El POP en el jardín por Jorge Alastra

PEQUEÑA INTRO

En 1995 Claudio Taddei (1966-2019), tuvo su debut discográfico como solista con “La Iguana en el Jardín” luego de cerrar el ciclo con “Camarón Bombay”, ubicándose como un artista definitivamente “pop”. Hay algunos comentarios al respecto. La capacidad artística y, sobre todo vocal de Taddei, está fuera de discusión. Se encuentra entre los mejores cantantes de un listado acotado: Rubén Rada, Rubén Melogno o Tabaré Etcheverry, por ejemplo. Pero hablemos de mercado. En el momento histórico de la publicación de LIEEJ, sonaba a todo trapo la música pop que llegaba desde Argentina, desde Fito Páez a Soda Stéreo. Y ese sonido fue el que se buscó, un poco para jugar el juego (Mientras por el lado anglosajón, la irrupción de una banda como Red Hot Chili Peppers cuya influencia se filtró por los intersticios de la producción). Quizá por esto – y otros elementos- es que resultó ser distinto a todo lo hecho en materia de pop-rock en Uruguay; un medio cerrado –casi invariablemente– a propuestas uruguayas con este perfil.


EL ÁLBUM


“Colmillos” (Siempre hay más) es un blues directo que parece escapado de “Ciudad de pobres corazones”, cosa que no se disimula en ningún aspecto. La afectación vocal queda relegada cuando nos encontramos frente a un prodigioso registro vocal que gana en los imponentes graves, aquí haciendo dúo con Rossana Taddei. En el segundo track aparece “Estoy contento, nena”. Es como decir: hagamos un hit. Por supuesto que no es fácil hacerlo y el resultado está a la vista (o al oído). Rubén Rada fue el invitado especial. Un funk contagioso, bailable, pleno de swing y de vitalidad. El texto es un pretexto, una convención, ya que lo central era lo rítmico y las distintas variantes de canto (con mucho de atmósfera Bee Gees en las voces adicionales en falsete).“Pepe” Canedo (batería) y Alejandro Moya (bajo) trabajaron una base a pruebas de balas, junto a la línea de brasses conducidos por Martin Luzardo: Andrea Viera y Álvaro Armesto (saxos), Gabriel Santos (trompeta) y Roberto Cardozo (trombón En “Ya no te entiendo” es clara la influencia de los Red, Hot, Chili, Peppers. Taddei no se sonrojaba al hacer baladas rock-pop clisé. Quizá fue un adelantado; pues hoy es precisamente lo que se está haciendo. En el año de aparición de LIEEJ, la música más progresista uruguaya echaba mano a armonías más complejas, una especie de escapatoria a los lugares comunes y recetarios impuestos. Y es como si este álbum se hubiera anticipado en el tiempo; y si se publicara hoy sería una aplanadora. Aplanadora. Eso es “Minimal”, con mucho de Prince (otra referencia del disco ) y una excelente performance grupal. “Creo que está todo dicho” es como una influencia dentro de otra. El álbum de Páez, “El amor después de amor” estaba en el aire (y en las salas de ensayo) en ese entonces. Y siento que las exploraciones de la producción del rosarino (tomando “prestado” material del pop mainstream) se introdujeron aquí. Por esto, uno al escuchar la canción de Taddei “no puede dejar de pensar” en el clima de la impactante “Balada de Donna Helena”.
En “Solo porque sí (Gitana)”, casi todo remite a Charly García, con un registro de la banda que se coloca a la altura, no como fotocopia, sino como un afluente del río garciano, buscado, razonado.
La versión de “Why did you do it?” (canción del británico Kirby Gregory, de la banda Stretch) fue en su momento la carta que vendió el álbum. Un excelente revisión y donde se apeló de nuevo a la voz de Rada, uno de los pocos intérpretes que podían darle la dimensión “soul” que requería la cosa. Aquí, CT deja en claro la extensión de su rango vocal, cantando en dos octavas sin despeinarse.
En “La Iguana en el jardín” la arreglística está decididamente parada en los RHCHP. Y otra vez, el registro de graves del artista nos deslumbra, en una composición más sombría y cadenciosa; como si alguien estuviera recordando a medida que camina por un jardín: con iguana o sin ella. “Tu amor no tuvo fin/ al menos para mí/ o es que no me di cuenta/ que siempre es así/ la iguana en el jardín me sigue dando vueltas…”. Prosiguiendo el sonido RHCHP, la balada “Muy bien, Good Bye”, viaja a la infancia y al paraíso perdido: “Tuve un lugar lleno de camarones/ con una hermana, chocolates y hermosas sensaciones/ La guitarra sin distorsión/ el más bello regalo que dieron a mi corazón”.
“No hay más (Espartaco)” es funk descarnado, y aquí las guitarras (el propio Taddei, más “Palito” Elizalde y Gerardo Álvarez) ganan el partido creando la trama que construye la dinámica y el color armónico. “Puta madre, el tiempo no te da más tiempo”, afirmaba un joven enérgico en la búsqueda de un lugar en el indescifrable mercado de la música uruguaya. Cierra el trabajo una balada introspectiva y densa: “Otra vez mi Sur (Robocop). “Al menos hoy dejen dormir/ no quiero más pastillas/ ni hemisferios mentidos/ de esas cosas que ya ni sé si son tan mías”. Su voz suena creíble, honesta, dejándose llevar por la cadencia de la música. Así el alma del artista queda desnudada. Quizá la pieza más potente y contundente de este disco. Es Claudio Taddei sin red, sin máscara; lejos, muy lejos de las exigencias del mercado.

Ilustración/ Collage: Oscar Larroca

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