La cantante argentina Adriana Varela contaba con una sólida carrera cuando le sedujo la idea de participar de un álbum dirigido, desde lo artístico, por Jaime Roos. La línea general del proyecto era incluir a importantes creadores rioplatenses, con una mirada estética bien definida. El fin último fue lograr una conjunción musical identitaria; una especie de visita guiada por los barrios culturales de ambas márgenes del Río de la Plata. Dentro de este intrincado puzle, la mano de Jaime se volvió determinante a la hora de organizar una producción que resultaba ambiciosa, y donde se trabajó con un extenso plantel de instrumentistas y cantantes de ambas orillas para cubrir las distintas áreas. Tango, murga (argentina y uruguaya), folclore rural y candombe fue el abanico que se presentó, finalmente, en “Cuando suena el río” de 1999.
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La versión de “Aquello” (J. Roos) choca un poco de entrada, porque tenemos grabada a fuego la original del álbum homónimo de 1980, con la interpretación electrizante de José Carbajal. La inclusión de la murga bonaerense vuelca la canción hacia una especie de euforia tribunera, que saca de eje la esencia de la canción. En cambio, en “Don Carlos” (Raúl Castro/ J. Roos) el arreglo de verdad funciona y hasta se radicaliza, si tomamos como ejemplo la versión aparecida en “Si me voy antes que vos” (1996). En este sentido, la estética se aparta de su arreglo beatle y se sumerge en un sonido murguero tradicional. Sobre una explícita “marcha camión” el coro y la batea nos suenan anacrónicos, como si estuviéramos frente a una murga de La Unión en los años 30.
“Milongón del Guruyú” (Roberto Darvin) es una notable versión donde percibimos tres dimensiones en una, y donde toma verdadero sentido la elección del título para el álbum. La voz particular de Adriana Varela trasunta el suburbio tanguero, haciendo que la fusión -musical y geográfica- sea perfecta. Y entonces se muestran las cartas: candombe, tango y coro murguero, convergiendo y multiplicando virtudes. El texto de Darvin es casi cinematográfico: “Mi ciudad se mete al agua por la escollera Sarandí/ Zumban lances de caña y el aparejo de un chiquilín/ Pinta gente de medio mundo/ De lengue-lengue y de calderín/ De botella en las rocas o encanutada en el maletín”. Si bien, la mayoría de los músicos que aparecen en el álbum son de primer nivel, en la versión de “De Barro” (H. Manzi/ S. Piana) el que sorprende es el extraordinario guitarrista argentino Juanjo Domínguez. Virtuosismo puesto al servicio del texto y de la cantante, remedando el color de una orquesta típica desde la guitarra.
El tango “De la canilla” (R. Castro/J. Roos) puede ser tomado, como tantos tangos escritos por hombres, como un documento machista. Pero el tipo retratado aquí es un perdedor; el de la mayoría dentro de la literatura tanguera (Al menos no conozco un tango que hable de un tipo que triunfó en Wall Street). “Qué te voy a enseñar yo/ Si estoy mucho peor que vos/ Mis recuerdos son añejos/ Buscá de frente al espejo/ En el botiquín del baño/ El frasco del desengaño (…)”. Varela se siente cómoda nadando en este tipo de estética, aunque el texto refiera a un hombre maduro que se canta a sí mismo frente al espejo. La intérprete no se acobarda y dice: “Y la alegría más bonita/ De encontrar la bombachita/ Colgando de la canilla”.
Dentro de los importantes creadores elegidos se encuentra José Carbajal “El Sabalero”. Quizá la cima en cuanto a género “chamarra” del lacazino se encuentra en “Pa’l Abrojal”. Una canción repleta de amor, amistad, y confraternidad entre gente humilde. “(…) Son muchas manos que ya la tocan/ Se hace lenguaje de la amistad/ Trote corto y parejo/ Sobre los tientos/ Se desparrama a los cuatro vientos/ Mas siempre vuelve pa’l abrojal”. Si bien la impronta tanguera en esta canción parece no encajar, hay frescura en la manera en la que está abordada, y el dúo vocal entre los protagonistas del disco tiene su encanto. El calor del candombe llega a pleno en el clásico “Ayer te vi” (R. Rada). El arreglo está parado sobre la versión del autor, aparecida en el álbum “La Rada” de 1981. La performance de Varela no desentona para nada y fluye dándole un color y calidez inesperados. “Ayer te vi/ con los ojos abiertos/ sin poder mirar”.
“Madame Ivonne” es uno de los mejores tangos de la historia. Tanto su texto (Enrique Cadícamo) y su música (Eduardo Pereyra) son excepcionales. La aparición estelar de Leopoldo Federico enaltece la versión en la que la intérprete quita todo resto de melodrama, subrayando la desolación poética de esta joya del repertorio clásico.
Para el cierre se dejó la milonga urbana más importante, quizá, del Río de la Plata. Gastón Ciarlo “Dino” escribió “Milonga de pelo largo” en un difícil momento político de nuestro país. Y ha quedado como una baliza imperecedera en el espacio sonoro de nuestra cultura. Es nuestro himno no institucionalizado, pero que está en la calle y en el corazón del pueblo. La versión tiene drama; Adriana Varela muerde las palabras como si dolieran. Un cierre ideal para un álbum que trató de retratar nuestra comarca musical. Y está claro que se logró.





