“Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”. Gabriel Celaya
Nuestro laburo nos brinda oportunidades que son fantásticas.
El poder hablar mano a mano con protagonistas de la historia.
Más allá de las posturas ideológicas son políticos de pura raza.
Y rescato una frase de Lacalle a los jóvenes: “no sean indiferentes”.
Me rechina la nostalgia y el considerar que todo lo anterior era muy
superior a las circunstancias que nos tocan vivir en este momento.
Considero que la raza humana irremediablemente siempre avanza.
Ingenuidad dirán algunos, falacia dirán otros, 100% optimista digo yo.
Ahora bien, el avance se logra con esfuerzo, disciplina y estudio.
Y en nuestro estamento político tenemos un enorme historial de
personajes increíbles que marcaron la historia de nuestro país.
No me refiero a “doctores” o académicos, que los hubo y muchos,
estoy pensando en dirigentes partidarios que dejaron su impronta.
Hoy parece que estamos lejos de aquellos líderes sectoriales que
dedicaron su vida y su energía para ser los mejores militantes.
Muchos llegan al Parlamento o a cargos jerárquicos por el solo hecho
de la permanencia, o en pago de la obsecuencia demostrada.
Estudian poco, leen menos y hablan de todo libres de cuerpo, como
se solía decir en mi barrio: “no saben hacer la O con un vaso”.
Se prenden de cualquier titular y les encantan los micrófonos, para
ellos vale todo, con tal de lograr los añorados quince minutos de fama
Y en ese páramo intelectual afloran figuras que generan esperanza.
A simple modo de ejemplo, quiero citar a tres mujeres jóvenes de tres
partidos diferentes que fortalecen mucho mi optimismo congénito.
Virginia Cáceres, Fernanda Sfeir y Julieta Sierra marcan el rumbo.
“Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos”.
La política, al igual que la poesía es un arma cargada de futuro.
Alfredo García






