La complejidad del mundo otra vez en evidencia. La guerra en Oriente Medio, esa que se buscó con tanto ahínco, con atentados de falsa bandera, masacrando gente en Gaza, bombardeando a los países vecinos, eso que parecía haber quedado medio trunco, ahora se concretó.
¿Es posible saber lo que realmente pasa en la región?
Creo que no. Muy probablemente, los actores aparentes no sean los que mueven las piezas. Alguien quería una guerra abierta que involucrara a Irán. Pero, ¿quién gana realmente con esa guerra? ¿La población de Israel? Bueno, ponerse como blanco de todo misil que ande en la zona es una extraña forma de beneficiarse. ¿La población de los EEUU? Es raro, porque en cada guerra pagan las armas para que las ganancias se las lleven corporaciones que ni nacionalidad tienen. Ya les pasó muchas veces.
¿Quién se beneficia, entonces?
Creo que nos faltan datos. A menudo, las verdaderas causas de las guerras recién se conocen cuando se ven sus resultados. Pero algunas cosas, sean o no decisivas, deberían tomarse en cuenta. Por ejemplo: si se venden armas, hay quien gana. Si el precio del petróleo aumenta, hay quien gana. Si el estrecho de Ormuz se cierra pero pasan los barcos chinos, hay quien gana. Si cae el régimen de Irán y se reestructura el poder en el corazón petrolero del mundo , hay quien gana. Y, curiosamente, si Irán resiste, también hay quien gana.
Más allá de eso, lo que estamos viendo es la proliferación de las guerras como código de relacionamiento internacional. ¿Quién está interesado en eso? Bueno, aquellos que apuestan al caos. Los que están empeñados en “reiniciar” al mundo a su manera. ¿Cuánto miedo, cuánta violencia, cuanta incertidumbre y cuánta miseria está dispuesta a soportar la Humanidad antes de clamar por cualquier clase de orden que les asegure seguir viviendo?
Desde fines de la pandemia, en círculos habitualmente llamados “conspiranoicos” se anunció que vendrían tiempos de guerras, de catástrofes climáticas, de crisis monetarias, de enfermedades raras y hasta noticias de extraterrestres.
Yo mismo escribí hace cinco años artículos sobre esos temas. No porque fuera adivino, sino porque esa información había trascendido. Periodistas internacionales bien vinculados y algún que otro científico se habían “ido de boca” y anunciado lo que vendría. Bastaba estar atento y no quedarse con la información más convencional.
¿Y qué tenemos hoy?
Guerras por todos lados, ciclones, terremotos y “danas”, epidemias de sarampión, varicela, gripe aviar, etc. etc., el dólar colgando de un hilo, el oro y la plata convertidos en refugio caro, y, como frutilla del postre, Barack Obama y Donald Trump hablando de los archivos de la NASA sobre extraterrestres.
No falta nada. Es el inicio del mundo que los círculos “conspiranoicos” vaticinaban hace cinco años.
Lo paradójico es que, quizá mediante una especie de “ventana de Oberton” , los “normales”, los que se burlaban de los sombríos pronósticos conspiranoicos, han naturalizado vivir en un mundo que parece una conspiración de opereta.
Confieso que no sé cómo terminará la nueva guerra que empezó el sábado, ni si se eternizará como la de Ucrania. Lo que diría con bastante seguridad es que los verdaderos ganadores no serán los que se ven en el tablero.
Si uno mira el horizonte inmediato, todo parece eclipsado por la figura de Trump. En Gaza, en Venezuela, en Groenlandia, amenazando a Petro, a España y a Turquía, y ahora de nuevo contra Irán.
Cada vez que pienso en él, recuerdo un pasaje del Tao Te King: “si quieres empequeñecer algo, permítele agrandarse”.
Aunque ahora su figura rubicunda copa el horizonte, es una anécdota temporal en el esquema de los poderes que toman las grandes decisiones mundiales.
Quizá ya haya iniciado su empequeñecimiento. Tal vez esta guerra con Irán, de la que él mismo no parecía para nada convencido, sea el comienzo del proceso. Porque, gustoso o no, quedó convertido en abanderado y responsable principal de un enfrentamiento difícil, muy costoso en dinero, en armas, en vidas y en reputación política.
Si no me equivoco, cada día que se prolongue la guerra reducirá el prestigio de Trump y el peso internacional de los EEUU.
No es una novedad que hay poderosos intereses –dentro incluso de los EEUU- que apuestan a un mundo hegemonizado por una nueva potencia. Posiblemente el hiper agrandamiento de Trump sea el camino más corto para su desgaste y el definitivo achicamiento de los EEUU.
No digo que sea para festejar. Los intereses que apuestan contra él –aunque negocien con él y lo usen- no son precisamente devotos de la Humanidad.



