“Yo no me acuerdo de nada. Si se acuerdan ustedes, el problema es de ustedes” (Nikolas Klaus Barbie, criminal de guerra nazi)
El epígrafe con que empezamos esta reseña está tomado del libro “Cuando el pasado deja de ser reciente”, que recoge artículos de prensa de Rubén Olivera. Barbie fue un oficial nazi fugado y extraditado desde Bolivia a Francia en 1983; y la frase pertenece a su testimonio durante el juicio. Además es una frase que describe con particular precisión la conducta de uno de los personajes de Margaritas en el mar, el espectáculo de Sergio Luján, sobre texto de Rossana Mutarelli, que se estrenó la semana pasada en la sala Zavala Muniz del Teatro Solís.
“¡Cuidado! Estás coqueteando con la memoria -le dice el Payaso al Aviador en Margaritas en el mar- ¡Cuidado! No sea cosa que de pronto lo recuerdes todo”. Pero el miedo es infundado, el silencio es el guardián de estos asesinos. “El tiempo, finalmente nos salvará -se escucha al final de la obra -Nos hundimos. Todo se hunde. Sólo queda el silencio. ¡El nuestro será para siempre el reino del silencio!” . Lo trágico, quizá, es que esta confesión final no proviene de los asesinos “materiales”, sino de “los dueños” del circo en que hemos visto moverse a los dos personajes.
La obra transcurre en un espacio circular, a modo de picadero de un circo. La tierra es protagonista, junto al Payaso y al Aviador que veremos llegar con un uniforme gastado y unas gafas características. El Aviador parece tener problemas de memoria, puede recordar modelos de avión, pero no rostros. Inevitablemente nos acordamos de los personajes de Ainara de Guernica que sobrevivieron al bombardeo. En aquella obra de Sandra Massera una de las sobrevivientes tenía el recuerdo opuesto: “Le vi la cara, tenía gafas. Volaba muy bajo. Tenía gafas” gritaba, entre angustiada y sorprendida de que fuera una criatura humana quien bajaba desde el aire para destruir su pueblo.
En Margaritas en el mar se produce un cruce de signos que remiten a los protagonistas del Plan Cóndor. El espacio circular no permite “huir” y la memoria parece volver siempre sobre el mismo punto. El circo es decadente, y parece corroído por la persistencia en aparecer de aquello que se pretendió enterrar para olvidar. Los represores aparecen como residuos humanos de la maquinaria represiva, algo así como el Juan Represión de Sui Generis que se retrataba en los versos: “Ahora juega a los ladrones/ Junto con Batman y Robin/ En un asilo de ancianos/ Con payasos y gusanos”.
El problema es que la negación de los crímenes de la dictadura ha ganado protagonismo durante los últimos años, y de hecho se convierte en una de las razones por las que Luján ha montado este espectáculo. Según cuenta a Voces, luego de la pandemia se sintió: “Movilizado/alarmado por la avanzada de la extrema derecha en todo el mundo” lo que le hizo poner atención en los protagonistas de esa extrema derecha envalentonada “y en la relación con los procesos históricos que nos hacían a nosotros como pueblos volver a recorrer esos mismos terribles caminos”. Margaritas en el mar es el cuarto de una serie de espectáculos en que el director viene trabajando estas temáticas, luego de Ushuaia (de Alberto Conejero, en 2023), Madre Coraje (de Bertolt Brecht, en 2024) y de El ángel de la culpa (de Marco Antonio de la Parra, en 2025). En esta última el director señala que “fue el asesinato de Plef, a partir de un miedo ‘aprendido’ por nuestras sociedades, un motor para exponer la interioridad oscura de estos personajes”. Con el último espectáculo de este ciclo el director sitúa a sus criaturas “frente a la posibilidad de una justicia metafórica: el Aro de Fuego de Margaritas en el mar”.
El interés, aclara Luján, no es “cerrar la historia”, sino intentar entenderla. “No para hacer catarsis aristotélica y llorar a gritos por lo que perdimos, por lo que nos arrebataron, y volver más tranquilos a casa. Sino, como en Brecht, para despertar nuestra reacción y abandonar nuestros roles de pasivos espectadores y salir a tomar las calles, indignados de escuchar decir muy seguro a los asesinos que el de ellos ‘será para siempre el reino del silencio’”.
La potencia del espectáculo trasciende lo programático. Luján reúne a un elenco que no desconoce los abordajes temáticos de esta propuesta. Marcel Sawchik viene de escribir y protagonizar Diciembre, y hace trece años había compartido elenco con Fernando Amaral en El cordero y el mar, espectáculo de Sawchik con dirección de Adriana Ardoguein en la que el silencio y la impunidad eran protagonistas sin ser el pasado reciente un referente claro. Sawchik además viene de la Escuela de Acción Teatral Alambique, en donde el trabajo corporal, tan protagonista en Margaritas en el mar, era estructurante de la poética actoral. De Alambique también proviene Noelia Campo, quien en este espectáculo ejerce diversos roles, desde la trapecista (y vaya si cuerpos “volando” tienen que ver con las historias detrás de esta obra), hasta la joven secuestrada que habitará uno de los “vuelos de la muerte” con una hija en su vientre. Hasta Berta Pereira y Pollo Píriz, músicos que ya habían trabajado con Luján, calzan a la perfección con esta propuesta en donde la tragedia se cuenta en clave de farsa circense.
Cada elemento del diseño aporta sentidos a la puesta, el vestuario de los músicos, por ejemplo, parece ilustrar el exterminio que los ejércitos que parieron nuestros países ejercieron contra las poblaciones originarias. Pero los grandes protagonistas del espectáculo son Sawchik y Amaral, encarnando al Aviador y al Payaso respectivamente. Si el trabajo corporal de Sawchik parece esconder por momentos al actor que conocemos hace años detrás de una contorsión casi expresionista, el trabajo de Amaral es superlativo. Su Payaso es la encarnación de lo siniestro. La modulación de su tono de voz desde agudos payasescos chirriantes hasta tonos graves, como cuando le dice al aviador “porque te conozco bien”, genera un cambio de clima inmediato, que convierte la escena farsesca en un momento amenazante. Parecen ser muchas las capas sobre las que se construye el espectáculo, con referencias al nazismo, a las torturas, a la complicidad civil con el terrorismo. Pero esa trama de sentidos confluye y se desata en la materialidad de los cuerpos y la voz del elenco. Y en ese elenco se destaca un Fernando Amaral que despliega una gran variedad de recursos que permiten tensar y distender la escena en el momento exacto para impactar en la platea. Una de esas actuaciones que invitan al teatro por sí mismas.
Margaritas en el mar. Dramaturgia: Rossana Mutarelli. Versión y dirección: Sergio Luján. En escena: Fernando Amaral, Marcel Sawchik, Noelia Campo, Berta Pereira y Pollo Píriz. Fotografía: Santiago Bouzas.
Funciones: sábados y domingos 20:30. Sala Zavala Muniz del Teatro Solís.