedores del Instituto Nacional de Alimentación, las asignaciones familiares, MEVIR y el INAU no los inventó el FA. El Hospital de Clínicas y la gran mayoría de los hospitales públicos existían desde hacía décadas, cuando Tabaré Vázquez inauguró el primer gobierno frentista. ¿Cuántos hospitales importantes construyó el FA? Ni siquiera han sido capaces de modernizar el Hospital de Clínicas, que la izquierda gestiona desde hace décadas. ¿Qué pasó con la calidad de la educación durante su gestión? Al terminar los 15 años de gobierno del FA, la justicia social en Uruguay no era muy diferente a la que habían construido los partidos fundacionales. Esa justicia social que construyeron sin hacer alaracas.

Es cierto que al final del siglo XX los partidos fundacionales tuvieron dificultades para gestionar eficientemente factores emergentes de desigualdad, derivados fundamentalmente de cambios en la economía mundial y en los sistemas de producción. Es también cierto que el FA mejoró muchas cosas cuando llegó al gobierno (por ejemplo, el sistema de salud) y creó otras (por ejemplo, el MIDES). Pero, el FA entregó el gobierno en 2020 con cientos de miles de uruguayos viviendo en asentamientos; muchos más de lo que había cuando asumió en 2005. Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago. Y también es cierto que los partidos fundacionales aprendieron de sus errores.

Es tan fuerte ese monopolio cultural frentista del término justicia social, que hasta los propios dirigentes de los partidos fundacionales se lo han creído. Es tan fuerte que hasta el intendente de Paysandú cree que la justicia social estuvo poco presente en el último gobierno de su partido. Pero todo está ahí. ¡Bien a la vista! Alcanza con ver todo lo que se hizo en el MIDES, donde se ampliaron servicios, se introdujeron nuevos servicios y, fundamentalmente, se mejoró la gestión. ¿No es justicia social el centro de servicios que construyó el MIDES en Casavalle? Alcanza con ver el gran esfuerzo que se hizo para poner en marcha una profunda reforma educativa con fuertes objetivos de justicia social. Alcanza con ver las grandes inversiones en la salud pública. ¿Qué fue el Hospital del Cerro sino una inversión en justicia social? Alcanza con ver las inversiones en saneamiento que llevaron justicia social a quienes carecían de ese servicio esencial. ¿No son justicia social los puentes que dieron mayor accesibilidad a vecinos de las áreas rurales? ¿Qué es el realojamiento del barrio Kennedy en Maldonado? ¿Tengo que seguir con la lista?

Es hora de que los dirigentes del PN se den cuenta que la justicia social está en la agenda del partido. Es hora de que se quiten ese complejo de inferioridad que los llevó a hablar de “sensibilidad social”, en lugar de dar la batalla filosófica y política por el concepto de justicia social. Es hora de que valoren lo que hicieron para construir justicia social cada vez que fueron gobierno.

¡A las cuchillas!

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